La vida de Carolina Monje siete meses después de la muerte de Álex Lequio: escapada a Tulum, yoga y un tierno recuerdo a su novio fallecido

El 13 de mayo de 2020 el corazón de media España se partió en dos al conocerse la muerte de Álex Lequio a los 27 años. El fallecimiento del único hijo de Ana Obregón y Alessandro Lequio dejaba a su padres rotos de dolor y a su pareja, Carolina Monje, sumida en una profunda tristeza. Todos recordamos las imágenes del funeral del joven en las que Ana buscaba el apoyo físico y emocional en la barcelonesa, la discreta mujer que hizo feliz a su amado hijo en el último año y medio de su vida.

Siempre en un segundo plano, Carolina nunca ha hablado para los medios y ha preferido mantenerse al margen para vivir su dolor en soledad. Casi siete meses después de la muerte de Aless, la diseñadora no olvida al que fue el gran amor de su vida y hace unas semanas subía a sus redes sociales una bonita foto cenando en Santorini (Grecia) junto al hijo de la actriz y bióloga. “Te amaré para siempre mi Puchum”, escribía junto a la instantánea dejándonos conocer cómo le llamaba de manera cariñosa. Unas palabras que demuestran que Carolina sigue adelante con su vida pero que siempre tiene muy presente en su corazón a Aless, como también nos ha dejado ver la propia Ana Obregón en su Instagram y el pasado 31 de diciembre con sus emotivas palabras durante la retransmisión de las Campanadas en TVE.

Pero esta no ha sido la única vez que Monje ha recordado al joven empresario. En agosto subía una fotografía de su perro, un mestizo que ella y Aless habían adoptado en 2019 y que ha supuesto una gran compañía para la joven en los momentos más duros estos últimos meses. “Hoy hace 1 añito desde el maravilloso día que te adoptamos. Gracias por tanto @bobypuchum Te queremos”, comentaba Carolina con varias fotografías del cachorrito -al que adoptaron en una protectora de Sant Cugat– entre las que había una de ella y Aless con la mascota.

Yoga, mar y meditación

Para dejar atrás el que sin duda habrá sido uno de los años más tristes, Carolina decidía hace unos días poner tierra de por medio y ponía rumbo a México. Concretamente, la empresaria está disfrutando de unas vacaciones al sol en la paradisíaca playa de Tulum, en la Riviera Maya. Allí se hospeda en el Nômade Tulum, un hotel holístico con espacios sostenibles que reflejan el espíritu del alojamiento que está rodeado de naturaleza en estado puro. El Nômade cuenta con cuatro estrellas y representa a la perfección la cultura maya a través de rituales sagrados de fuego, ceremonias de cacao y tratamientos curativos de los ancestros mayas, además de tener 38 habitaciones, 20 suites, cinco cabañas en árboles y hasta 36 tiendas de campaña de lujo con todas las comodidades y a unos pasos de las aguas turquesas del Mar Caribe.

Este paraíso cuenta además con la posibilidad de hacer yoga en plena naturaleza y tiene una sala a la que llaman de la gratitud en la que poder meditar y dar gracias en absoluto silencio, dos experiencias que probablemente llevará a cabo Carolina ya que es gran aficionada a la citada disciplina y a la meditación. De hecho, hace algo más de un mes, la que fuera novia de Álex Lequio viajaba a Ibiza junto a un grupo de amigos para llevar a cabo un retiro espiritual. En la isla pitiusa, donde también disfrutó de unos días de vacaciones en agosto, se alojaron en Alsen Villa, una de las propiedades más singulares de la isla construida en el tradicional estilo ibicenco en forma de cubo frente al sol, con más de mil metros cuadrados, una gran torre y ubicada en Cala Vadella, en el sureste de la isla y a la que se accede a pie. Allí, Carolina y sus amigos practicaron yoga durante varios días junto a un instructor, hicieron meditación y también pasearon por los alrededores de la casa haciendo senderismo.

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Una marca de ropa en buena compañía

Además de recibir el cariño y el apoyo de sus amigos y su familia en estos meses, Carolina, que vive en Barcelona, también se ha centrado en el trabajo. En octubre presentó la nueva colección de su firma de moda Carola Monje, marca online que creó durante el estado de alarma en marzo, y para la campaña de lanzamiento ha contado con tres buenas amigas: la chef e influencer Miri Pérez Cabrero, conocida por su participación en MasterChef, autora de un libro de recetas y que además es profesora de yoga; la también influencer y psicóloga Ares Aixala, y Sara Rodés, hija de Fernando Rodés Vila (59), que está considerado uno de los empresarios del mundo de la comunicación más poderosos, y que es Health Coach (además de ser vegana y yogui). La colección de Carolina abarca desde sencillos suéters, tops minimalistas o vestidos cómodos para el día a día y, siguiendo la estela de su pareja, siempre involucrado en causas sociales, el tres por ciento de cada compra se destina a una ONG (la Asociación Española Contra el Cáncer, SPAC y Greenpeace).

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Su abuela, pionera en la cirugía estética en España

Carolina Monje y Aless se conocieron a finales de 2018 pero su relación no se conoció hasta mediados de 2019 cuando fueron fotografiados disfrutando de unos días en la Costa Brava. Siempre discreta y huyendo de los flashes, Carola, como la llaman sus más allegados, es hija de Ferrán Monje, empresario del mundo hostelero que cuenta con establecimientos en la Costa Brava y en Ibiza, y de Virginia Vicario, una de las doctoras de medicina estética más conocidas de Barcelona. Su abuela materna, Josefina Vicario, es cirujana y una de las pioneras en el mundo de la cirugía estética fundadora de hasta cuatro centros en nuestro país. Tiene un hermano, Fernando, que ha participado en diferentes carreras de karts desde que tenía doce años tanto a nivel nacional como internacional. En 2009 daba el salto a la Fórmula Academy y a la F3 donde logró algunos triunfos, pero tras estudiar Derecho y Económicas decidió centrarse en su carrera en el sector inmobiliario.

Carolina estudió Dirección y Gestión de Empresas en la Universidad de Derby, en Reino Unido, y más tarde llevó a cabo un máster en Gestión Hostelera y Marcas de Lujo en la Escuela de Hostelería CMH de París. Hasta montar su propia empresa, la joven, que habla cinco idiomas, trabajó primero como recepcionista y luego como gerente de recepción en el hotel Convent de Begur, propiedad de su padre, y más tarde pasó a formar parte del equipo del hotel de cinco estrellas La Torre del Canónigo (en Ibiza y también de su progenitor), donde ha sido la directora general hasta hace unos meses.

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