Chantal Hochuli, la mujer a la que Carolina de Mónaco le quitó el marido, Ernesto de Hannover, (aunque eran íntimas amigas)

Hubo un tiempo en el que Ernesto de Hannover era el soltero de oro de las casas reales europeas. Aunque su familia nunca podrá reinar, sus títulos se acumulan uno tras otro y su linaje no tiene tacha, de hecho, si la ley Sálica no se hubiera aprobado en Inglaterra, ahora mismo sería el rey de Gran Bretaña. Con este pedigrí no es extraño que en los años 70, cuando era un joven soltero, Grace Kelly fantaseara con que conociera a su hermosa hija mayor, Carolina de Mónaco, y el príncipe se rindiera a sus encantos. Pero la atracción entre ambos no surgió ni cuándo ni cómo quería Grace Kelly, sino que se confirmó 20 años más tarde y con una grave traición de por medio: para llegar hasta el corazón de Ernesto Carolina debía traicionar a Chantal Hochuli, su amiga íntima porque estaba casada con él. ¿Pero quién es Chantal Hochuli y cómo se fraguó esta doble traición?

Cantal Hochuli, la primera princesa de Hannover (y la primera mujer de Ernesto)

Ya estamos acostumbrados a todos los desmanes del príncipe Ernesto de Hannover, pero en los 70 no era tan común escarbar en los escándalos de la aristocracia. Aún así, algunos detalles de la vida rebelde de Ernesto de Hannover hacían pensar que apuntaba maneras. Por ejemplo, sabemos que mientras estudiaba en Alemania con 15 años formó parte de un grupo de rock.

Pero su mayor muestra de rebeldía fue obligar a su padre a derogar la norma que le obligaba a casarse con alguien de sangre azul. ¿El motivo? Quería llevar hasta el altar a Chantal Hochuli, heredera de una gran fortuna gracias a las inversiones de su padre, arquitecto de formación, en la industria farmacéutica.

Finalmente el príncipe se salió con la suya y consiguió retener títulos nobiliarios y a la mujer que quería: en 1981 se casó con la plebeya Chantal Hochuli, la mujer con la que se estableció en Londre, tuvo dos hijos y cuya unión desaparecería en 1997 cuando ella interpuso una demanda de divorcio porque él mantenía una relación paralela con otra mujer: Carolina de Mónaco.

Cómo se produjo la ruptura de Chantal Hochuli, Ernesto de Hannover y Carolina de Mónaco

Los expertos en casas reales afirman que Ernesto de Hannover tiene debilidad por la infidelidad y esas infidelidades comenzaron en su primer matrimonio. Pero Chantal continuó con su compromiso familiar mientras todos estos deslices fueron anónimos y discretos, situación que explotó al meter en la ecuación a Carolina de Mónaco.

A Ernesto y Chantal, como al resto de la jet set en aquella época, les gustaba pasar largas temporadas en Mónaco. De hecho fue Chantal quién se encargó de volver a introducir a Carolinade Mónaco en el círculo de amigos más próximo a su marido. En 1990, con la muerte inesperada del marido de Carolina de Mónaco, Stéfano Casiraghi,la relación de amistad y afinidad entre ambas mujeres se afianzó. Chantal se convirtió en la amiga que ayudó a Carolina a superar el luto y para 1995 la princesa de Hannover declaraba que ella y Carolina eran íntimas.

Lo que no sabía, o no supo ver, es que Carolina estaba intimando mucho más con su esposo. Chantal se enteró por la prensa rosa de lo que estaba pasando: un reportaje en una revista alemana delataba la estancia de su mejor amiga y su marido en un exclusivo resort tailandés. No lo creyó. Pero siguieron llegando las imágenes y las exclusivas a las portadas de la prensa sensacionalista: los amantes en Nueva York, los amantes en París… las discretas infidelidades de su marido habían dejado de ser discretas.

Cuentan los rumores que la bronca que le montó Chantal Hochuli a Carolina de Mónaco fue la responsable de los looks a base de turbantes, pañuelos y gorros que lució la monegasca durante 1996: del estrés provocado por la pelea el pelo de Carolina se cayó a mechones. Harta de su marido y “su amante calva” Chantal Hochuli firmó los papeles del divorcio en 1997. Dejó de ser princesa, perdió a su mejor amiga, pero a la vista de cómo ha ido la unión de Ernesto de Hannover y Carolina de Mónaco, seguramente ganó en tranquilidad.

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