Aumento de pecho: la grasa no reemplaza a los implantes

Si estás pensando someterte a un aumento de pecho, pensar en la posibilidad de una cirugía menos invasiva que se realice con el tejido del propio cuerpo es algo que ilusiona a muchas mujeres. Y quizás esta es la raíz de que se estén confundiendo dos técnicas que se emplean en quirófano: la colocación de implantes y la transferencia de grasa corporal a los senos.

Pero los cirujanos coinciden en que ambas técnicas no son intercambiables, que la transferencia de grasas tiene sus limitaciones. Y también sus riesgos, como toda intervención quirúrgica. En cuanto a la técnica con implantes debes informate bien antes de decidirte, ya que existen diferentes tipos de prótesis.

La transferencia de grasa se lleva a cabo realizando una liposucción a un área del cuerpo con grasa de sobra, después de esto se inyecta en el seno, ocupando el lugar de los implantes. Y esto es lo que ha provocado que esta técnica haya ganado gran popularidad, ya que se evita tener que introducir en el cuerpo un elemento externo.

Pero, ¿qué es lo que ocurre para que esta técnica no pueda convertirse en el sustituto perfecto de los implantes? El problema reside en la consistencia de la grasa, que no se maneja de la misma forma que un implante encapsulado. La primera es mucho más difícil de manejar en quirófano. Incluso en las manos de un cirujano experto que haga una transferencia perfecta de grasa de la parte externa de los muslos, el estómago o los glúteos a los senos pueden ocurrir complicaciones. Incluso si el experto la inyecta con delicadeza y lenta y progresivamente -es decir, como se debe hacer para que el procedimiento sea perfecto- es posible que no todo el contenido de grasa extraído llegue a lugar de destino.

Todas estas complicaciones se eliminan con los implantes, ya que se elige previamente el tamaño entre la paciente y el médico y el contenido del mismo no se alterará durante la intervención, por lo que se puede predecir con facilidad cómo será el resultado, algo que no resulta tan fácil cuando hablamos de grasa corporal.

Por otro lado, la supervivencia de la grasa allí donde se inyecta depende del tejido adiposo que ya está originalmente allí, debe estar en contacto con él. De esta manera, la grasa obtiene oxígeno y nutrientes para seguir viva, pero aun así se estima que solo entre 50-70% de la cantidad inyectada sobrevive.

Lo anterior, a efectos prácticos, significa que el rango de tallas que se puede aumentar con esta técnica es muy limitado. Es imposible pensar que una copa A puede pasar a una C inyectando grasa corporal. De hecho, lo realista es plantear que se puede sumar media talla.

También hay que tener en cuenta a la hora de valorar esta técnica que el resultado será muy diferente a lo que se logra con los implantes. La mayoría de mujeres acuden a consulta con una imagen estereotipada de cómo quedarán sus mamas basada en los resultados vistos en otras pacientes intervenidas con implantes. Esto les hace buscar una estructura tridimensional y redonda fruto de ese elemento externo que se ha introducido, algo que la grasa, que se inyecta sin encapsular, no puede lograr. Por tanto, además de tener en cuenta las limitaciones respecto al aumento de talla, también hay que ser conscientes de que la inyección de grasa no va a remodelar el seno de la manera que lo hace un implante y si eso es lo que busca una paciente, puede sentirse muy decepcionada.




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