Ana Torroja tiene mil razones para volver a un escenario, pero ha querido empezar por la televisión con la serie Paraíso

Subida a la terraza de un hotel al pie de la Gran Vía, Ana Torroja (Madrid, 1959) se siente como una turista más de las que van llegando a la capital. No tanto porque, residente en Ciudad de México desde hace unos cuantos años antes vivió en Londres y Nueva York, ya no tenga casa aquí, sino por su capacidad de asombro. A la cantante de Mecano, que celebrará en 2022 sus 25 años en solitario, aún le sorprenden algunas preguntas.

Tengo que recuperar la práctica con las entrevistas, pero sobre todo el interés que pueda despertar. En un par de ocasiones consulta a quienes le acompañan datos sobre ella o su carrera. Empática y receptiva, su atención está puesta más allá de sí misma. Ha hecho un viaje relámpago para colaborar en Paraíso, la serie de corte fantástico e inspiración noventera que produce The Mediapro Studio para Movistar+ y en la que, a pesar de su poca predisposición al divismo, ejerce de indiscutible musa.

Mujerhoy. Es la gran sorpresa que encontrarán los espectadores de Paraíso. ¿Lo fue también para usted que la invitaran a participar en la serie?

Ana Torroja. En Paraíso la música de Mecano tiene mucho protagonismo, porque uno de los personajes es muy fan, se viste como yo entonces y su cuarto está lleno de referencias a mí de todo tipo. Lucas Vidal, el compositor de la banda sonora, y Fernando [G. Molina], el director, me contaron la idea y me encantó desde el principio. Fer es muy fan y fue un honor.

Este año colaboró con Miss Caffeina en Punto muerto. ¿Está más abierta a trabajar con gente más joven que con compañeros de generación?

Llevo muchos años y la gente que viene pegando fuerte es inevitablemente más joven. Siempre me he rodeado de personas más jóvenes porque siento que me aportan muchas cosas que no sé, diferentes y frescas.

Tiene una hija de 15 años, Jara. ¿Qué le dice cuando ve que su madre es un referente de la modernidad?

Para ella soy su madre. A veces se acuerda de que también soy cantante, o yo le enseño algo que he hecho y le gusta. Sé que está orgullosa de mí, por supuesto, especialmente cuando alguna amiga suya le dice que es fan mía, pero por encima de todo me ve como a una madre.

¿Cómo es su vida en México?

No es tan diferente a la que llevaba en España. Mi gimnasia, mis paseos… México es un lugar que tiene muchos sitios muy diferentes entre sí para visitar. Cuando me agobio un poco de la ciudad, porque tiene una energía muy fuerte, a media hora tienes un lugar al que escaparte. Llevo una vida bastante tranquila, pero si quiero marcha también sé dónde encontrarla.

¿También en este último año y medio?

No, marcha cero. Lo que ha estado bien es que me he dedicado tiempo a mí, cosa que habitualmente no puedo. Me he vuelto a cuidar, me he reencontrado conmigo misma y todas esas cosas que son imposibles cuando estás todo el día de aquí para allá. Como dicen en México, he estado apapachándome. Esa libertad que da no tener compromisos y poder tirarte al sofá a ver una serie. Han caído enteras La casa de papel, Lupin, Gambito de dama, La Serpiente…

Este verano traerá nuevo disco también una gira, Volver. ¿A qué siente que vuelve?

A mis inicios y ese sonido electrónico de los primeros años; a los escenarios de España, donde siempre quiero estar y no siempre se ha dado la oportunidad; también es un reencuentro tras un periodo de pandemia tan duro… Lo tenía elegido desde 2018 pero lo he ido aplicando a las diferentes situaciones que se han dado. También iba a ser el del disco, pero lo he cambiado porque se me quedaba viejo. Se va a llamar Mil razones, que son las que tengo para hacer y deshacer, acertar y equivocar, regresar y quedarse…

¿Qué tiene de balance vital?

