Antonio Banderas tiene un plan B: "Ahora sí que estoy disfrutando. Este es el proyecto más importante de mi vida. Más que ir a Hollywood, las películas… más que todo"

“Bienvenidos a mi oficina!”. Cuando Antonio Banderas (Málaga, 1960) pisa el escenario del Teatro del Soho CaixaBank, un impulso le lleva a cantar, bailar, actuar… “Cada vez que entro aquí soy feliz”, cuenta con la pasión que le convirtió en nuestra estrella más internacional. “Ahora sí que estoy disfrutando. Este es el proyecto más importante de mi vida. Mucho más que ir a Hollywood, las películas… más que todo”.

En contra del criterio de muchos –“incluida mi familia”–, hace un año hizo realidad su sueño: abrir un teatro en el corazón de su ciudad, Málaga. El público le respaldó. “Vendimos 64.000 entradas en una semana y media. ¡Eso no lo ha hecho nadie en este país!”. Su primer espectáculo, el musical de Broadway A chorus line, estaba siendo un éxito. Pero llegó la pandemia. Siete meses con las puertas cerradas. Trabajando desde casa, Antonio activó su plan B: hacer del Soho una zona libre de Covid. Ni siquiera el coronavirus pudo detenerle. El 25 de agosto, tras 21 días de cuarentena, anunció que había superado la enfermedad. “¿Sabes qué es lo más fuerte? ¡Yo me infecté en una terraza! Sé perfectamente de quién. En cambio, no ha habido un solo contagio en el teatro”.

Mujerhoy: En el monólogo con el que abre el programa, reivindica el papel del arte en la pandemia.

Antonio Banderas. Para no resultar sospechoso, que no me dijeran que hablo “de lo mío”, lo escribí en una tercera persona a la que llamo José, dejando claro que no es un artista. Sin embargo, echa de menos los libros leídos, las películas vistas, la música, los cuadros… Todos somos esenciales, por supuesto. Algunas críticas que he escuchado eran divertidas. “¡Esta gente sí que hace falta y no tanto artista!”; y acto seguido decían que se iban a ver una película.

Antes del infarto, quería tonterías, una casa, un barco… ¿Para qué quiero un barco? ¡Lo que necesito es un teatro!”

El programa plantea el escenario como un lugar para la evasión y la reflexión, pero también un refugio. ¿Cuál ha sido el suyo durante estos meses?

A.B. Ya desde antes de la pandemia lo era este teatro, que nace una noche de enero de 2017, cuando acabo en un hospital en Londres, rodeado de tubos, porque me ha dado un ataque al corazón. Ahí me planteé cuáles eran las cosas esenciales de mi vida y cayeron un montón de prioridades absurdas.

¿Como por ejemplo?

A.B. Sobre todo materiales. Quería comprarme tonterías, una nueva casa, un barco… ¿Para qué quiero yo un barco? ¡Lo que necesito es un teatro! Ahí es donde está mi vida. Tuve una epifanía y me vine directamente a por él. “Ese se está construyendo ya una tumba”. No, es una cuna. Hemos metido aquí a un niño chico, al que cuidaremos para que sea fuerte.

¿Cuántos le aconsejaron que no lo hiciera?

A.B. Muchos. Incluso mi familia. Por suerte han entendido algo que es una perogrullada: nos vamos a morir. En mi caso, más pronto que tarde. Ya tengo 60 años. ¿Tengo que esperar a los 80 para hacer lo que realmente quiero? ¡No te puedes llevar las cosas! La vida es muy corta. Tenía razón tu abuela o tu madre cuando te decía que estamos aquí tres días. Haber visto este teatro lleno noche tras noche en una ciudad como Málaga es increíble. Vamos a empujar para que esto crezca, porque es mucho y muy fuerte lo que tenemos planeado: crear un segundo teatro, una escuela, un plató de televisión…

Eso supone dejar de hacer otras cosas.

A.B. Lo que me permitirá es seleccionar mejor mis trabajos. Me había metido en una vorágine absurda; hacía películas porque tenía que pagar un montón de cosas, la vida se me había complicado mucho. Probablemente este [señala al corazón] me avisó de eso: “Hasta aquí hemos llegado”. Ahora puedo hacer solo una película al año y dedicarle dos meses. En definitiva, ser más selectivo y salir para lo que tengo que salir. Vengo de hacer una película con Penélope [Cruz; Competición oficial, de Mariano Cohn y Gastón Duprat] sensacional, y ya sé que haré otra con estos directores.

MARÍA CASADO. Esto te permite saborear más las cosas.

A.B. ¡Claro! Pasado mañana me llegan actores de nuestro próximo espectáculo, Company. Trabajaré con ellos cinco días, se irán y vendrá otro grupo, así hasta completar a los 25 del reparto, evitando riesgo de contagios. Vamos a ensayar, pero sobre todo explorar, sin la presión de un estreno inminente. Hay caminos distintos que la Covid, en toda su negatividad, ha abierto. Tomémoslos.

En Escena en Blanco y Negro, Antonio también canta y es el protagonista del último programa.

