Hablamos con Xuan Lan, la reina del yoga, sobre el equilibrio, el bienestar y cómo (de verdad) utilizar la esterilla que tienes abandonada en el salón

Siguiendo este mantra, Xuan Lan, economista vietnamita nacida en París y residente en Barcelona, dejó atrás su trabajo como empleada de banca para ser instructora de yoga. Enseñó a los triunfitos durante dos años y en los últimos meses ha inspirado a miles de personas desde su casa. Asegura que ha merecido la pena por reunir a miles de personas practicando yoga a la vez y ha fundado una plataforma, XLY Studio Online, con vídeos y consejos para incorporar el yoga y la meditación en el día a día.

Mujerhoy. ¿Cuál es la clave de su éxito?

Xuan Lan. Soy una profesora entre miles, pero quizá destaco por mi presencia en los medios digitales y la televisión. Tengo más de medio millón de seguidores en Instagram y casi 1,3 millones en Youtube. Gracias a sus comentarios, creo contenidos adaptados a sus necesidades. Intento ofrecer lo mejor del yoga al mayor número posible de personas.

¿Es el yoga una moda o ha llegado para quedarse?

El público es cada vez más amplio. El yoga es una tendencia que no va a parar. En los últimos tiempos, todo el mundo se ha interesado por él, lo ha probado o lo ha adoptado como parte de su rutina. La situación sanitaria nos obliga a buscar nuevos hábitos de vida saludable. Y el yoga se ha instalado en nuestras vidas para quedarse. Ya no es algo alternativo.

La fortuna está al lado de quien se atreve”.

No sé si disfruta más enseñando yoga a los demás o practicando cuando nadie la ve…

Antes de dedicarme al yoga, practicaba seis días a la semana temprano, antes de ir a la oficina; ahora le dedico mucho más tiempo. Hago tres o cuatro sesiones por semana, tanto en centros como en “autopráctica”, en silencio, en casa. El resto del tiempo grabo vídeos. Eso sí, medito cada mañana con mi marido, un hábito casi más importante que las asanas [posturas]. Ahora, en las clases presenciales no podemos corregir físicamente a los alumnos y eso me quita una parte que me gusta. Y enseño también online: estoy sola ante la cámara, pero tengo a mis alumnos muy presentes.

Ha abierto recientemente su propia plataforma bajo suscripción. ¿Cómo funciona?

Es una plataforma online con más de 300 vídeos. Tiene una app para guardar tus clases favoritas y verlas offline cuándo y dónde quieras. Hay contenidos para todos los niveles y distintos tipos de meditaciones y estilos de yoga: hatha, vinyasa, ashtanga, restaurativo… Añado cuatro nuevas clases a la semana, organizo talleres, webinars, charlas… Tras 14 días de prueba gratuita, se paga una suscripción mensual de 14,99 € y el usuario disfruta de contenidos y vídeos de manera ilimitada.

¿Alguna vez imaginó que se convertiría en una autora best seller?

Edité mi primer libro, Mi diario de Yoga, en octubre de 2016. Se agotó en primavera y en junio sacamos una versión ampliada de este plan de cuatro semanas para integrar el yoga en tu día a día.

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Háblenos de sus orígenes, de su vida en París…

Mis padres son vietnamitas, se conocieron en Francia durante sus estudios superiores, pero por la guerra de Vietnam no regresaron. Mi hermana y yo tuvimos una infancia parisina, pero con la presión de la cultura asiática enfocada a los estudios y el respeto a la familia. No se hablaba de emociones, sino de matemáticas y buenas notas. Estudié economía y finanzas.

Ahora saborea el éxito, pero ¿por qué abandonó un trabajo seguro en la banca?

Tras unos años en el mismo departamento, contraté un coach para ayudarme a analizar mi carrera y ver cómo podía reenfocarla dentro de la organización. En este trabajo de reflexión, mi coach me preguntó si me había planteado trabajar en el sector del yoga, porque parecía ser una pasión que contribuía a mi equilibrio personal y profesional. Él plantó una semilla y años más tarde sentí que era el momento de dar un giro. Decidí dedicarme en cuerpo y alma y no me arrepiento. Con pasión, motivación y trabajo, las cosas suelen salir mejor.

¿Cómo fue su primera clase como usuaria?

En Nueva York. Un amigo me invitó a una clase y me gustó tanto que nos reuníamos cada semana. Él se convirtió en mi esposo. El yoga nos unió y hoy trabajamos para difundirlo.

Lleva 20 años en Barcelona. ¿Qué ventajas tiene esta ciudad que no tenga Nueva York?

Me fui a Nueva York tras acabar la universidad. Disfruté su intensidad, pero ahora me gusta el tamaño humano de Barcelona. El ritmo no es frenético, pero sí dinámico para crecer y tener retos. El mar, la montaña y el clima son inmejorables, y los amigos hacen que sea mi casa.

¿Cómo es practicar yoga en la Casa Batlló?

Decidí dar clases en la Casa Batlló, la Fundación Miró y el MACBA para apoyar la cultura y los museos. El arte es algo que sale del alma y el yoga nos reconecta con nuestras emociones.

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