Recordamos la primera entrevista de Álex Lequio: sus sueños, su relación con la fama…

En su árbol genealógico figuran un rey –Alfonso XIII de España-, una infanta -su abuela, Beatriz de Borbón– o, por parte de madre, uno de los grandes magnates del sector inmobiliario nacional, el empresario Antonio García Fernández, constructor de La Moraleja, una de las urbanizaciones más lujosas de la capital. Era primo del rey Felipe VI, a quien conoció en Roma cuando apenas contaba con seis años de edad. “Estudió en Georgetown, por lo que recibimos una educación parecida -él lo hizo en Notre Dame-. Es una persona muy culta, le admiro muchísimo y me gustaría conocerle mejor”, nos aseguró. Pero el ancestro favorito de Álex Lequio García Obregón (Madrid, 1992) era el general Clemente Lecquio, que combatió en la I Guerra Mundial al frente de un batallón de 8.000 hombres. “Yo a los borbones les tengo muchísima estima, pero en mi casa siempre se ha hablado de dos ramas, de la real y de la militar, de los Lecquio, generales de las Fuerzas Armadas italianas que lucharon en primera línea de fuego con el estandarte de la casa”, explicaba. El joven empresario ondeaba hoy el escudo familiar en un campo de batalla bien distinto, el de los negocios.

Lecquio Jr., lanzó en 2015 una consultora de márketing digital, Polar Marketing, en la que empleaba a 11 personas y con la que aspiraba a cerrar el año 2017 con una facturación próxima a los 400.000 euros. Entonces recordaba con cariño los tiempos en los que los paparazzi se apostaban cada día la puerta de su casa para fotografiarle junto a su madre, Ana Obregón. Sin duda, uno de los personajes más célebres de España, tanto en su faceta como actriz y presentadora -en su haber destacan espacios televisivos tan populares como Grand Prix o la serie Ana y los siete– como por sus sonados romances. Su relación sentimental con el conde Alessandro Lecquio di Assaba en la década de los 90 revolucionó la crónica social. La pareja, la exmujer del hoy afamado comentarista televisivo, Antonia dell’Atte, y el pequeño Álex se convirtieron en los personajes más buscados por la prensa. “Tenía tres años… no recuerdo muchas cosas, pero sí que fue una etapa muy bonita. Y ya está”, zanjó el joven. A él se sumaban dos hermanos, Clemente y Ginevra. El primero, del primer matrimonio de su padre con Antonia dell’Atte; la segunda, del actual con María Palacios.

El que fuera -quizá junto a Francisco Rivera Pantoja Paquirrín– el niño más famoso de España era un joven maduro e independiente con éxito en los negocios. Apasionado de la moda, también promocionaba entonces una firma, Ibiza Passion, cuyos principios, decía, le definían a la perfección: “Soy un chico súper hippy y súper bohemio y me encanta vestir acorde a mis valores filosóficos”.

Formado en Estados Unidos, país del que añoraba “la mentalidad de innovar, de abrir nuevas puertas para enfrentarse a los obstáculos del día a día”, no vacilaba a la hora de opinar sobre cuestiones de actualidad, como las elecciones de Cataluña el 21 de diciembre: “Todo el mundo tiene derecho a opinar y a votar acorde con su perspectiva política. Yo soy politólogo y creo que, siempre que se haga de forma democrática, todo el mundo tiene derecho a opinar. Si en Cataluña la mayoría decide no formar parte de este maravilloso país, que lo haga, pero de forma democrática. Lo que no tolero es que la violencia, las formas antidemocráticas”.

Lequio Jr. concedió en 2017 su primera entrevista en Vanity Fair para promocionar una iniciativa solidaria que organizó en colaboración con la Fundación Por qué viven y la firma Ibiza Passion, para recaudar fondos para niños enfermos que reciben cuidados paliativos. La cita contó con el apoyo de su madre, Ana García Obregón. “Siempre que puede aportar un granito de arena, se sube al bote. Creo que dar visibilidad a este tipo de actividades es una obligación para toda persona mediática en este país”, reflexionaba. Era en la única faceta en la que cuenta con el soporte materno. "Ella no participa en absoluto en mis proyectos empresariales. Soy muy independiente”, aseguraba el joven alto, fornido y serio que nada tenía ya que ver con el niño travieso que volvía locos a los fotógrafos hace dos décadas.

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