Felipe de Edimburgo, el consorte más longevo de la realeza británica

Felipe de Edimburgo se retiró de sus obligaciones reales el 2 de agosto de 2017. Desde entonces había fijado su residencia en la casa de campo de Wood Farm, en la finca del palacio de Sandringham, en Norfolk, donde ha pasado los últimos años pintando, leyendo y dando largos paseos. El verano lo pasaba junto a la reina Isabel II en el Castillo de Balmoral, en Escocia. Los últimos meses los pasó en Windsor, junto Isabel II, a causa del confinamiento, y allí recibieron ambos en enero la vacuna contra el coronavirus. Y probablemente su agenda personal siempre tenía en cuenta a Lady Penny Brabourne (Penelope Romsey), su amiga especial desde hace casi 50 años, con el consentimiento de la reina

Pero la reciente decisón de su nieto Harry de hacer permanente y definitiva su ruptura con la Corona británica ha vuelto a colocar a Felipe de Edinburgo en el centro de la actualidad. No solo porque ha trascendido el enorme disgusto que esta decisión de su nieto Harry y su mujer Meghan Markle le han provocado, sino porque, además, parece que este sobresalto familiar es lo que la prensa inglesa considera que lo ha llevado al hospital privado King Edward VII en el londinense barrio de Marylebone, donde lleva ingresado más de una semana. La razón del ingreso no ha trascendido, pero hay una persistente sensación de que peligra su salud porque su hijo Carlos de Gales lo visitó el domingo y salió visiblemente emocionado

Pero Felipe de Edimburgo, nacido Mounttbatten, ha tenido una larga relación con los dramas, las tragedias. las desgracias y los grandes disgustos familiares desde que era un niño. Y a sus 99 años (cumple 100 años el próximo 10 de junio) siempre ha sabido lidiar con todos ellos y encontrar el perfecto equilibrio.

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Felipe Mountbatten disfrutaba, en los últimos cuatro años, de un merecido descanso tras más de setenta años de compromisos oficiales. Representó, por primera vez, a la monarquía británica el 2 de marzo de 1948, cuando asistió a un combate de boxeo en el Royal Albert Hall de Londres. Desde entonces cumplió con más de 22.000 actos y pronunció más de 5.000 discursos. Entre las dos organizaciones que patrocinaba destacan los Premios Duque de Edimburgo y el Fondo Mundial para la Naturaleza. Su visita a las Malvinas en 1956 le marcó profundamente y el medio ambiente se convirtió desde entonces en una de sus prioridades.

Con motivo de su retiro comentó en broma “No puedo aguantar mucho más”. Pero ha llegado casi a los 100 años. Ha sido uno de los miembros más longevos de la realeza. Patrocinaba más de 780 organizaciones. En su último acto oficial, con 96 años, pasó revista a tropas de la Real Marina británica. Destacó siempre por una mezcla de independencia y conservadurismo –en ocasiones con tintes de racismo–, pero, sobre todo por su lealtad a la Corona, a pesar de un buen número de aventuras extramatrimoniales y una tendencia a meter la pata en actos públicos con comentarios inadecuados. Su historia es la de un hombre con una dura infancia y adolescencia, que se mantuvo firme en la adversidad.

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Felipe de Edimburgo nació el 10 de junio de 1921, en el palacio de Mon Repos, en Corfú. Su nombre de origen es Philippos zu Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, príncipe de Dinamarca y Grecia. Era nieto del rey Jorge I de Grecia y bisnieto del Zar Nicolás I de Rusia y de la reina Victoria. Tenía cuatro hermanas mayores, que se casaron con príncipes alemanes, algunos de ellos estrechamente relacionados con el régimen nazi, un hecho que muchos quisieron atribuirle a él también. Pero Felipe era solo un adolescente entonces.

