Por qué hasta los famosos de Masterchef Celebrity se ríen con Flosie, el desfasado personaje gay con el que Florentino Fernández parodia a su compañero Josie

En la quinta edición de MasterChef Celebrity, el ejemplo de concurso blanco que se defiende desde la televisión pública, ya casi nadie se llama a engaño: aquí lo de menos es la cocina y lo de más, la oportunidad para volver a conectar con el gran público por parte de famosos que llevan meses, incluso años, alejados de la televisión. Un buen papel en MasterChef Celebrity puede atraer una temporada o dos de nuevos contratos de trabajo: ahí están los recuperados Vicky Martín Berrocal, Tamara Falcó o Boris Izaguirre. Importa cocinar, pero el objetivo de los famosos en este concurso es demostrar que saben ganarse al público. Y si esa es la batalla, en esta edición la están ganando Florentino Fernández y Josie, el estilista de las campanadas de Cristina Pedroche.

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La pugna de estos dos personajes por protagonizar los momentos más ingeniosos y divertidos de MasterChef Celebrity es apasionante. En los primeros programas, Josie tomó la delantera gracias al despliegue de una masculinidad pocas veces presente en televisión: la de un hombre no heterosexual con un ingenio corrosivo y una pluma ‘fashionista’, tan provocativa como sus estilismos imperiales. Ante la aplastante autenticidad del estilista, Florentino Fernández no pudo valerse por sí mismo. Contraatacó con una parodia de Josie, el Flosie que nos ocupa, que tiene mucho que ver con el personaje que le hizo famoso en televisión: el mítico Krispin Klander, otro hombre con pluma que le tiraba los tejos a Pepe Navarro en ‘Esta noche cruzamos el Mississippi’.

La parodia ha ido evolucionando hasta un territorio que Florentino Fernández maneja bien: una caricatura de un hombre afeminado aparentemente inocente e inofensivo que encuentra la comicidad jugando a incomodar al muy heterosexual Pepe Rodríguez con sus insinuaciones erótico-festivas. En este punto, las escenas pueden pasar de lo paródico a lo patético: recuerdan muchísimo a las carreras que el cómico Benny Hill echaba detrás de las ”tías buenas’ en los años 80.

Sin embargo, concursantes, jueces y público se ríen con ganas ante las salidas (llenas de ingenio, porque Fernández es un cómico rápido e inteligentísimo) de Flosie. Funciona esa especie de automatismo social que cobija tantas veces la complicidad. Solo Josie se limita a sonreír a medio gas. Y con razón.

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Este no es un caso sobre los límites del humor, sino más bien sobre el poder del humor. Es enorme. Y aunque muchos cómicos suelen jugar en el terreno de la intrascendencia y la ligereza, lo cierto es que la burla en todas sus acepciones puede herir hasta a los autócratas, aterrorizados ante la posibilidad de ser objeto de burla. Donald Trump es famoso por su miedo al ridículo: denunció al periodista Bill Maher cuando le comparó con un orangután. Mark Twain decía: “Ante el asalto de la risa nada se sostiene”. El chiste, la burla, la parodia es un instrumento de deslegitimación, de desautorización poderosísimo y precisamente por eso conlleva una gran responsabilidad. Un arma de tal calibre no merece apuntar a quien ya está, de una manera u otra, en el disparadero por su aspecto, su religión, su identidad o su poder adquisitivo.

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Habrá quien piense que Josie no es ninguna víctima y tiene parte de razón: de hecho, es el contrincante número uno de Florentino Fernández en MasterChef Celebrity y su humor también pisa terreno resbaladizo cuando se le escapa el factor clasista. Pero si ridiculizas a un hombre por su pluma afeminada en uno de los programas con más audiencia en televisión y, además, todo el mundo se ríe cuando lo haces, el mensaje está claro. No hay que ser Einstein para imaginar la misma escena en colegios, parques, oficinas, bares, entrevistas de trabajo. Solo que aquí, en la vida real, ya no dan tanta risa. En su blog de Medium, Oscuir describe lo que pasa en MasterChef en clave escolar y el retrato es espeluznante.

“Todo ‘marica de clase’ tiene una némesis, ese niñato que tampoco acaba de encajar en la heteronorma de ejemplar de macho ibérico, ya sea por feo, por calvo o por gordo que encuentra su lugar haciendo mofa del que considera menos hombre que él”, escribe Oscuir. “Y lo hace porque encuentra la complicidad del resto, porque consigue ocupar la vacante del ‘payaso de la clase’, mejor aceptada y asimilada que quien cuestiona esa heteronorma. Y esa némesis, ese ‘bully’, ese payaso de la clase, también tiene representación. Abrumadora y ruidosa, jaleada, cacareada, aplaudida. Ha pasado en varias ediciones, pero esta nos está reflejando más esa realidad visible en cualquier instituto que esa diversidad que necesita visibilización en espacios públicos. Esta edición es una clase de 2º de la E.S.O.“.

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Varios críticos de televisión también se han hecho eco del problemático fondo y forma en el que se mueve Florentino Fernández con Flosie, una percepción que puede no ser aún mayoritaria, pero que terminará por enviar a la desván toda esta temática del humor basado en los estereotipos, al menos mientras aún alimenten el ‘bullying’ y la marginación de tantos niños y no tan niños.

Sería estupendo que Florentino Fernández no necesitara echar mano de un personaje gay para explorar según qué temáticas. Es más: le retamos a incomodar la heterosexualidad de los jueces de MasterChef Celebrity desde su propia heterosexualidad, sin personaje ridículo de por medio. Seguramente nos haría la misma gracia e incluso más.

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