Cómo Carmina, la mujer más guapa de España según Pérez Reverte se conviritó en la reina de los 70: un matrimonio precoz con Paquirri, drogas y un descenso icónico que aún recordamos

Dos palabras: historia de España. Cuatro palabras: ay Dios mío, Kiko. dos frases muy cortas que describen, rápida y contundente el paseo de platós, portadas y guerra que Isabel Pantoja y su hijo, Kiko Rivera están protagonizando. Si todo es verdad, nadie lo sabe. Lo que sí es cierto es que le están dando al público lo que ahora pide: distracción (al pueblo, ¿pan y circo?). Evasión y sobre todo, escándalo en mayúsculas. Porque no hay nada que nos guste más en esta vida que un buen culebrón torero. Este lo es. Pero, para los más despistados, lo fue desde sus orígenes: comenzó el día que Carmina Ordóñez, la mujer más guapa de España y Paquirri, el torero de clase baja que apuntaba maneras se dieron el sí quiero. El resto, es historia televisiva (y de portadas, claro está).

Década de los setenta. Los toreros eran casi deidades. De todas las características que una power couple debe reunir (herencia, ambición, belleza, título, carisma) ellos las superaban con creces. Hija del torero Antonio Ordóñez y sobrina de Luis Miguel Dominguín, dos de los hombres más respetados de la época dentro y fuera del mundo de los toros, Carmen Ordóñez era la it girl (para los millennials presentes) de la época. De buena cuna, de familia hecha y derecha; carismática, dulcey bellísima sería uno de los personajes estrellas del papel cocuhe hasta su muerte. Calificada como la mujer más bella de España por Arturo Pérez Reverte y la revista ‘Times’, era la mujer perfecta.

Por otro lado, Francisco Rivera, -Paquirri-, comenzaba a moverse en los círculos de la jet set española de aquellos tiempos como pez en el agua: número uno en las plazas de toros, guapísimo, con ese talante atractivo que tenía en la época estar siempre al borde de la muerte y con los ojos que más miradas (y deseos) acaparaban, se coviritió en el personaje de aquellos años. Pudiera parecer que ambos, tanto Carmen como él eran iguales: del mundo del toreo. Sin embargo, nada más lejos de la realidad.

Ella representaba el arquetipo de niña bien privilegiada: viajaba en aviones privados, amaba con toda su alma París y Londres y se codeaba con las personalidades de la época. Estudiante del Liceo francés, Hemingway y Orson Welles adoraban a su padre. Carmen pertenecía a la aristocracia franquista. En el otro lado se encontraba Francisco: él se había criado en un matadero, procedía de una familia humilde y tenía un padre autoritario que nunca triunfó como torero y veía en su hijo la posibilidad de la buena vida.

Para la pareja no fue amor a primera vista, el match se fue fraguando poco a poco, como antaño. No hay chaperón en esta historia; pero casi. Se conocieron en Tarifa en una corrida de toros (cómo no), pero no fue hasta algunos años más tarde cuando Paquirri fue a visitar al hospital Antonio Ordóñez que se encontraba ingresado a causa de una cogida donde hicieron ‘match’. Y de ahí, como en las buenas casas, poco tardó en venir el ‘sí quiero’. La diferencia de edad era considerable: ella tenía 17, él 25 y a los padres de Carmina les pareció un matrimonio algo precoz. No obstante, ganó el corazón. La joven vio este matrimonio como una puerta de salida a la libertad. Una puerta abierta para escapar del agarre de su padre y poder ser, por fin, independiente. Años después se daría cuanta de que la historia sería muy diferente.

El 16 de febrero de 1973 se casaron rodeados de socialités de la época, personalidades del franquismo y una mezcla de celebrities nacionales algo extraña que no solo denotaba que la pareja se había convertido el EL MATRIMONIO, sino también, ponía de manifiesto la imagen de familia que el franquismo vendía en esos años. Así fue como Carmen se cambió de jaula: pasó de los brazos de su padre a los de su marido, que lejos de ser una vía de escape, fue únicamente una jaula como más metros cuadrados. La historia de su matrimonio era muy común en aquellos años: las mujeres se casaban jóvenes esperando deshacerse de un plumazo del control paterno, pero en ningún caso era así. Comenzaban entonces otro encierro: uno ligado a los hijos, el cuidado del hogar y su marido. Algo a lo que Carmina se negaba.

Mal acabó lo que rápido y prematuramente comenzó: el rol de esposa tradicional no pegaba nada con Carmen. Ella quería salir y entrar, ir de fiesta… moverse a sus anchas. A Francisco su actitud no le gustaba; él quería una mujer tradicional de su casa que se centrara en la vida familiar. Después de dos hijos y seis años de amor pero de desavenencias… se divorciaron en 1979. La fiesta de verdad comenzaría en ese momento. La pareja de guapos se convertió de un plumazo en la pareja de divorciados. Aunque Paquirri nunca estuvo muy seguro: el día que firmaron los papeles de la separación, dicen que él le llevó un collar de esmeraldas en aras de una posible reconciliación. Pero ella se negó. Comenzó así su nueva vida: estrella, diosa y reina de la noche.

Llegó poco tiempo después el playboy Antonio Arribas para ella e Isabel Pantoja para él. La tonadillera sí que representaba el modelo de mujer que el torero buscaba. Señora de su casa y virgen en un momento donde España abrazaba la transición hacia un país libre de mentalidad cerrada. Se casaron y el día de la boda el torero llamó a casa de Carmina. Su hermana Belén cogió el teléfono. Para disimular él preguntó por los niños, cuando en realidad quería hablar con su primera mujer. Según la hermanísima, Francisco llamaba a Carmina para decirle que “si ella quería, paraba la boda con Pantoja”. No lo hizo. Su matrimonio con Isabel tampoco fue lo que esperaba. Las malas lenguas dicen que antes del fatídico accidente en Pozoblanco la pareja barajaba el divorcio.

Tras la muerte de Paquirri, la Pantoja se convirtió en la viuda de España. Carmina luchó por la herencia. Y se conviritó en una de esas mujeres sin oficio claro que se paseaba de plató en plató. Hubo drogas, fiestas, matrimonios fracasados y portadas mientas Isabel abría la caja fuerte sin ella. La herencia, es aún hoy un misterio sin resolver.

Hasta para morir fue una estrella Carmina: nos dejó antes de cumplir los 50 años. Una empleada doméstica la encontro en la bañera. Nadie anticipaba, ese 13 de febrero que la tragedia, hasta el día de hoy, estaría servida.

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