Gata Cattana: la poeta y rapera andaluza que se adelantó a Rosalía y que tendría que haber triunfado como ella (pero murió antes de tiempo)

Era dos mujeres en una. Ana era la de la poesía que te llegaba como una caricia hasta enredarse en tus entrañas. Gata Cattana era la combativa. La del puñetazo en la boca en forma de palabras. Era dos mujeres en una. Era una mujer real. Con la herencia de su Córdoba natal pegada a la piel y el aire del Albaicín alborotándole el pelo. Y esos ojos tan verdes, tan llenos de preguntas, tan fieros de respuestas, con los que repasó cientos, miles de libros durante toda su vida. De los clásicos a las ciencias políticas, de Góngora y Quevedo (raperos donde los haya, según ella misma expresó) a Bécquer o Lorca, de la mitología a la historia. Ana, Gata Cattana, estaba llamada a marcar a una generación. La generación que se llevó por delante Rosalía.

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En sus inicios, los raperos decían que lo suyo era poesía. Los poetas, que se dedicara al rap. Ella hizo lo que quiso. Y funcionó. Culta, feminista, políticamente incorrecta y amante de los quejidos, descubrió en el rap la estancia perfecta en la que acomodar sus versos. Así, saltó de los torneos de poesía a la escena musical en solo dos años (de 2014 a 2016) y entonces autoeditó La escala de Mohs (noviembre de 2016), un poemario que vio la luz junto al EP Inéditas.

La comparación que más se acerca –hasta la fecha- a la sensación de ponerte frente a frente a la Gata, se la escuchamos a Guille Galván cuando dijo de ella que recitaba a toda velocidad, casi como un Correcaminos. Y que cuando querías darte cuenta había hecho un agujero en el suelo. Eso es lo que hacía Ana, cogía velocidad y su poesía te reventaba.

Las palabras de Guille Galván las escuchamos cuando se reeditó, de manera póstuma, su libro (igual que pasó con su disco Banzai). Porque Gata Cattana murió, murió jovencísima, con solo 26 años. Y ese talento, esa fusión, la voz más rompedora que habíamos escuchado en el rap femenino desde la Mala Rodríguez se quedó muda por un broncoespasmo severo.

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Es imposible leer a Ana y no imaginártela, no escucharla. Es imposible oír a Gata Cattana y no pensar en Rosalía y en todo ese espacio que ha sabido conquistar, esa supuesta apropiación cultural (que a la cordobesa también le achacaron) y ese poderío que ha amparado a una generación entera que se había quedado huérfana de voz.

Cuando la carrera de Gata Cattana despegó en 2016, de manera mutitudinaria (después de que la fichara Taste The Floor) seguimos viéndola sobre el escenario con sudaderas y zapatillas, con el pelo recogido y los labios rojos, mezclando flamenco y electrónica, buscando, encontrándose. Poco antes de su muerte –el 2 de marzo de 2017- la vimos en la Sala Sol. Y no hay nada mejor que podamos decir que aquí está el vídeo de una Gata a la que, al menos en nuestra memoria, nos faltan vidas para olvidar.

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