Completando mi deformación sentimental

Pues sí, al final he visto Oficial y Caballero. De todas las películas románticas que tendría que haber visionado para completar mi deformación sentimental, esta no la tenía en visto, o al menos no la recordaba. Tened en cuenta que es del ’82, y aunque soy más vieja que una playa, en esas fechas yo aún jugaba con muñecos y al pilla-pilla, no veía estas cosas, no fui tan precoz.

No es que me haya dado ahora por meterme a crítica de cine (ni en serio ni de guasa) ni quiera emular a Ángel Sanchidrián y sus “Sinopsis de cine”, porque no tendría el talento ni la gracia de Ángel ni que me quedara a estudiar por las noches, seamos sinceros, pero como una buena parte de nuestra formación sentimental y sexual (de mi generación y algunas posteriores) proviene del cine, pues hay que completar el catálogo de cositas que han ido metiendo información un poquito sesgada en nuestra cabeza sobre lo que es el sexo y el amor.

Algunas cosas sobre Oficial y caballero: resulta que sí la había visto, pero no me acordaba. La escenita de la fábrica, en la que se la lleva en brazos y la “rescata” de esa vida de obrera (que eso tiene otra lectura para mí que luego os explico) la hemos visto todos, y por eso no recordaba nada más, pero sí. Me gustó volverla a ver, a pesar de los clichés (bastantes menos, o al menos mejor llevados que en Top Gun) del chulazo con moto, sargento cabrón, y señores haciendo flexiones.

Más cosas que me gustaron. Por ejemplo, que al conocerse no se andan con tonterías de cenitas y paseítos de la mano por la playa pa mirar la luna. Aquí se fichan los unos a las otras y viceversa, se gustan, son jóvenes, se tienen ganas y se van a follar, que es estupendo y están en la edad. Luego, pues yo qué sé, de estas cosas a veces salen parejas y a veces no, pues como ahora. Pero yo agradezco profundamente que no me quieran vender “la historia de amor” en base a paseos y diálogos profundos, que eso vendrá después (o no, que alguno he conocido que de profundidad tenía lo que una lata de anchoas).

También me ha gustado la naturalidad con que se muestra el sexo, que no es nada pornográfico. En años posteriores vendrían la censura y la moralina de esas pelis donde la gente sale follando reliá en las sábanas, o aún peor, con el sujetador puesto… Que ya me dirás tú, si lo primero que hago yo cuando entro en casa es quitarme los arneses y los refajos (¡qué gusto!), no me lo voy a dejar puesto precisamente para follar, ¿no?. Pues eso.

Cosas que no me han gustado de la peli: el concepto “caballero andante que te rescata de tu miserable vida de obrera”. Yo veo el futuro de esa muchacha, recorriendo bases militares en medio de descampados, de una ciudad a otra, de un país a otro, viviendo en un permanente estado de “hacerse amiga de las madres del parque/mujeres de los otros oficiales”, y me da un ataque de ansiedad. O soy muy realista o del romanticismo (entendido así) ya estoy curada.

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