La verdad ‘piadosa’ de Jesús Mariñas: «Julio Iglesias y Raphael, divos absolutos sin rivales»

  • Isabel Pantoja, Álvaro Muñoz Escassi, Ainhoa Arteta, María Teresa Campos… No te pierdas todas las ‘verdades piadosas de Jesús Mariñas.

    Cuando Julio Iglesias empezó con Miranda Rijnsburger nadie apostábamos por el flechazo. Pero ahí están, siguen y ofrecen estampa de unidad, devoción. Aunque nadie apostó por el amor y compenetración familiar. Nunca digas de este agua no beberé. Recuerdo que creímos y nos entusiasmó más su entusiasmo por Isabel. Parecía perfecto, idílico, irrompible, casi como de película hollywoodiense mientras duró, que no fue mucho. Es bueno recordarlo ahora que Julito ha cumplido 78 años y ya no está, diría yo, en plena gloria porque así de voluble, pasadera y frágil es la fama. Ya no son muchos quienes los recuerden, ni a Julio Iglesias ni a Raphael.

    Fueron dos caras, voces, temperamentos y expresiones de una misma España: Raphael desmadrado componía la otra cara de la moneda de Julio –a quien su padre, el doctor Iglesias siempre llamó Julito–. Eran opuestos, inigualables y contrastaba la gesticulación de uno ante la fría y sentida contención del madrileño, a quien tuvieron que hacerle trajes con los bolsillos de la chaqueta cosidos para que no delatase su mínima anti naturalidad o poca expresividad. Era un trozo de hielo sincalidez. Aun así triunfó en el mundo, compitió con el andaluz con su talante galaico mucho más contenido.

    Eso los distinguía además de la voz y la diferencia de hijos. También cómo actuaban: amplio, rebosando maneras y desbordante Raphael, ensordecida y queda, como oyéndose a sí mismo y eso le embelesara Julio Iglesias. Dio pie a mucho cachondeo. No cabía enfrentarlos porque ellos no tenían ganas y dado su abultado caché. Eran cara y cruz aunque cada uno fue muy popular, aplaudido y venerado. Ídolos intocables, el uno prodigando agudos y el otro de una rendidora media voz llena de calidad, calor, color y matices. No dejaron que Camilo Sesto, también de la época aunque llegó algo más tarde, les hiciera sombra.

    Sólo existían y eran contratados ellos dos. Julio Iglesias y Rapahel, divos absolutos sin rivales para su contrastador dúo. Inteligentes o más cautos que miedosos, procuraban no coincidir en el escenario pero alguna vezexcepcional lo hicieron en la Expo Canción que Luis del Olmo montaba en la tarraconense Roda de Bará. Allí los atendí y cuidé más de un sofocante agosto cuando en el Mediterráneo juntaban lo mejorcito del panorama musical español. Resultó insuperable y eso genera melancolía por lo que fue y no pudo mantenerse.

    Del Olmo, siempre muy rácano económicamente –si lo sabréyo que lo sufrí y trabajé para él– se limitaba a enviarles el hotel y los demás gastos los abonaban encantadas las diferentes compañías discográficas. Era unexceso de esplendidez, publicidad y gasto. A nadie le preocupaba recortarlo como actualmente a nosotros tampoco nos preocupa resaltar lo sorprendente de los desiguales y llamativos ‘Sí, quiero’ de la luego matrimonialmente tan repetidora Presysler, que llegó a los cuatro maridos. ¡Qué historias de la Historia! Nunca podremos olvidarlas. Y no lo haremos porque marcaron época y todavía nadie las superó. Ni creo que lo hagan.

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