María Ángeles Grajal: "Jaime es un extraterrestre. Sabía que este bicho no lo iba a matar"

Con apenas 49 kilos y sin fuerzas para nada, Jaime Ostos no pudo evitar las lágrimas al cruzar el jardín del hogar del brazo de su mujer, María Ángeles Grajal, y de su hijo Jacobo. “Si el toro de Antequera no pudo con él yo estaba segura de que este bicho no lo iba a matar. Jaime es un extraterrestre”, asegura su esposa aún conmocionada por todo lo que han vivido.

Habrán sido las peores semanas de su vida. Cuéntenos qué ocurrió y qué tal está Jaime.

Jaime ingresó a finales de febrero por una infección en una lumbar que le ocasionaba dolores y al tratarse de una bacteria, sabíamos que necesitaba tratamiento vía intravenosa durante varias semanas. Con esa idea estuvo en el hospital y, justo dos semanas antes de finalizar ese tratamiento nos trasladamos de la Clínica de la Zarzuela al Hospital Nisa por la cantidad de ingresos que había a causa del COVID 19. A la semana empezó a tener fiebre, le hicieron un estudio y dio positivo con una neumonía bilateral. Fue horrible, pensé que yo podía haberle contagiado al estar todas las tardes a su lado aunque luego di negativo y la conclusión es que cualquiera podía haberle pasado el virus. De nuevo, traslado a la Zarzuela, donde ha estado casi dos meses con estancia en la UCI algunos días cuando estuvo más grave.

Habrán sido momentos angustiosos dado que Ostos tiene 89 años y eso que siempre ha estado en plena forma física.

Ha sido una angustia. Ahora mi marido ha perdido 19 kilos y con lo delgado que era imagínate cómo se ha quedado. Nada más entrar el sábado en el jardín de casa se puso a llorar. Después de lo que hemos vivido y sobre todo él, tanto tiempo solo en los hospitales, ya que yo apenas podía ir a visitarle, regresar a su casa era lo que más deseaba del mundo. Jaime está todavía muy débil. Está haciendo rehabilitación pero sobre todo para ganar kilos y tener fuerzas. De 70 a 49 kilos es muchísimo cambio y te deja muy tocado.

¿Cómo se encuentra de ánimos?

Ha llorado muchísimo. Ni él ni nadie está acostumbrado a la soledad y el carácter hace mucho. Cundo solo era el problema de la lumbar yo estaba todas las tardes en la habitación pero cuando fue por el coronavirus hubo que aislarle y quedarse solo únicamente viendo a los sanitarios. Eso le ha marcado además en esa situación pierdes la noción del tiempo y de la ubicación.

¿Ahora sigue en la cama?

No. Aunque sigue con oxígeno, porque se cansa. Sale al jardín o se sienta en el salón y habla con sus íntimos amigos Julio Aparicio y Victoriano Valencia, a los que quiere mucho.

“He vivido un horror. Al mismo tiempo que Jaime, he tenido ingresada a mi madre”

Habrán sido momentos muy duros para usted sin saber qué final iba a tener esta historia.

Yo he vivido un horror. Piensa que al mismo tiempo que Jaime, he tenido ingresada a mi madre también por coronavirus y con 89 años. Gracias a Dios ha salido adelante pero no te puedes hacer idea de lo que he vivido y eso sin dejar de trabajar aunque sea por videoconferencia con mis pacientes, dado que he tenido mucho afectados. Yo lo he pasado mal pero él peor y más cuando se enteraba de todos los amigos que han fallecido por este motivo.

¿Ostos sintió miedo de que podía morir?

Sí, me lo decía muchas veces. Su preocupación era que no se quería ir por no dejarnos solos a Jacobo y a mí.

¿Su hijo cómo lo ha vivido?

Pues con mucha preocupación. Solamente pudo verle dos veces y con mucha protección. Fíjate que incluso siendo la Zarzuela mi hospital de trabajo, para evitar que nadie pensara que tenía privilegios había veces que veía a Jaime por una rejilla o una ventana. Todo muy duro. Lo que estamos es muy contentos con el trabajo de los profesionales que han sido maravillosos y yo he podido participar en su recuperación porque es mi especialidad.

¿Qué es lo más bonito que le ha dicho su marido estos días?

Que me adora y que la única pena que tiene es no haber vivido nuestro amor mucho tiempo antes.

¿Ha llorado en silencio?

Sin parar. Muchos días no podía ni coger el teléfono, porque no paraba de llorar y no tenía fuerzas para hablar. Estos días he visto muertes tan dramáticas e injustas en gente muy joven que te deja muy tocada. Conozco a padres que ingresaban junto con sus hijos y les sobrevivían. Te aseguro que hay mucho dolor y mucha tristeza en lo que he tenido que vivir.

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