El día que Emilio Aragón, la mediática estrella televisiva de los 90, se dio cuenta de que no podía más y decidió cambiar de vida

Emilio Aragón es el payaso con más talento para el show business de la televisión y está de estreno. Payaso con mayúsculas. Payaso de los que hace reír con la boca y con el alma. Payaso de cuna, de familia payasa. Esa familia nómada que cruzó el charco cuando Emilio tenía 13 años y desembarcó en la España de la Transición.

Corría el año 77 cuando Gabi, Miliki y Fofó se encargaron de modernizar la televisión al grito de “¿Cómo están ustedes?” en el Gran Circo de TVE (que luego pasaría a ser Los payasos de la tele). Emilio, que tenía papel pero no voz, conseguía con sus muecas y la expresión de sus ojos que los niños se volvieran locos coreando su nombre para que saltara a la pista (“¡Milikito! ¡Milikito!”).

Cuatro años de acción y tablas que le enseñaron a hacer televisión aprovechando los elementos que hubiera: público, escenarios móviles y vida (algo que acabaría convirtiéndose en sello personal). Y de ahí a presentar Ni en vivo ni en directo, un programa que se coló de innovador y no gustó al público, pero fue nominado a un Emmy.

Cuenta Emilio Aragón que todavía tenía granos cuando Chicho Ibáñez Serrador le hizo un casting para el Un, dos, tres, pero lo vieron demasiado joven (aunque talentoso). Así que tuvo que esperar hasta VIP para dar el gran salto como presentador y director y colarse para siempre en la memoria televisiva de un país con su esmoquin negro y sus converse blancas. Fue el principio de la andadura junto a Daniel Écija, uno de sus grandes amigos y apoyos en la industria.

Tras dos años de VIP Noche, fichó por Antena 3 y revolucionó la forma de hacer televisión con El gran juego de la oca. Se cargó prácticamente la cuarta pared (solo hay que ver las introducciones del programa y toparse con cámaras y regidores que saludan familiarmente al espectador), creó escenarios que hasta entonces parecían imposibles, lo llenó todo de vida, música y color y se plantó frente a una audiencia a la que sonreía, con ojos redondos, cuando confesaba algún fallo en el programa. Sin corsé, sin pose, sin método aparente, pero con muchas tablas.

En 1993 funda Globomedia junto a Écija, productora responsable de adaptar espacios como ¡Qué me dices! o Caiga Quien Caiga y de series como Los Hombres de Paco, Aída, 7 vidas o Compañeros. Y en el 95, llega Médico de familia, la ficción que disparó la audiencia televisiva hasta el 43%.

Una publicación compartida de Publicidad Noventera (@publi_noventera)

Todo un país (con permiso de la Lourdes Cano de Farmacia de Guardia, que también se llevó buena parte del pastel de la época) siguió durante cinco años –y nueve temporadas- la historia de amor entre Nacho Martín (Emilio Aragón) y Alicia Soller (Lydia Bosch).

Éxito, fama, dinero… y problemas

El día que tuvo que parar el coche en el arcén mientras conducía porque le estaba dando un ataque de ansiedad, supo le pasaba factura el exceso de trabajo. Corría la tercera temporada de Médico de Familia y Emilio Aragón decidió tomarse un descanso. ¿Cómo? Marchándose con su familia a Boston. Ese período coincide con la sobreexposición a los medios que los llevó a vivir auténticas montas de guardia a la puerta de su casa mientras trataban de hacer una mudanza. “A la gente, ¿qué le importa la mesa que yo tengo en mi salón?”, reflexionaba años después en voz alta Aruca Fernández-Vega, la mujer de Emilio Aragón junto a la que ha tenido tres hijos, en una entrevista con Vanity Fair.

Y ese fue el principio de la retirada (del primer plano) de una familia que trató por todos los medios de preservar su intimidad. Desde entonces, algún que otro patinazo televisivo (Javier ya no vive solo, Casi perfectos, Los irrepetibles) y casi dos décadas dedicadas a la música, el cine y su vena más empresarial (desde el mundo de la moda a unos negocios vinícolas con los que salió tarifando).

Ahora Emilio Aragón ha vuelto. Estará al frente de B.S.O., un formato que pretende recuperar ese gran espectáculo homenajeando a conocidos personajes gracias a las canciones que han marcado su vida. Una superproducción de ocho episodios que volverá a colocarnos frente a un profesional, payaso donde los haya, capaz de mirarte con ojos redondos y hacerte reír.

Fuente: Leer Artículo Completo