María Gabriela de Saboya, la princesa libertina y primer amor de Don Juan Carlos que no fue reina de España por caerle mal a Franco

Tenía todas las papeletas para casarse con Don Juan Carlos, sin embargo, el destino no quiso que María Gabriela de Saboya fuese reina de España. Ahora, la aristócrata pertenece a ese grupo de octogenarios que vivieron en otra época pero que están sanos como un roble. Hay pocos royals de su edad que puedan decir lo mismo. Por supuesto, Queen Elizabeth no entra en esa lista, solo faltaba.

Quizás fue su vida libertina, su poco apego a la Corona y sus ganas de independencia lo que han hecho que aún hoy, la hija de Humberto II de Italia (que reinó del 9 de mayo al 12 de junio de 1946) se encuentre más jovial que nunca en su tranquila vida en Ginebra. No le ha hecho falta irse a ningún país de Oriente Medio para encontrar todo aquello que quiso siempre: autonomía. Y aún hoy, sigue recordando aquella época en la que se carteaba con ‘Juanito’, apodo con el que se refería al rey emérito en su juventud (que fue muy solitaria).

Su foto, cual amuleto, viajó con Don Juan Carlos de taquilla en taquilla por todos los destinos militares a los que acudió. Rota y algo resquebrajada, incluso llegó a la primera residencia del futuro rey de España, Casita de Arriba en El Escorial. ‘Ella’, como la llamaban cariñosamente sus amigos, tuvo que huir de Italia a los seis años en 1946 junto a su madre, María José de Bélgica, y sus tres hermanos. Se trasladaron al sur de Portugal, donde más tarde llegaría su padre después de ser destronado. Aunque la familia se mudó poco tiempo más tarde a Cascais, meses después la madre de María Gabriela de Saboya volvería a vivir a Suiza, dejando en su hija un vacío que nunca logró superar.

Ella se crió con sus hermano en Portugal, bajo la atenta mirada de su padre, que siempre les dejó mucha libertad. En Estoril, ya se habían instalado los condes de Barcelona y sus hijos, por lo que la vida social no era escasa en esos años, y es que, Portugal se convirtió en el lugar que acogió a los royals en el exilio, que hicieron de esas tierras su nueva cuna. Allí residían los Borbón, familiares de los Habsburgo, Miguel de Rumanía o Simeón de Bulgaria. Toda una efervescencia en movimiento de lo que pudo ser y no fue, que bebía champán y preparaba matrimonios reales con la ilusión de volver al pasado. Algo así como las esperanzas que tenemos ahora puestas en el 1 de enero de 2021.

Íntima amiga de la infanta Margarita, María Gabriela creció con los ojos puestos en Don Juan Carlos. No la culpamos. Rubio, con unos ojos hipnotizadores y con esa belleza de Borbón y los rasgos que los caracterizan, el futuro rey de España era un Don Juan, nunca mejor dicho. Algo que iríamos descubriendo a lo largo de los años, pero que en ese momento, aún se estaba fraguando a fuego lento. Si hubiera habido Tinder en esa época…

Durante los años en los que el rey emérito estuvo internado en Suiza y mientras su padre nogociaba la vuelta de la monarquía con Franco, ‘Juanito’ y ‘Ella’ se hicieron amigos. Ella aún hoy recuerda con cariño las tardes en las que iban al teatro y al casino (sobretodo ahora que el divertimento es ir al supermercado). El tiempo fue pasando y poco a poco, ambos se convirtieron en el primer amor de juventud del otro, un romance adolescente y muy tierno, que no tuvo frutos en el futuro. Aunque hubiera sido lo más lógico.

En 2014 María Gabriela, exponía ante los medios lo que fue su romance adolescente: “Juan Carlos era muy simpático. Yo lo quería mucho. Íbamos al cine y al casino los domingos. Él no pasaba mucho tiempo en Portugal porque estudiaba en el Palacio de Miramar, pero nos escribíamos muchas cartas”.

Lo malo es que como con todos los mujeriegos, borbones o no, Don Juan Carlos no solo se carteaba con ella, sino con varias amiguitas más, entre ellas Olghina Nicolis, condesa de Robilant, mayor que ‘Juanito’ y mujer con la que tuvo un tórrido romance el verano de 1956. Sin embargo, el rey emérito tenía en claro que se tendría que casar, y que la candidata perfecta era María Gabriela de Saboya, información que le confesó en más de una ocasión a la condesa.

Sin embargo, ‘Ella’, no era exactamente lo que se esperaba de una mujer de su condición en aquella époda: quría ser libre y no tenía ningún interés por asumir responsabilidades, incluso años más tarde confesaría que “en las monarquías se impone mucho. Y hay que tragar. Si no, terminas como Lady Di”, dando así a entender que el cierta medida, ella escogió su futuro.

Fue entonces cuando entró en la ecuación Doña Sofía en un crucero, Agamenón, que tenía como objetivo emparejar a royals. Franco no quería a ‘Ella’ como reina de España, prefirió que Don Juan Carlos se decantara por Sofía, que cumpliría a pies juntillas lo que se esperaba de una futura reina llegado el momento: y así fue, en 1960 ambos se volvieron a encontrar en los Juegos Olímpicos de Roma y ahí empezó el idilio. María Gabriela de Saboya era un alma demasiado libre para el puesto. Su última aparición juntos en público fue precisamente en estos Juegos Olímpicos. Después, siguieron caminos diferentes aunque la amistad siempre estuvo presente y se recordaron como amigos de la infancia que habían sido ‘novietes’ en el despertar de la adolescencia.

María Gabriela también tuvo más pretendientes (ay, quién viviera ahora un cortejo). El último sha de Persia o el rey Balduino de los belgas fueron algunos de ellos, no obstante, se casó con Robert de Balkany al que conoció en l’Ecole du Louvre en París. Nueves años mayor que ella, divorciado y con dos hijas, se dieron el ‘sí quiero’ en 1969, tuvieron una única hija, María Isabel y se separaron en 1976, aunque el divorcio no llegó hasta la década de los noventa.

A día de hoy, la que fue el primer amor de juventud del rey emérito tiene cuatro nietos y vive su vida, sola e independiente en Ginebra, libre las monarquías, las ataduras y al frente de la Fundación Humberto II, fundación que custodia el legado de su familia. No se ha convertido en Lady Di como ella temía y sigue guardando, como oro en paño, ese fugaz romance con el que fue rey de España.

Fuente: Leer Artículo Completo