La princesa Ana, la gran olvidada de Buckingham que no ha dejado de trabajar

Entre el retiro de Isabel II a Windsor con Felipe de Edimburgo, el positivo por coronavirus del príncipe Carlos (ya recuperado), y el príncipe Guillermo y Kate Middleton convertidos la cara más visible de la realeza británica en estos momentos, parece que no hay hueco para más royals. Pero los que quedan en un segundo plano también siguen trabajando. La princesa Ana es una de las más discretas, pero también de las más implicadas. Cada año aparece entre los primeros puestos de la lista de miembros de la familia con más compromisos oficiales, y en estos momentos de dificultad no se ha quedado atrás.

La princesa Ana está practicando el llamado distanciamiento social en Gatcome Park, la casa de campo situada en Gloucestershire donde continúa con sus tareas oficiales. Ahora se está protegiendo del virus, pero fue una de las últimas en cancelar sus eventos públicos, a pesar de que en agosto cumple 70 años. El miércoles recibió llamadas telefónicas y participó en una reunión con los fideicomisarios de la Health Animal Trust, una beneficencia por la salud de los animales. Ella es la presidenta de la organización desde el año 1991 –lleva apoyándoladesde la adolescencia– y mantuvieron la reunión por conferencia.

Gatcome Park, la casa desde la que ha contactado con sus compañeros, está situada al noroeste de Londres y fue un regalo de Isabel II por la boda de la princesa con su primer marido, Mark Phillips. Ana pasa gran parte de su tiempo en su apartamento londinense del palacio de St. James, pero su actual marido, Timothy Laurence, vive de forma habitual en Gatcome. Está en el corazón de los montes Cotswolds, entre los pueblos de Minchinhampton y Avening. La razón de ser de este hecho tan curioso es que pasado por varios propietarios, que unificaron varios de sus terrenos.

Su último dueño, antes de que Isabel II comprara la propiedad para su hija en 1976, era Lord Butler de Saffron Walden, director del Trinity College de Cambridge, y antiguo ministro conservador.La reina pagó también las obras de reforma y la princesa Ana se pudo mudar con Mark Phillips en 1977. La propiedad fue dividida cuando la pareja se divorció y, puesto que comprende varias edificaciones, Mark Phillips estuvo viviendo durante un tiempo en otra parte del terreno, la granja Aston, junto a su nueva familia y hasta que decidió mudarse a América.

Los hijos de ambos, Peter y Zara Phillips, se criaron durante años en la propiedad y tuvieron cada uno una casa en la finca hasta que se casaron. Entonces Peter se mudó hasta Londres junto a Autumn y Zara y Mike se trasladaron hasta Cheltenham, pero dos años después se mudaron a Gatcome. La pareja no tenía pensado autoaislarse ni cambiar su forma de actuar con respecto al virus, cuando este empezó a transmitirse por Europa. Ahora están siguiendo las recomendaciones para proteger a sus hijas Lena y Mia Tindall, de uno y seis años respectivamente, en el interior de su casita en el gran terreno de la princesa Ana.

Pero la joya de la corona, naturalmente, se la quedó la hija de Isabel II. Cuando quiere alejarse del mundanal ruido de su apartamento de St. James, entonces se instala en la gran casa principal de Gatcome. Se trata de un edificio clasificado de Grado II, etiqueta británica que reconoce edificios históricos y sirve para conservar elementos claves de su estado original. El interior de esta casa principal cuenta con una construcción de un baño de piedra, cinco habitaciones principales y cuatro secundarias, cuatro salas de recepción de invitados, una biblioteca, una sala de billar y un gran salón acristalado.

En esas casi 300 hectáreas de terreno hay hueco para albergar una de las pasiones que madre e hija comparten. Ana y Zara son grandes amazonas y han participado en los Juegos Olímpicos de Montreal de 1976 (la primera) y en los de Londres 2012, en los que Zara llegó a obtener la medalla de plata. Poseen caballos y el terreno de la propiedad es famoso por acoger, cada verano, el Festival of British Eventing. El evento supone una gran fuente de ingresos para la princesa Ana, ya que acoge a los mejores deportistas olímpicos y atrae a más de 40.000 espectadores que pagan por entrar. El de este año estaba previsto para su celebración del 7 al 9 de agosto, y por ahora los planes siguen en pie. Aún así, desde la página web del evento han informado que seguirán las instrucciones del Gobierno en todo momento, por lo que no es seguro que la edición se vaya a celebrar. Ana también organiza otras competiciones ecuestres más pequeñas a lo largo del año. Un pequeño gran paraíso personal, ideal para pasar la cuarentena.

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