La infanta Cristina e Iñaki Urdangarín, todo lo que ha perdido la hermana del rey Felipe VI por seguir al lado del ex jugador de balonmano

Lo avisaba Carlos García Revenga en una entrevista a Isabel Gemio: la infanta Cristina ya no se sentía a gusto en España, estaba dolida: “Evidentemente a muchos sitios a los que iba ahora no la reciben como la recibían”. El que fuera secretario de las infantas se refiere al periodo del juicio por el caso Nóos, cuando al marido de la infanta Cristina, Iñaki Urdangarín, le acabaron condenando a seis años de cárcel. Era la misma época en la que los que fueran duques de Palma tenían que aguantar que les dijeran “esconded las carteras” cuando iban a comprar el pan. Con el ingreso en prisión de su marido, la infanta puso tierra de por medio: se instaló en Ginebra con sus cuatro hijos. Él perdió la libertad y ella la credibilidad y la imagen que se había forjado después de décadas asistiendo a actos institucionales representando a la Casa Real y 26 años trabajando en La Caixa.

La vida de la infanta Cristina antes y después de Iñaki Urdangarín

La infanta Cristina llegó a España siendo una niña y siempre ha ido a su aire. No es la favorita de su padre el rey emérito Juan Carlos I (esa es la infanta Elena) ni de su madre la reina emérita Sofía (que se decanta por Felipe VI), pero sí ha sido la más independiente de los tres.

Vivió sola en París y Nueva York, hizo prácticas en la Unesco, un máster en relaciones internacionales y se acabó casando con el hombre que se empecinó en escoger: Iñaki Urdangarín, un jugador profesional de balonmano, alto, rubio y por el que estaba muy claro que se desvivía. Con el enlace llegó la boda, el “palacete” en Pedralbes, el título de duques de Palma, los cuatro hijos también altos y rubios… Todo muy ideal.

Pero mientras la infanta se dedicaba a organizar fiestas sorpresa a su marido por su cumpleaños con 120 invitados, el entonces “duque emPalmado” tenía otros planes que iban a acabar con la buena imagen de la pareja. Dicen las malas lenguas que cuando empezó a salir con la infanta tenía otra novia a la que dejó plantada en cuanto vio que la cosa iba en serio (y tan en serio, se casaron tras un noviazgo de un año, se conocieron en los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996 y un año más tarde ya estaban prometidos).

Pero de que él no había tirado la agenda cuando se casó se enteró la infanta y el resto de España cuando los imputaron a ambos en el caso Nóos y se publicaron por todos los medios los mails que el duque mandaba a “pedazo de mujer”, una ex novia casada con un amigo de la pareja con la que compartía momentos que a ambos les hacían sonreír al recordarlos. “Mantén la llama de la cita que es importante”, le decía el duque, “sé que estás bien, tu marido me lo dice. Me tranquiliza, me mata”.

La hermana alta y rubia y que se había mudado a Washington para proteger a su familia antes de que todo explotara pasó de ser la moderna infanta Cristina a convertirse en la mujer imputada en un caso de corrupción, la mujer engañada por su marido en lo sentimental y en lo profesional, la que se defendió contestando a su abogado que ella no tenía ni conocimientos fiscales, ni financieros, ni sabía lo que firmaba… se libró de la cárcel pero tuvo que pagar una multa de más de 200.000 euros. Iñaki Urdangarín no tuvo esa suerte: fue sentenciado a casi seis años de prisión por los delitos de malversación, prevaricación, fraude, dos delitos fiscales y tráfico de influencias.

De lo que no se libraron ninguno de los dos fue de la caída en desgracia, el juicio público y el vacío que se hizo a su alrededor. Adiós puesto en Telefónica, adiós palacete, adiós ducado de Palma, adiós a muchos de los amigos de la familia que no quieren que se les relacione con ellos… hasta de la rambla que llevaba su nombre se despidieron. se comenta que durante el juicio (y más a la vista de la infidelidad de su esposo), la Casa Real asesoró a la infanta para que se divorciara. Pero no, ella prefirió perder el apoyo de los asesores reales y su propio padre antes que no apoyar al hombre que había elegido pàra casarse.

Por él vive en un pseudo exilio en Ginebra con dos de sus hijos, de hecho se acaba de mudar de casa para que los paparazzis tengan aún más difícil verla. No pudo asistir a los festejos por el 80 cumpleaños de su padre (aunque sí a los 80 años de su madre), no se habla con su hermano (que la convirtió en ex-duquesa dos días antes de su cumpleaños), el actual rey Felipe VI; no tiene más agenda que ir a trabajar a la fundación Aga Khan (el empleo que le consiguió uno de los amigos de su padre), ir a misa y cocinar.

Conserva el apoyo incondicional de su hermana la infanta Elena, pero nunca más habrá fotos suyas junto a los Reyes… y su imagen sigue cayendo en picado: su vacunación en Dubai mientras visitaba a su padre y su reciente viaje para ver a su Iñaki Urdangarín saltándose todas las restricciones perimetrales del Covid no ponen fácil que la infanta recupere nada de lo que perdió.

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