La princesa Ana de Inglaterra no fue la única infiel de su matrimonio: su marido Mark Phillips tuvo una hija secreta, Felicity Tonkin, a la que nunca ha querido conocer

Si no come heno, a Ana no le interesa”, llegó a afirmar el duque de Edimburgo, el príncipe Felipe, sobre su hija, la princesa Ana de Inglaterra. El comentario hacía alusión al verdadero amor de su hija, los caballos, e incidía indirectamente en lo desafortunada que era la vida sentimental de la princesa. Su escasa suerte con su primer marido, el capitán Mark Phillips, se manifestó al poco de casarse. Desde el inicio los rumores afirmaban que la boda del capitán y la hija de la reina Isabel II fue un acto de despecho ante la imposibilidad de unirse al hombre que realmente amaba, Andrew Parker Bowles. Pocos años después de la boda y un par de hijos más tarde los rumores tuvieron razón, el matrimonio fracasó. El robo de unas cartas de amor del amante de la princesa precipitó la separación de la pareja, pero años fue el escándalo de la hija secreta de Mark Phillips lo que convenció a la princesa de pedir el divorcio.

Cómo fue la (desastrosa) aventura de Mark Phillips con Heather Tonkin

Mientras la princesa se decantaba por encontrar a sus amantes entre los hombres destinados a trabajar con ella (y que llevaban uniforme), la infidelidad más sonada de Mark Phillips fue un ligue de una noche y tuvo como fruto el nacimiento de una niña que apenas se lleva cuatro años con su hija legítima Zara Tindall, (sí, la misma que acaba de dar a luz en la bañera de su casa).

La historia que saltó a la prensa vía exclusiva en el The Daily Express en 1991 (y que acabó de convencer a la princesa Ana de que era mejor firmar los papeles del divorcio) afirma que Mark Phillips tuvo una aventura de una noche con una profesora de arte neozelandesa llamada Heather Tonkin a la que conoció (cómo no) en una clínica de equitación en Auckland. El encuentro amoroso tuvo lugar en un hotel cercano y el capitán dejó sus botas de equitación en la puerta para que la profesora de arte supiera a qué puerta debía llamar.

Pero tener la razón ante la ley no le sirvió de mucho ni a la madre ni a la hija: Mark Phillips nunca se ha reunido con ellas y el tema está prohibido en sus apariciones públicas. Que Haether hablara supuso que la princesa Ana tuviera la excusa perfecta para echar a Mark Phillips de la casa de campo en la que vivía (y que le pertenecía) y para iniciar los trámites del divorcio que se consumaría en 1992.

Nadie de la familia real se ha interesado por la joven neozelandesa, ni sus hermanastros ni su padre biológico. La ambición de Heather Tonkin de que Mark Phillips aceptara públicamente a su hija nunca se ha producido.

Paradójicamente Felicity Tonkin sienta la misma fascinación por el mundo del caballo que su “familia británica”: es veterinaria equina y su marido es un jugador de polo, de hecho, en alguna ocasión ha coincidido en los mismos eventos ecuestres que su padre, como por ejemplo en un torneo en Nueva Zelanda de 1999 o cuando su marido disputó la Royal Windsor Cup frente a la reina Isabel II… pero padre e hija nunca se han dirigido la palabra.

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