Chelo García Cortés se rompe al hablar de su drama familiar

Esta semana hemos asistido a los relatos más desgarradores de las infancias de los concursantes de ‘Supervivientes 2020’. Era el pasado martes por la noche cuando ponían al descubierto sus miedos e incertidumbres de su pasado más lejano. Ahora, una de las mujeres que participaron en el ‘reality’ en la pasada edición, ha revelado cómo le cambio la vida esa experiencia y también ha echado la vista atrás a sus dramas de la infancia.

Hablamos de Chelo García Cortés, que acababa por romperse en el plató de ‘Sálvame’. Porque a la colaboradora, su paso por el concurso, le cambió la visión que tenía sobre la vida. Tanto, que se dio cuenta de que “no he podido ser niña”. Tampoco podía contener las lágrimas y continuaba hablando de uno de los episodios más complicados para ella: el hecho de tener que visitar a su madre en un centro de salud mental.

“Las imágenes que tengo sobre mi madre son de cuando yo tenía de cinco a once años, visitándola en la clínica López Ibor“, un recuerdo durísimo con el que Chelo ha tenido que cargar toda la vida. Recordemos que, nada más regresar de Honduras, ella misma contó cómo su madre se había quitado la vida, precisamente, por esos problemas emocionales ante los que terminó sucumbiendo.

García Cortés manifestaba que cree que su madre decidió suicidarse porque “tenía miedo a hacerse daño”, y daba el nombre de un diagnóstico que, en aquel entonces, no se atrevió a hacer de su propia madre: “Ahora creo que puedo decir que era bipolar. Hoy puedo decirlo pero en aquella época no podía”.

Ahora creo que puedo decir que era bipolar”

Aún daba más detalles de cómo fue ese calvario: Recae después del nacimiento de mi hermano. La llevan a una clínica en Vigo y mi padre consigue traerla a la López Ibor en Madrid. Mi padre le colocaba los vestidos porque mi obsesión era que yo no quería verla como la veía en la clinica. En la comunión, la foto que está mi madre era con un vestido negro que yo no podía ver”.

Por si tuviera poco con esto, tampoco contó con el calor de una abuela que no suplió el vacío que dejó la figura de su madre: “Yo no sé lo que es jugar. Yo no he sentido que mi abuela me cogiera en brazos. Mi abuela no era cariñosa, lo único que hacía era meterse con mi madre”. Para quien tiene elogios sin límites, es para su padre, que es para ella “un ídolo, mi dios”.

Completamente derrumbada ante sus compañeros, se abría para contar cómo fue el desenlace de esa vida de su madre: “Mi madre mandó a mi hermano al parque con la persona que teníamos en casa. Cuando volvieron se la encontraron. Mi hermano creo que no lo vio pero luego lo intuyó todo”. Y añadía: “Me lo dijeron en el colegio, me lo dijo la directora. Estábamos jugando, vino la directora y me dijo: ‘María de la Consolación’. A continuación me llevó a su despacho y me dijo: ‘Tu madre ha cometido un pecado y ha hecho esto’. Menos mal que estaba mi tío y me sacaron. Pero aquel día dije, no quiero saber nada más de las monjas”.

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