He pasado un año de los 60 y cuando llegas a esta edad recapitulas, sueltas lastre y te reconcilias contigo misma. Hay mucho de eso.

Aun contraviniendo la letra de Ay, que pesado, ¿piensa mucho en el pasado?.

No. A nivel profesional, lo que para vosotros es pasado musical para mí sigue siendo presente, no he dejado nunca de cantar esas canciones. Lo que visito poco es mi pasado personal. Cuando hablo de soltar lastres me refiero a que cuando eres teenager quieres acumular muchas experiencias, todo es nuevo y maravilloso. En cambio, cuando llegas a los 60 sigue habiendo cosas estupendas en tu vida, pero te das cuenta de que tienes que volver a la esencia de cuando eras un bebé. Es un viaje de 360º para volver a lo más puro y esencial.

En un repertorio tan extenso, ¿hay canciones que han cambiado de significado o que ha modificado para seguir cantándolas?

Si lo dices por el “contestastes” [de La fuerza del destino], que conste que lo corregí desde el primer momento. ¡Qué horror! En cuanto empecé a cantar en directo me di cuenta de que estaba mal dicho. Hay canciones que ya no canto porque no las siento, otras que recupero o dejo descansar; también hay algunas que las canto porque la gente las quiere escuchar, y luego están las que no han dejado de formar parte de mi vida nunca y disfruto cada día, como Hoy no me puedo levantar o Barco a Venus. Lo que sí procuro es cambiarles el vestuario o el maquillaje, darles una vida nueva.

Hoy Busco algo barato podría interpretarse como apología del consumo no sostenible.

¡No me digas que el low cost está demonizado! Para que veas lo poco al día que ando… Estoy a favor de una producción ecológica, sin duda, pero ¿no puede ser eso barato a la vez? Llegará a serlo, es lo que yo espero.

Dijo que hubo un momento en el que perdió el pudor a cantar algunos temas de Mecano.

Sobre todo al verso de “con bayonetas y con tetas” de [“Eungenio” Salvador] Dalí, una rima que me daba cierto pudor, pero que encajaba así. O la temática de Mujer contra mujer, no porque no estuviera al cien por cien de acuerdo con lo que contaba, sino por la reacción de la gente. Yo he visto cómo me tiraban tomates, pimientos y botellas… uy, y escupitajos también al principio. No era agradable encontrarte el teclado lleno de escupitajos. Tocábamos en lugares recónditos de España en los que el público aún no sabía comportarse. Eras como una atracción de feria y te lanzaban cosas. Se mofaban de nuestras pintas.

Se cumplen 20 años de Gira2, su tour con Miguel Bosé. ¿Fue cuando por fin se vio segura sobre el escenario sin Mecano?

No había girado sola nunca y habían pasado bastantes años desde la despedida de Mecano. Aparte de disfrutar muchísimo, supuso un gran aprendizaje ver a alguien con tantas tablas como Miguel. Yo las tenía, pero presentarme sola me provocaba inseguridad y él me ayudó muchísimo.

Amigos y residentes en México, es inevitable que le pregunté por Miguel Bosé…

Puede ser evitable…

¿Qué ha sentido estos últimos meses al escuchar su postura frente a la Covid-19?

Creo que cada uno es libre de pensar lo que quiera. Estoy completamente a favor de la libertad de opinión. Nos mantenemos en contacto y hablamos frecuentemente. Las informaciones de México eran de que la situación allí estaba fuera de control.

Como en todas partes del mundo, imagino. Ha pillado al país desprevenido y no se han tomado las medidas a tiempo. Se ha funcionado más con recomendaciones que con normativas. Al igual que en otros países de Latinoamérica, en México una gran parte vive de la economía sumergida y necesita salir de casa para seguir adelante. Debajo de mi casa, pasaban músicos callejeros por el bulevar y la gente les lanzaba monedas. ¡Cuídense, cuídense!, nos decían ellos. ¿Y ustedes?, pensaba yo al verles.

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