Sandra Ibarra: "Hay vida durante el cáncer"

19 minutos y 45 segundos de paz. Ese podría ser el resumen de la charla con Sandra Ibarra, que asegura que justamente eso, el que la otra persona perciba paz en su conversación y se lo diga, es el mejor piropo para ella. Quizás, apunta, porque ha tenido que buscarla mucho. No lo ha superado una vez, sino que han sido dos zarpazos a los que ha tenido que hacer frente.

Por eso, no hay mejor embajadora para la campaña que, aprovechando el Día Mundial de la lucha contra el Cáncer de Mama, que se celebra el 19 de octubre cada año, lleva impulsando cuatro años mediante la Fundación que lleva su nombre y Ecovidrio. “Empujamos a la gente a reciclar y, a la vez, estamos concienciándoles de que el cáncer de mama es el que más incidencia tiene en la mujer. Con un solo gesto, estamos salvando el planeta y se transforma en fondos para la Fundación Sandra Ibarra. Los contenedores rosas se ponen en 80 ciudades de España”, explica.

“Esta campaña ha sido muy bonita, porque hemos hecho una cámara oculta y, cuando una persona iba a reciclar vidrio, salían 50 supervivientes de cáncer, llenas de vida, a abrazarle y darle las gracias. Muchas veces se nos olvida dar la gracias. Los abrazos de más de 6 segundos, que son los que dan buen rollo”, añade.

Volver a levantarse

El cáncer son dos enfermedades: la física y la psicológica”

Sandra, como apuntábamos, es una doble superviviente. La primera de ellas, fue la única que superó el cáncer de toda la planta en la que se trató. La segunda, fue un jarro de agua fría. “La segunda sí que duele, porque son dos enfermedades, la física y la psicológica. El 11S del 2012 para mí es una fecha grabada a fuego, porque fue durísimo. Siempre pensamos que las cosas le pasan a otro, que el cáncer lo tienen otros, pero recaer… Piensas, he tenido un cáncer, he luchado, lo he superado, me dedico a ayudar a los demás… Ya está. Pero resulta que no estaba…”, recuerda.

También cómo su madre ha sido el gran apoyo en todo este tiempo. Una mujer fuerte a la que su marido, dominicano, abandonó en la Medina del Campo (Valladalid) de los años 80 con cuatro hijos. Eso provocó una enorme unión familiar y, por consiguiente, que el dolor fuese aún mayor por la enfermedad de su hija. “Fue muy duro. Rompió a llorar y al poco rato dijo. ‘Cuando nos ingresan’. Ahora, está jubilada, me acompaña a muchos sitios y ve la parte bonita de todo el trabajo hecho. De conocer a gente llena de dignidad, de coraje, de valentía… La adversidad saca lo mejor del ser humano y yo tengo la suerte de verlo todos los días”, detalla cómo su madre también se recompuso para serle de ayuda.

Ibarra subraya que, lo primero que uno tiene que asegurarse cuando le dicen que tiene cáncer, es de que el diagnóstico es el adecuado, y pedir una segunda opinión si es necesario. Lo segundo, tener confianza en el equipo médico, porque es un camino largo en el que una no se puede permitir dudas. Y, por último…: “Lo más importante es saber que hay vida durante el cáncer. Cuando te pasa algo negativo, es como un paréntesis, y yo siempre digo que los paréntesis también son la vida. Vivimos esperando a que llegue el verano, el fin de semana, el viernes… pero somos unos privilegiados por tener salud y levantarnos cada día“.

“Cuando tienes un tsunami en tu vida como es el cáncer, te das cuenta de que la felicidad empieza más atrás. Cuando tienes cáncer es cuando más vida hay, porque te dicen que los tienes y te dan ganas de viajar, de querer, el cuñado que te caía mal te cae fenomenal… Es cuando más lleno de vida estás, porque eres consciente de que la puedes perder. Gestionado de manera positiva, se convierte en un filtro maravilloso de la vida”, añade a esa reflexión en positivo.

Mucho por hacer

Lo hace antes de recalcar que el cáncer es una enfermedad muy estigmatizada. Desde el campo médico, donde se usan términos como “invasión de tejidos” o “batalla”, hasta el lenguaje. Ahí, los medios, que recurrimos con frecuencia a referirnos a ello como “una larga enfermedad”, tenemos buena parte de la culpa. “Hay que llamar a las cosas por su nombre”, sentencia con firmeza.

Hay que llamar a las cosas por su nombre”

¿En qué anda ahora la Fundación Sandra Ibarra? Pues, sin perder esas líneas de investigación y prevención del cáncer, en lo que llevan trabajando casi 12 años, se han lanzado al cuidado y registro del superviviente de cáncer. “Cuando te dan el alta, a los famosos cinco años, se produce una sensación de abandono. Nos asomamos a esa ventana y nos dimos cuenta de que estaba todo por hacer. Empezamos a poner en valor al superviviente para impulsar un registro, porque se registra la muerte, pero no la vida, para ver esas necesidades posteriores. No hay médicos expertos en este campo. Esa formación y seguimiento, es lo que se necesita”, comienza a explicar.

“En marzo presentamos la primera unidad de bienestar del paciente y superviviente de cáncer en un hospital español, en Fuenlabrada. La idea es aprender de ellos para prevención de los que vienen detrás. La idea es extenderlo a los hospitales de la Comunidad de Madrid y a los de España. Somos casi dos millones de supervivientes”, añade con ilusión y con esperanza.

La misma que siembra con un discurso lleno de optimismo y, como decíamos al principio, de paz. Mucha paz.

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