La revolución de las vajillas: por qué los platos se han convertido en el elemento esencial de la decoración de tu casa y dónde encontrar los más bonitos made in Spain

Cada taza de La Cartuja de Sevilla pasa por no menos de 16 manos, hasta que las asas pegadas a mano, el dibujo y la curva que contendrá el café o el té están exactamente en su sitio. El proceso tiene 180 años y ha llevado las vajillas sevillanas a las alacenas familiares desde hace generaciones, convirtiéndolas en un recuerdo de infancia.

La cerámica vítrea de Staffrodshire, o loza fina, y sus variantes (loza opaca, semi-loza, loza volcánica) tuvieron gran éxito en España porque era barata y resistente. Así que Pickman pensó en fabricarla, en lugar de importarla. Trajo maquinaria de Inglaterra y comenzó a elaborar vajillas en serie y por encargo. Ideó una fórmula única que contenía cuarzo, arcilla y caolín. En la fábrica llegó a contar con 1.700 trabajadores, la mitad de ellos mujeres. Exportaba a Europa y a Latinoamérica. En 1871, Amadeo I de Saboya le otorgó el título de proveedor de la Casa Real y le nombró marqués de Pickman. La firma tiene hoy 70 trabajadores y está en Salteras, muy cerca de Sevilla.

MujerHoy. Es una aventura poco usual rescatar una firma centenaria de vajillas…

Ana Zapata. Es una marca que representa mucho para nosotros. Mi madre y mi abuela tenían las vajillas en la alacena y las utilizaban dos veces al año. Las sacaban y limpiaban con mimo. Mi familia y yo invertimos en diversos sectores y nos enteramos de la situación de La Cartuja, que estaba en un proceso concursal y podía desaparecer. Nos preguntamos cómo era posible, con la imagen de marca tan potente que tiene. Y llegamos a un acuerdo en 2016. Asumimos el personal y la unidad productiva. Queremos conservar su espíritu artesanal y, a partir de ahí, modernizarla.

¿Cómo se moderniza una marca que tiene 180 años?

Vamos a mantener intactos los diseños de toda la vida, los que más se venden: 202 Rosa, Ceilán, Flor de Lis… Pero hemos cerrado colaboraciones con diseñadores, como Aaron Stewart o Carmen García Huerta, para hacer vajillas contemporáneas. También hemos colaborado con el Museo Thyssen, para crear una vajilla basada en el cuadro El Jardín del Edén, y con Gastón y Daniela. Y hemos extraído motivos de nuestro enorme archivo histórico para hacer vajillas nuevas, como la Laberinto.

¿La loza es la misma?

Sí, prácticamente no ha variado la fórmula que diseñó Charles Pickman: son los mismos componentes y el mismo proceso, aunque optimizados. Hoy quedan pocos procesos similares por el nivel de artesanía que conlleva cada pieza. Se hace igual que hace 150 años.

¿Ha vuelto el gusto por las vajillas artesanales?

Esta marca pasa de generación en generación. Es verdad que se ha perdido lo de tener una vajilla de 57 piezas, porque la gente lleva otra vida y no tiene espacio. Por eso hacemos vajillas más pequeñas, hemos modernizado los diseños y se pueden meter en lavaplatos y microondas.

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