Lola Flores: los rasgos estéticos de su poderío

¿Tú sabes por qué yo estoy guapa?». Esa pregunta le lanzaba Lola Flores a Jesús Quintero en una entrevista que, a media luz y entre el humo de un cigarrillo, ha quedado archivada como una joya de la televisión. Si la cuestión sorprendió, ella misma se dio la respuesta y no fue baladí: «Porque el brillo de los ojos no se opera».

Y es que brillo, Lola tenía para derrochar. Se convirtió en una artista transgresora en una época en la que no había tantas. Entre los 50 y los 90 Lola se ganó a pulso el título de La Faraona. Y en la actualidad se replican constantemente en redes sociales algunas de sus frases más impactantes como eterno homenaje.

Su fuerte carácter y determinados rasgos de su imagen personal iban más allá del flamenco y ayudaron a germinar ese ya famoso poderío que la elevaría a la categoría de icono. La jerezana era de rompe y rasga y no solo lo demostraba sobre el escenario.

Su marcadísimo eyeliner

El brillo de los ojos de la folclórica iba siempre remarcado por grandes cantidades de khol. Su intensa mirada negra repasada por una gruesa línea de eyeliner junto a su nariz de rasgos afilados y su piel morena fue probablemente algo que contribuyó en gran parte a que la artista fuera apodada como La Faraona.

El eyeliner era innegociable para Lola y su personalidad conseguía que en ninguna ocasión desentonara. Ya fuera durante el Festival de Venecia, al borde de los años 60, surcando el mar en la cubierta de un barco o en una elegante cena acompañada de la duquesa de Alba.

Si bien es cierto que nunca lo abandonó, a lo largo de las décadas fue modificando su aplicación. Mientras que en los años sesenta el trazo superior cobraba todo el protagonismo, a partir de los 70, Lola comenzó a poner la línea negra alrededor de todo el ojo potenciando la intensidad de la mirada. En los ochenta, bajo la influencia de las estridentes tendencias incluso adornó su eyeliner con sombras de potentes colores.

Impecable manicura

Como buena bailaora la andaluza daba muchísima importancia a sus manos. El movimiento de las mismas durante sus actuaciones era enérgico, impredecible e histriónico . El arte estaba en el centro de todo lo que hacía, por eso siempre llevaba sus uñas arregladas, largas, pero no demasiado para no estropear sus batas de cola.

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Les daba una forma ligeramente almendrada y preferiblemente las pintaba de rojo, el color de la pasión y su tono favorito. Estos puntos de color resaltaban sobre su piel y sobre la barroca joyería dorada que Lola solía escoger.

Melena azabache

Otro de los símbolos que le acompañó durante toda su vida fue su ingobernable melena negra. Abundante, brillante y con un rizo deshecho que nunca consiguió domar -ni quiso-. Lola hacía gala de su modernidad también a través de sus peinados y adaptó su melena azabache a las tendencias que llegaban de fuera de España.

Durante una larga etapa convirtió los peinados al estilo bouffant -con mucho volumen en la coronilla- en uno de sus predilectos. De esta manera despejaba su rostro y su marcada expresividad quedaba al descubierto. Pero no fue el único, los moños bajos también cumplían ese objetivo y dejaban ver los grandes pendientes que Lola solía llevar.

Ahora sus hijas, Lola y Rosario, han heredado la irreverencia de una melena salvaje que lucen con orgullo, hasta en los eventos más especiales -no renunciaron a ella en la reciente boda de Elena Furiase-.

Perfumes exclusivos

Aunque las tres características anteriores quizás fueron las más representativas de la artista, Lola trascendió el papel de cantante y se convirtió en un icono admirado por legiones de fans. Debido a esto, sus seguidores cada vez querían saber más sobre la jerezana y se filtraron todo tipo de detalles sobre sus gustos y costumbres. Se decía que sus fragancias predilectas eran Shalimar de Guerlain y Abril de Victorio y Lucchino. Que le encantaba el oro amarillo y el estampado animal.

Este 28 de octubre se estrena el documental que homenajea la figura de esta artista, cuyo intangible valor fue definido de una peculiar forma por The New York Times: «No canta, no baila, no se la pierdan».




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