Apunten su nombre: Chiquinquirá Delgado, el icono de Latinoamérica que prueba suerte en España

La primera vez que Chiquinquirá Delgado (Venezuela, 1972) conoció el lado oscuro de la fama fue antes de ser una estrella. Era 1990 y la entonces finalista del Miss Venezuela se encontraba en Japón para participar en un certamen de belleza internacional. “Gané, pero ese día mi padre murió. Mi familia no me quiso decir nada para no arruinarme el momento. Me enteré al volver a casa. Ya lo habían enterrado. ¡Fue terrible! En mí se quedó pendiente esa despedida. Se había divorciado de mi madre, pero estábamos muy unidos”, me confiesa la modelo. Nos hemos citado en un restaurante de Madrid y Chiqui ha pedido una bebida detox con la que recuperarse del jet lag.

Desde 2017, vive a caballo entre Miami y la capital española. En Estados Unidos es uno de los rostros más populares del canal de televisión Univisión —presentará las campanadas para la cadena desde Times Square, Nueva York— y en España ha participado en la serie Alta mar (Netflix), un papel con el que ha relanzado su carrera como actriz. “Era la segunda vez que Ramón Campos, productor de Bambú, me llamaba para trabajar. La primera ocasión me ofreció un personaje en Fariña, pero no pude”, desvela. “Me gustan los retos. Soy capaz de trabajar los acentos y hacerme pasar por española… ¡o rusa!”.

La ruta hispana

Aunque en nuestro país está aún por descubrir, en Venezuela Chiquinquirá es famosísima. La sinopsis de su vida es la de una película de Bigas Luna: con 14 años se mudó de la ciudad de Maracaibo a Caracas. ¿Su sueño? Ser artista. Su progenitora, Deborah Díaz, propietaria de una boutique de ropa, fue su sombra durante la aventura. En la gran urbe conoció a Osmel Sousa, presidente de la Organización Miss Venezuela. “Me dijo que tenía que operarme la nariz, el pecho y rebajar las caderas. No me arrepiento de mi paso por el concurso, pero hoy no lo haría. Los certámenes de belleza cosifican a la mujer”, reflexiona. Aunque no logró la corona, se hizo un hueco en la industria, probó en la interpretación en varias telenovelas y presentó un magazine en Venevisión, la cadena de la poderosa familia Cisneros, una de las más ricas del país. Con 18 años, duplicó su popularidad al casarse con el cantante y actor Guillermo Dávila, con quien tuvo a su primera hija, María Elena. Se divorció y en 2003 contrajo matrimonio con el presentador Daniel Sarcos. En 2010, dio a luz a Carlota. La pareja se separó ese mismo año.

En 2009, Chiquinquirá volvió a experimentar el lado oscuro de la fama, entonces convertida en una estrella. “La violencia estaba muy normalizada en Venezuela. Un día me robaron el coche. Los ladrones me dijeron: ‘Ay, pero si eres Chiqui’. No me pasó nada, incluso digamos que fueron amables, pero yo estaba embarazada. Ese y otros episodios me hicieron pensar en irme. No quería que mi hija viviese esa inseguridad. La censura se había instalado en mi trabajo y la tensión se había colado en todas partes. Empecé a manifestarme en contra del régimen de Hugo Chávez y se inventaron que yo tenía problemas con el fisco. ¡Tuve que pagar una multa millonaria aunque tenía todo en regla! Busqué trabajo fuera. Y así llegué a Miami. Allí di a luz y ya no regresé a Venezuela”.

En Florida, fue otro español, Luis Fernández, expresidente de RTVE y directivo de Univisión, quien le dio la oportunidad de presentar Mira quién baila, un formato que llegó a España en 2005 de la mano de Anne Igartiburu. En la tele, además de conducir un matinal en el que entrevistó, entre otros, a Joaquín Sabina y a Antonio Banderas, rehizo su vida sentimental. Conoció a Jorge Ramos, el periodista latino más influyente de EE UU premiado por Vanity Fair España. Juntos forman un tándem de activistas. “Espero regresar a la Venezuela plural y no a la que nos han secuestrado”, musita.

Hace 10 años que no pisa su país, pero sus compatriotas no la han olvidado. “Hace poco, en Madrid, pedí comida a domicilio. Cuando abrí la puerta, el repartidor era venezolano. Me pidió una foto. ‘Ay, pero si eres Chiqui”.

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