4 poesías para descubrir a Louise Glück, la Nobel de Literatura

Anne Carson, Lyudmila Ulitskaya y Margaret Atwood: estos eran los tres nombres que, al mediodía de hoy, encabezaban las apuestas para el Nobel de Literatura, que ha sido anunciado a las 13.00 horas. Pero aunque ha ganado una mujer, no se lo ha llevado ninguna de ellas, sino un nombre que ni siquiera aparecía en el listado de favoritos (un total de ¡187 autores!).

La poeta estadounidense de 77 años Louise Glück ha ganado el Premio Nobel de Literatura 2020, según anunció el secretario de la Academia Sueca, Mats Malm, a los periodistas allí congregados. Los académicos han reconocido “su inconfundible voz poética que con austera belleza hace universal la existencia individual”.

Glück es una autora enormemente reconocida a nivel mundial con sus libros: consiguió el premio Pulitzer en 1993 por ‘El iris salvaje’, el National Book Critics Circle Award por ‘El triunfo de Aquiles’ o el Academy of American Poet’s Prize por ‘Firstborn’. Nacida en Nueva York en 1943, estudió en la Hewlett High School neoyorquina, el Sarah Lawrence College y la Universidad de Columbia. En la actualidad ocupa la cátedra de literatura en la Universidad de Yale.

Estos son algunos de los poemas con los que empezar a descubrir a la autora, a la que en España edita PreTextos.

El triunfo de Aquiles

En la historia de Patroclo,

no sobrevive nadie, ni siquiera Aquiles,

que era casi un dios.

Patroclo se parecía a él; usaron

la misma armadura.

En estas amistades,

siempre hay uno que atiende al otro,

la jerarquía

se nota todo el tiempo, aunque no se pueda

confiar en las leyendas:

su fuente es el que sobrevive,

el abandonado.

¿Qué eran las naves griegas incendiadas

en comparación con esa pérdida?

En su carpa, Aquiles

lo lloró con todo su ser,

y los dioses vieron

que ya era un hombre muerto, víctima

de la parte que amaba,

de la parte mortal.

Maitines

Perdóname si digo que te amo: a los poderosos

se les engaña siempre, los débiles

son siempre manejados por el miedo. No puedo amar

lo que no puedo concebir, y tú no revelas

virtualmente nada: ¿acaso te asemejas al espino,

siempre la misma cosa en el mismo lugar,

o a la dedalera inconsistente, que brota primero

como espiga rosada en la ladera, junto a las margaritas,

y al año siguiente es púrpura en el rosedal? Ya ves

lo inútil que es este silencio que promueve en nosotros la creencia

en que tú puedes ser todas las cosas, la dedalera y el espino, la vulnerable

rosa, la terca margarita; nada nos queda sino pensar

que no podrías existir. ¿Es eso lo que quieres

que pensemos? , ¿lo que explica el silencio esta mañana,

los grillos cuyas alas no se frotan, los gatos

que en el patio no pelean?

Nieve de primavera

Mira el cielo nocturno:

en mí poseo dos personas, dos clases de poder.

Estoy aquí contigo, en la ventana,

observando tu reacción. Ayer

la luna se alzó sobre la tierra mojada del jardín.

Hoy la tierra brilla igual que la luna,

como materia muerta, encostrada de luz.

Ahora puedes ya cerrar los ojos.

He escuchado tus llantos, también

los llantos anteriores a los tuyos,

y he sido sensible a sus demandas.

Te mostré lo que querías:

no la convicción sino el sometimiento

a la autoridad, que descansa en la violencia.

La terquedad de Penélope

Un pájaro llega a la ventana. Es un error

considerarlos solamente

pájaros, muy a menudo son

mensajeros. Por eso, una vez

se precipitan sobre el alfeizar, se quedan

perfectamente quietos, para burlarse

de la paciencia, alzando la cabeza para cantar

pobrecita, pobrecita, un aviso

de cuatro notas, para volar luego

del alfeizar al olivar como una nube oscura.

¿Pero quién enviaría a una criatura tan liviana

a juzgar mi vida? Tengo ideas profundas

y mi memoria es larga; ¿por qué iba a envidiar esa libertad

cuando tengo humanidad? Aquellos

que tienen el corazón más diminuto son dueños

de la mayor libertad.

¿Por dónde empezar a leer a Louise Glück?

‘El iris salvaje’

‘El iris salvaje’ es un viaje hacia nuestro pasado y nuestro ayer, en el que un ser humano, en un paraíso, habla con un dios que le hace sentir culpable. El hombre que pergeña Glück es un ser de barro, inconsciente y dudoso, que habla de la libertad, del tiempo, de la relación con sus iguales en términos dolorosos y que nos llevan a un espacio oscuro de sufrimiento. Fue Premio Pulitzer en 1993.

‘Praderas’

El gran hombre le da la espalda a la isla. Su muerte no sucederá ya en el paraíso ni volverá a oír los laudes del paraíso entre los olivos, junto a las charcas cristalinas bajo los cipreses. Da comienzo ahora el tiempo en el que oye otra vez ese latido que es la narración del mar, al alba cuando su atracción es más fuerte. Lo que nos trajo hasta aquí nos sacará de aquí; nuestra nave se mece en el agua teñida del puerto. Ahora el hechizo ha concluido.

Vía: ELLE ES

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