La historia de los collares de perlas favoritos de Isabel II

El joyero de las royals no solo está lleno de piezas únicas sino también de historias y anécdotas que añaden valor y sentimentalismo a cada una de ellas. Quizás el joyero de Isabel II, la actual monarca inglesa, sea uno de los más completos y valiosos, con piezas que ha heredado de la familia y con muchas otras que ha recibido como regalo a lo largo de su extenso reinado. Pero si hay una pieza, o más bien dos, que tienen un hueco único en su corazón esas son los collares de perlas que lució para su boda con Felipe de Edimburgo el 20 de noviembre de 1947.

Ese día, Isabel II vivió en primera persona los nervios de cualquier novia, sobre todo porque parecía que, con respecto a las joyas que había elegido para su gran día, nada iba a salir bien. La heredera a la corona tenía previsto usar los collares de perlas de la reina Ana y la reina Carolina, que pertenecían al joyero real por decisión de la reina Victoria y que su padre, Jorge VI, le había regalado a Isabel para su gran día.

Justo media hora antes de partir hacia la abadía de Westminster, Isabel II se dio cuenta de que no tenía los collares listos, pues se encontraban en el Palacio de St. James en una exposición junto al resto de regalos de la boda real. Así que el secretario de la entonces princesa, John Colville, tuvo que emprender una auténtica carrera, obstaculizada por la multitud que inundaba Londres ese día, para llegar al palacio y convencer a los encargados de custodiar los regalos de que necesitaba llevarse esa pieza raudo y veloz para que Isabel II tuviera tiempo de ponérsela y salir en dirección a la abadía de Westminster.

Finalmente lo consiguió e Isabel II pudo lucir estas dos piezas que se caracterizan ambas por ser un collar de una sola vuelta de perlas con un broche también de perla. El más corto consta de 46 perlas y era la joya más preciada de la reina Ana Estuardo, mientras que el más largo consta de 50 perlas y perteneció a la reina Carolina.

Isabel II no solo ha llevado estos dos collares para el día de su boda, sino que están entre los favoritos de su joyero, y los ha lucido tanto en actos privados, como la boda de su nieto Peter Philips, como en actos oficiales relevantes, como el concierto por el Jubileo de la Reina que tuvo lugar en 2012.


Pero este no fue el único incidente que vivió Isabel el día de su boda y es que la tiara que iba a lucir también le dio algún que otro problema. La joya en cuestión era la Queen Mary Fringe Diamond Tiara, que pertenecía a su madre, que a su vez la había recibido como regalo de parte de su suegra, María de Teck. Isabel II no sabía que la tiara era un collar y sin querer tocó el broche y se rompió. Así que la joya tuvo que ser llevada a toda prisa a la joyería Garrard para que fuera reparada rápidamente.

Por supuesto lo consiguieron e Isabel II lució espectacular con su tiara y sus collares. Una tiara que también prestaría a su nieta, Beatriz de York, que hizo un homenaje a Isabel II en su boda, el verano pasado, al llevar la tiara de su abuela y un vestido vintage que también pertenecía a su colección.

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