Mario Vaquerizo, una estrella todoterreno: »Solo me falta aprender inglés»

Es un enamorado de la moda, pero dice que ésta debe adaptarse a él. Mario Vaquerizo es el embajador de Ventis, una plataforma digital donde se puede comprar moda, decoración o alimentación gourmet. El marido de Alaska recuerda que con su primer sueldo, 7.000 pesetas, se compró un anillo en un mercadillo.

– ¿Te cuesta comprar por Internet?
– No, porque hasta ahí llego, aunque sea tonto. Me tengo que adaptar a las nuevas formas de conducta. Hace ocho años me parecía impensable. Acuérdate que me tuve que poner WhatsApp cuando entré en ‘Masterchef’ por obligación porque me tenían que mandar los vídeos. Hay que estar abierto estos cambios de era.

– ¿Gastas mucho dinero en moda de marca?
– Yo soy marquista porque me guste la prenda. Siempre digo que la moda se tiene que adaptar a mí y hay marcas que se adaptan a mi estilo. Mi ropa es mi medio de trabajo y me preocupo mucho de mi imagen.

– ¿Recuerdas la primera prenda que te compraste de marca?
– Uno pantalones vaqueros que iban manchados con pintura plateada. Algo que mi madre nunca entendió porque le horrorizó. Los use mucho, me los compré en 1999, que es cuando tenía un poquito de sueldo y tenía economía independiente.

– ¿En qué te gastaste tu primer sueldo?
– Me abrí una libreta en un banco y me compre un anillo. Mi primer sueldo fueron 7.000 pesetas por un artículo en la revista ‘Gran musical’. Y el anillo era de calaveras y lo compré en un mercadillo hippie en la plaza Felipe II, porque iba allí porque llevaba los marcadores del Real Madrid y él Estudiantes.

– ¿Dónde metes tanta ropa?
– Ya empieza a ser problemático, me encanta acumular. Me da pena tirar la ropa. En la pandemia aproveché para hacer limpieza de armario y aproveche los canapés de las camas para meter la ropa. Me encantaría tener un vestidor enorme.

– ¿Sigues de gira con las Nancys Rubias?
– Hemos parado y ya hemos grabado el disco para el año que viene. Echaba mucho de menos los conciertos porque para mí es ir con las amigas a pasármelo bien los fines de semana, y además ya no me divierten las discotecas.

– Pasáis mucho tiempo juntos, ¿discutís?
– Claro, discutimos, nos reímos, lloramos y nos abrazamos. Yo solo discuto con la gente que me importa. Tenemos muchas peleas de gatas. Si no discutiéramos, seríamos robots y no porque somos muñecas.

– ¿Echas de menos el teatro?
– Sí, pero después de tantos meses en el teatro en Madrid, necesitaba un poco de ocio. Si lo echo de menos, pero yo soy una working girl y me falta tiempo. Volvería hacer teatro, pero con la misma compañía.

– No paras, ¿piensas en la retirada?
– Pienso en las retiradas temporales. Ahora me voy de vacaciones con Olvido a Londres y desconectaré una semana. Creo que algún día me jubilaré, pero como soy un maricón inquieto siempre tengo trabajo.

– ¿Qué te falta por hacer?
– Todo lo que yo quería hacer, lo he terminado haciendo. Primero por intención o porque me ha venido dando, como lo de hacer teatro que nunca lo imaginé. Lo que me queda por hacer es aprender inglés. Fui muy tonto y fui vago a la hora de aprenderlo. Me pasa factura porque noto la barrera idiomática y siento que me estoy perdiendo muchas cosas. Ahora en Londres, menos mal que voy con Alaska, porque si no, no sabría moverme. Esa barrera cambia mucho mi forma de ser, porque igual estamos con amigos de allí y deben pensar que soy tonto porque no hablo. Me siento ridículo y pierdo mi esencia. ¡Lo que me cuesta a mí no hablar!

– Para terminar, a ti qué te gusta tanto los temas del corazón: ¿a favor de Terelu o Carmen Borrego?
– Uy, yo no lo sé. Yo quiero que se arreglen porque son hermanas. Igual es una rabieta por ambas partes.

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