Magdalena de Suecia, la princesa sueca que huyó a Estados Unidos para ser anónima (y que dejaran de destapar sus escándalos amorosos)

Magdalena de Suecia, la hija menor de los reyes Carlos XVI Gustavo y Silvia de Suecia de puede presumir, ahora mismo, de ser una de las altezas reales europeas más discretas que existen. Tan discreta que no ha visitado su país desde hace más de año y medio: la última vez que la vieron por Estocolmo fue en los Nobel de 2019. Cierto es que esta circunstancia se ha debido al coronavirus, pero es que la ausencia de la princesa sueca lleva llamando la atención de los medios desde hace años, básicamente, desde que decidió establecer su residencia permanente en Estados Unidos hace ya una década.

De hecho, cuando el rey decidió restringir el número de personas consideradas como miembros activos de la Casa Real sueca en ese mismo año (2019), muchos veían a la princesa del otro lado del mar como la nominada a esa expulsión. No fue así, Magdalena de Suecia sigue trabajando para la Casa Real sueca en una de las fundaciones auspiciadas por su madre y de forma telemática desde Miami… para todos aquellos que no confían en las posibilidades del teletrabajo. ¿Pero por qué “huyó” la princesa de su país y acabó al otro lado del mundo? Una infidelidad y mucha prensa rosa tuvieron la culpa.

Magdalena de Suecia: la juventud “escandalosa” de la princesa sueca más bella

El primer novio oficial de la princesa Magdalena de Suecia le llegó antes que su graduación de Bachillerato. El idilio duró poco, pero desde ese momento hasta 2001, el año en que abandonó Suecia, las relaciones amorosas de la hija menor de los reyes de Suecia fueron portada de las revistas del corazón una, tras otra, tras otra… ¿El motivo? Magdalena parecía tener una especial mala pata a la hora de escoger a sus amores.

El mismo año en el que los paparazzis filtraron imágenes de la princesa en un minúsculo bikini rosa besándose en un yate con un heredero textil, Pierre Ladow (y fue llamada a capítulo por su padre que acabó con sus vacaciones en la Costa azul francesa), Magdalena de Suecia dio el do de pecho ese mismo otoño relacionándose con el amigo más conflictivo de su hermano: Erik Granath.

Hijo de un rico constructor pero con ganas de convertirse en un alumno aventajado de Ernesto de Hannover en toda regla, para cuando se oficializó el noviazgo entre Erik y Magdalena él ya acumulaba un historial de delitos por agresión, consumo de sustancias, conducción bajo efectos del alcohol y por intentar tirar abajo una carpa de un restaurante. Que saliera posando para los paparazzis en Londres agarrando un pecho a la princesa no ayudó a mejorar su imagen pública. El rey y la reina reunieron todo su poder paternal para hablar muy seriamente con su hija y la pareja rompió su relación en 2002. Poco se podían imaginar que lo peor estaba por llegar.

El novio que hizo a Magdalena de Suecia huir (y encontrar finalmente el amor)

El mismo año que rompió con el heredero pendenciero Magdalena de Suecia se fijó en alguien nuevo: esta vez fue un joven sin antecedentes penales llamado Jonas Bergström. Jonas era abogado, Jonas tenía la sonrisa y la actitud perfectas, Jonas se partió la cara con el ex de Magdalena en un bar de moda (un pequeño tropezón en su fulgurante carrera al estrellato royal), Jonas era 100% el prometido perfecto.

Jonas pidió en matrimonio a la princesa en un romántico viaje a Capri en 2009. Para 2010 su amante ya estaba dando exclusivas en las televisiones suecas: habían comenzado su relación el mismo año de la declaración de amor eterno. Hasta rumores de embarazo había. Magdalena de Suecia no lo pudo soportar más, con la venia de sus padres abandonó Suecia y puso rumbo a Nueva York.

Pero como a la princesa la soltería le dura más bien poco ese mismo año en una cena conoció al que se convertiría en su marido en 2013 y padre de sus tres hijos, el broker Chris O’Neill. Pasaron el fin de año juntos y en secreto comenzaron a vivir en Manhattan a escondidas antes de hacer oficial su unión y, al final, se acabaron casando.

Pero el amor, al menos para esta princesa, siempre tiene un coste, y en su caso fue casarse con el único hombre incapaz de aceptar que forma parte de una familia real: Chris O’Neill no desea ser prìncipe consorte ni alteza real y, de hecho, en cuanto puede se escapa de asistir a la ceremonia de Nobel, un evento «sagrado» para su familia política. Una situación que no impide que mientras las responsabilidades de la princesa se diluyen a kilómetros y kilómetros de su hogar, Magdalena de Suecia parece por fin feliz con su vida anónima.

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