M.C. ¿Te digo la verdad? Nos ha costado muchísimo que aceptara. El amor que siente Antonio por la música es increíble, está presente en su día a día. Hubo que achucharle, pero veía que sería muy bonito…

A.B. Que sería más fácil para las ventas internacionales, decían.

¿No tenía un estudio de grabación en su casa de Los Ángeles?

A.B. Sí, y por allí pasó muchísima gente. Sting, Steve Tyler (Aerosmith), Vicente Amigo, Pasión Vega, Alejandro Sanz. Músicos de rock, la mayoría amigos de Melanie [Griffith], nos pedían grabar baterías y cosas así. Yo tenía ahí mis mesas y equipos de sonido… Esa casa, que se quedó Melanie tras el divorcio como parte del acuerdo, la compró el dueño de Netflix.

Así es cómo las plataformas se hacen con el viejo Hollywood…

A.B. ¡Gracias por llamarme viejo! [Risas] Mírame, 60 años que tengo y estoy mejor que nunca.

Por cierto, ¿completó sus estudios de moda en Central Saint Martins?

A.B. Aprobé, ya sé confeccionar pantalones y chaquetas, y utilizando denim y cuero ya tengo algunas prendas hechas por mí. Lo que pasa es que ahora no tengo tiempo para ponerme a coser. Para lo que me sirve es para que no me digan que algo no se puede hacer en vestuario.

¿Qué aprendizaje ha sido el más sorprendente en esta nueva aventura como empresario teatral?

A.B. Todo lo relacionado con producción y gestión. Ahí está la clave de cualquier éxito o fracaso. Si no sabes lo que es un gerente de orquesta no haces nada, te estrellas. Tenemos la ventaja de ser una compañía privada sin ánimo de lucro. Nos da la oportunidad de hacer proyectos ambiciosos sin tener que recuperar la inversión. Si quisiera ganar dinero no habría metido a 22 músicos en directo en A chorus line, sino que habría llevado la música pregrabada. Puedo permitirme el lujo de meter todo lo que sea necesario.

Y en marzo, desde este mismo escenario, la gala de los Goya, de la que son productores y anfitriones.

A.B. ¡Eso sí que acojona!

M.C. No podemos contar mucho aún… Nos hemos adaptado todos, también la Academia, que ha permitido que también opten películas estrenadas online. Lo curioso es que hay más candidatas que nunca. Llevamos tres meses preparando la gala, que esperamos que sea corta…

A.B. Vamos a intentarlo. Lo que es seguro es que será sobria y elegante. Con mucho peso también para la música, que pretendo que sea toda en directo.

Antonio contagia energía. Más que un trabajo, ha sido un máster de vida”.

maría casado

¿Ya están tirando de agenda?

M.C. ¡Por supuesto! Todo el día llamando y escribiendo.

¿Quién puede decir que no a Antonio Banderas?

A.B. Hombre, sí, alguien hay… La gente tiene una disposición fantástica a colaborar, pero a veces yo pido cosas que son muy difíciles. Las agendas son el gran obstáculo.

María, ¿es fácil seguir el ritmo a Antonio?

A.B. ¡Pero si trabaja ella más que yo!

M.C. Antonio contagia energía. Más que un trabajo, estos seis meses han sido un máster de vida. He aprendido muchísimo de él. Estar dentro de su cabeza debe ser increíble. ¡Siempre tiene mil cosas rondando ahí dentro!

Dadas las restricciones, ¿pasarán la Navidad juntos?

M.C. Desde que estoy aquí, vivo al día. Todo es posible en Málaga. Van a ser unas navidades atípicas, como para todo el mundo, pero yo no me puedo quejar porque está siendo uno de los años de mi vida.

A.B. A pesar de que trabajamos juntos, nos queda cachondeo como para tomar las uvas juntos. Iba a ir a Suiza a esquiar, pero he convencido a mi chica de que es mejor que no vayamos este año. Viajar fuera con la Covid no parece buena idea. Me ha costado, porque me encanta la nieve. No dejé de esquiar ni cuando estaba en Broadway, que te lo impiden por contrato. Yo me iba a la casa que teníamos en Aspen y esquiaba durísimo, como si fuera una competición…

Antonio se concede una pausa y se acaricia la barba. Un par de horas antes ha encontrado el rasurado exacto que llevaba días buscando. “Esta es la barba de Bobby”, indica en referencia al protagonista de Company, el musical de Stephen Sondheim que tiene previsto representar en su teatro el próximo otoño. Luego vendrá En la pista, una comedia para la que convertirá el teatro en una ladera nevada por la que bajan actores esquiando “hasta desde los palcos”. Le pregunto cuántas obras más tiene pensadas llevar a este escenario. “Las de los próximos cinco años ya las tengo clarísimas, casi cerrados, pero más allá de eso muchísimos más”, contesta.

Hoy, su plan inmediato es quitarse el esmoquin y marcharse corriendo a un estudio de sonido cercano: esa tarde pone voz al Gato con Botas en la secuela de la película de animación. Aunque esté a miles de kilómetros, al fin en Málaga, escuchando lo que le dice el corazón, Hollywood sigue reclamando a una de sus estrellas favoritas.

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