Con pocos meses de edad, tuvo que dejar Grecia junto con su familia, durante la guerra turco-chipriota, tras haber sido depuesto el rey Constantino I, su tío, y juzgado su padre por un tribunal militar revolucionario instalado en Grecia, que le mandó al destierro. La primera parada de la familia fue París, donde Felipe acudió a una escuela estadounidense. Con ocho años fue enviado a Reino Unido, a la escuela Cheam. Durante ese tiempo vivió en el palacio de Kensington, con su abuela materna, Victoria de Hesse-Darmstadt. A los 13 años fue enviado al Schule Schloss Salem, en Alemania. Luego pasó a Gordonstoun, en Escocia y ya no abandonó Inglaterra. Sus hermanas estaban casadas, su madre ingresada en un hospital psiquiátrico y su padre afincado en Montecarlo con su amante. Su adolescencia fue solitaria y triste.

Felipe no recordaba apenas ninguna palabra de griego. Las lenguas en las que se educó fueron el francés, el inglés y el alemán. Fue su tío y mentor Louis Lord Mounbatten, hermano de su madre, quien le aconsejó que solicitara la nacionalidad británica y tomara el apellido materno a la manera inglesa, Mountbatten, como había decidido su su familia durante la I Guerra Mundial. De esa manera podría aspirar a un matrimonio con la nobleza. Fue él también quien le sugirió que sirviera en la Marina Real, donde alcanzó el grado de teniente. Fue el mejor de su promoción. Durante la II Guerra Mundial continuó sirviendo en las Fuerzas Armadas británicas. Fue nombrado guardamarina en 1940. Pasó cuatro meses en el acorazado HMS Ramille, en el océano Indico. Y luego pasó a la flota del Mediterráneo. Participó en la batalla de Creta y en la invasión aliada de Sicilia. Fue ascendido a teniente de navío en 1942, con 21 años, uno de los tenientes más jóvenes de la Marina Real. Al terminar la guerra fue enviado al Reino Unido como instructor al HMS Royal Arthur, la escuela de Suboficiales en Corsham, Wiltshire.

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Felipe e Isabel se conocieron en 1939, cuando ella todavía era adolescente y el un joven rubio de 18 años. Eran primos lejanos, ambos descendientes de la reina Victoria. Las dos princesas Isabel y Margarita habían acudido a la Universidad Naval Real Británica en Dartmouth y Felipe las acompañó. Empezaron a escribirse. Lord Mountbatten le sugirió el matrimonio a Jorge VI. Que dejó que las cosas evolucionaran de forma natural. Se casaron el 20 de noviembre de 1947. Él tuvo que renunciar a su religión, la ortodoxa, y a su lealtad a Grecia, lo que significaba, entre otras cosas, renunciar a su título de Principe de Grecia y Dinamarca. A cambio, el rey Jorge VI le concedió el tratamiento de Alteza Real y lo nombró duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón Greenwich.

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En 1952, fue nombrado Príncipe del Reino Unido por la reina Isabel, cuando ésta ascendió al trono. Y fue el encargado de planificar la ceremonia de la coronación.

Es además Lord Gran Almirante del Reino Unido, un título que ostentaba la Reina Isabel desde 1964 y que quiso otorgarle con motivo de sus noventa años y como recompensa a seis décadas de lealtad hacia ella.

Siempre estuvo considerado la mano fuerte de la Familia Real. En sus últimos años, sin embargo, tuvo que asistir al descalabro del príncipe Andrés, quinto en la línea de sucesión al trono, por sus relaciones con el empresario pedófilo Jefrey Epstein y, sobre todo, a la marcha del príncipe Harry, que le causó una profunda decepción. Su intenso sentido del deber que era joven le hizo incomprensible esa actitud. Fuentes de la familia confirmaron el profundo dolor que sentía ante la idea de que los más jóvenes no parecieran compartir sus valores.

Su última aparición pública fue una ceremonia militar en el Castillo de Windsor para transferirle un antiguo rol ceremonial a su nuera Camila.

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