"No me voy a quedar callado". Primeras palabras (e imágenes) de Rafael Amargo tras ser puesto en libertad condicional

48 horas después de haber sido detenido por un presunto delito de tráfico de drogas y otro de organización criminal, Rafael Amargo salía a última hora del jueves de dependencias judiciales tras haber estado allí todo el día prestado declaración. Él y su pareja, Luciana Bongianino. El juez les dejaba el libertad, bajo medidas cautelares y pidiendo penas de cárcel para ambos.

La decisión la tomaba la magistrada del Juzgado de Instrucción número 17 de Madrid y, a las puertas de esos juzgados, la prensa esperaba para conseguir esas primeras imágenes del bailaor en medio de esta polémica que le rodea y, por supuesto, unas primeras palabras que no negaba a los periodistas.

Enfadado por cómo se están dando los hechos, sentenciaba de manera muy rotunda: “No me voy a quedar callado“. Lo hacía tras desvelar que lleva un año casado con Luciana y que nadie se ha enterado. Una bomba que soltaba después de haber calificado toda la situación como “un espectáculo innecesario” y de ironizar manifestando que “Pablo Escobar había uno“.

“Lo que hacen es dañar al artista pero me va a servir para escribir. En mi casa no había nada, había mucha alegría es un lugar donde han pasado muchos artistas”, añadía, indignado por el revuelo que se ha montado a pocos días de un estreno previsto par hoy (el de ‘Yerma’ en el Teatro La Latina), con el que pretende seguir adelante: “Si que se me ve muy animado y tengo que estar mañana en el estreno de mi obra“.

Daba detalles, además, de cómo han sido esos dos días detenido, “tirado en el suelo” en un “calabozo de mierda“. Y sin la posibilidad depoder ver a su abogado, como este manifestó el día después de la detención, en una crítica pública al aislamiento excesivo en el que se encontraba su representado. Amargo subrayaba que el trato de la policía había sido maravilloso, pero “la gente de los calabozos se ha portado nefastamente”.

Ahora, toca esperar al juicio. Mientras se subirá a las tablas, tratando de redirigir el espectáculo al escenario del teatro. Porque el ‘show’, el del baile, debe continuar.

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