El Festival de San Sebastian elige a su premiado más polémico: Johnny Depp

Dos semanas antes de que el Festival de San Sebastián anunciase la concesión de un Premio Donostia a Johnny Depp por ser "uno de los actores más talentosos y versátiles de la cinematografía contemporánea", el director de su última película, Andrew Levitas, lloraba en público la mala fortuna de haberse relacionado con el intérprete. En una carta abierta, Levitas, director de El fotógrafo de Minamata (protagonizada por el actor y que denuncia una de las mayores catástrofes contaminantes de la historia de Japón), contaba que un ejecutivo del estudio MGM había decidido "enterrar" la películas –que ni siquiera se ha estrenado como tal en Estados Unidos–, tras las últimas novedades en los juicios que enfrentaban y siguen enfrentando a Depp con su ex, la actriz Amber Heard.

Un enfrentamiento que hasta ahora ha conseguido que un tribunal británico considere lícito llamar "maltratador" a Depp por doce agresiones contra Heard. La estrategia legal de Depp de enfrentarse indirectamente a Heard (denunciando casi siempre a terceros) se volvió en su contra en ese caso, en el que el actor demandaba por difamación al tabloide The Sun, que contaba con pruebas y grabaciones de las agresiones. Aquel caso trajo consigo una consecuencia inmediata: Depp, que ejercía de villano en las precuelas de Harry Potter, dejó de serlo casi de forma automática.

No por decisión suya: el actor contó en sus redes que Warner le había más o menos exigido que dimitiese. Algo que finalmente sucedió, pero con una buena indemnización: más de ocho millones de euros, según Hollywood Reporter.Y lo que cueste su sustituto, Mads Mikkelsen.

Para Warner, es mejor eso que enfrentarse a una posible taquilla reacia a la presencia del astro. Con la complicidad de la autora original de la franquicia, J.K. Rowling, que fue la que en su momento más presionó para que Depp interpretase al mago malvado Grindenwald. Una elección que en 2017 no había sentado muy bien entre los fans de la saga y que obligó a la polémica autora a salir en defensa de Depp. Sin embargo, con la sentencia delante, Rowling no se opuso a la decisión de Warner.

Eso fue en noviembre de 2020, y desde entonces Depp ha emprendido una ofensiva judicial en varios frentes contra Heard. La última, llevar a juicio a una de las ONG a las que Heard prometió donar el dinero que consiguió tras su acuerdo de divorcio con Depp. Un juzgado de Nueva York ha obligado hace una semana a ACLU, la Asociación Estadounidense por las Libertades Civiles, a presentar sus cuentas para demostrar si Heard donó el dinero o no, pese a que la decisión de la actriz no era vinculante para el acuerdo de divorcio (Heard ni siquiera figura en este caso como parte demandada). Al mismo tiempo, Heard había presentado una demanda por valor de 100 millones de dólares contra su ex por "una campaña de difamación" destinada a que la actriz no formase parte del elenco de Aquaman 2, secuela de su último gran éxito en taquilla (del que ya hace meses se confirmó que formaría parte).

Por eso, la elección del festival de concederle un Premio Donostia se ha visto con extrañeza a ambos lados del Atlántico. Hasta el punto de que José Luis Rebordinos, director del mismo desde hace una década, ha tenido que emitir un comunicado a petición del Hollywood Reporter, donde justifica la presencia del actor el Kursaal el próximo 22 de septiembre aferrándose al principio de que hay que separar filmografía de persona, al contrario de lo que piensan MGM o Warner: “El papel de un festival de cine no es juzgar la conducta de los miembros de la industria cinematográfica".

Una frase especialmente desafortunada tras la sentencia a 23 años por violación y abusos sexuales a Harvey Weinstein (cuya conducta depredadora alumbró el movimiento #MeToo en Hollywood para acabar con la impunidad). Weinstein es indiscutiblemente el productor más relevante de los últimos 30 años. También es un monstruo.

Rebordinos también recordaba que, méritos aparte, el actor había visitado el pasado año –antes de la sentencia– el festival para presentar una cinta en la que participaba como productor. Algo que parece indicar que esta elección se había decidido desde hacía tiempo. Tampoco es la primera vez que el festival se relaciona con personas non gratas para una buena parte de la opinión pública: en 2020, escogió como cinta inaugural El festival de Rifkin, una película que Woody Allen rodó en verano de 2019 en San Sebastián a pie de concha, dejando de paso una buena retahíla de titulares en los que alternaba su cariño a Zinemaldia con su rechazo al #MeToo o las acusaciones de abusos de Dylan Farrow contra Allen.

Pero los motivos para premiar ahora al actor Johnny Depp –que, como tal, ahora mismo no tiene carrera– parecen de una insensibilidad bastante manifiesta con lo que se cuece en el resto de grandes sedes del cine. Que tratan, a marchas de forzadas, de corregir ese no juzgar las conductas de los miembros de su cultura y mirar hacia otro lado llamado pantalla mientras. en la vida real los abusos se sucedían con total impunidad. Los que más cerca estaban de ellos preferían seguir viendo películas.

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