Wallis Simpson y Eduardo VIII: su estilo en 15 fotos

El nombre de Wallis Simpson aún sigue escociendo en el seno de la corona británica, y es que esta americana dos veces divorciada (a quien tantas veces se ha invocado al hablar de Meghan Markle) fue capaz de generar una crisis constitucional cuando el rey Eduardo VIII le pidió matrimonio. Su romance acabó con la abdicación de él (que solo reinó unos meses), que acabaría siendo duque de Windsor y disfrutando de la felicidad junto a su amada en paraísos como Bahamas, donde pasaron la II Guerra Mundial, o el Mediterráneo, donde adoraban navegar.

Eduardo VIII siempre fue un quebradero de cabeza para su padre, que en más de una ocasión expresó su deseo de que Eduardo no tuviera hijos y el trono quedara en manos de su hijo Alberto (que reinaría como Jorge VI) y su nieta Lilibet (Isabel II). Sus romances con mujeres casadas eran continuos y fue precisamente una de sus amantes quien le presentó a Wallis Simpson. Para aquel entonces Wallis ya se había divorciado una vez y estaba casada con Ernest Simpson pero el flechazo fue inmediato. Eduardo incluso presentó a Wallis a sus padres en el Palacio de Buckingham, pero nunca consiguió que fuera aceptada.

Así fue como Eduardo ascendió al trono en enero de 1936, pero su reinado solo habría de durar unos meses: cuando decidió abdicar para poder casarse con Wallis. Lejos de la monarquía, la pareja se casó en el castillo de Candé, cerca de Tours (Francia), sin ningún miembro de la familia real entre los invitados. La simpatía de Eduardo y Wallis hacia Adolf Hitler y su reunión con él también complicaron al gobierno británico. Durante la II Guerra Mundial, la pareja vivió en Bahamas, donde Eduardo ejerció de gobernador, y después se retirarían en Francia, lejos de los cargos públicos.

Quizás el aspecto más desconocido de Eduardo VIII era su gusto por la moda. Tanto Wallis Simpson como él se convirtieron en iconos de estilo de la época. E incluso el duque de Windsor llegó a escribir un libro sobre el asunto: A Family Album, en el que analiza la vestimenta y los códigos estéticos durante los reinados de su padre y su abuelo. Su vida a caballo entre Nueva York y París les permitió asistir a multitud de fiestas, muchas de ellas organizadas por ellos mismos, y estar al tanto de las tendencias a uno y otro lado del charco.

Wallis, al igual que Eduardo, también amaba la moda. Entre sus amistades se encontraban las editoras de moda más famosas de la época, y nunca se perdía un desfile de Schiaparelli o Dior. Aunque nunca fue reina y no recibió el tratamiento de Alteza Real, su armario no tenía nada que envidiar al de las royals del momento, y se podía permitir licencias estilísticas que no estaban al alcance de los miembros reales.

Sin duda fueron una pareja que marcó estilo, que hizo de la libertad su bandera y que consiguió vivir la vida que habían planeado, aunque esta no estuviera exenta de renuncias. Repasamos sus mejores looks.

Para su boda en 1937 Wallis contó con el diseñador Main Rousseau Bocher para crear su vestido. Un modelo hecho en crepe de manga larga y cuello redondo, con el cuerpo plisado, un fajín con pequeños botones y falda recta. Un sobrio diseño que ha pasado a la historia por su elegancia y que ha seguido inspirado a un buen número de novias.

Para el estreno de Lo que el viento se llevó en París, en 1939, Wallis dio una lección magistral de estilo apostando por este vestido abrigo cruzado de rayas y charol que la convirtieron en protagonista de la noche.

En muchas ocasiones, Wallis Simpson y Eduardo VIII sincronizaban sus looks. En la imagen, los duques de Windsor posan en su residencia de Ednam Lodge, Sunningdale, con sendos trajes de cuadros.

Wallis y Eduardo dominaban todos los códigos estéticos. Si siempre acertaban en sus looks de gala, también lo hacían en su día a día, con estilismos más relajados. En la imagen, en Portofino, ella con vestido de falda de vuelo y dos accesorios que siguen de plena actualidad, bolso de rafia y pañuelo, y él con pantalones y camisa veraniega de lino.

En el año 42, posando en su casa de Bahamas, los duques de Windsor muestran su entendimiento estilístico: Wallis con vestido estilo camisero en azul con pequeños lunares y Eduardo con traje claro y corbata en llamativos topos blancos sobre fondo rojo.

Así llegaban los duques de Windsor en 1936 al puerto de Southampton: Eduardo VIII, impecable de traje, y Wallis con un abrigo de rayas anchas y silueta oversize que hubiera triunfado en la década de los 70 y ahora, casi nueve décadas después.

Wallis siempre cuidaba los estilismos hasta el último detalle. En esta imagen tomada en 1953 luce diadema, un original collar de perlas con flores, pendientes y guantes blancos.

Una de las señas de identidad de las royals inglesas siempre han sido los tocados. Wallis solía elegir modelos discretos, a menudo con redecilla.

Uno de los looks más recordados de la pareja, durante unas vacaciones en la Riviera italiana tras visitar Cannes: ella, con shorts, tacones, blazer y pañuelo a juego, él, con un caftán estampado, zapatillas deportivas y gafas de sol.

La sobriedad también era una de sus virtudes estilísticas. A bordo del Queen Elizabeth, la pareja posa en 1956. Wallis con un abrigo de paño imprescindible y Eduardo con un elegante traje.

Wallis, americana, poseía un marcado gusto por algunas de las señas de identidad de la moda británica. Este look de abrigo de solapa ancha de cuadros Príncipe de Gales y falda plisada bien lo hubiera podido lucir Isabel II.

Wallis y Eduardo VIII viajaron todo lo que pudieron. ¿Qué mejor opción que pasar el invierno en Palm Beach? La pareja posa en esta localidad al sur de Florida con atuendos veraniegos: Eduardo con una llamativa camisa estampada y Wallis con un vestido ligero y sandalias de tiras en blanco.

La pareja superó muchos obstáculos para hacer realidad su historia de amor y nunca se superaron. Compartían una misma manera de ver la vida.

Una jovencísima Wallis Simpson, con poco más de veinte años, ya anticipaba el estilo elegante y atemporal que pasaría a la historia.

Wallis y Eduardo nunca renunciaron al color en sus looks. Con este dos piezas azul con cinturón amarillo y turbante a juego ella, y Eduardo con pantalón beige, casaca naranja, pañuelo al cuello amarillo y cinturón con nudo, eran la viva imagen de la modernidad en la década de los 40.

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