Los Blesa, una familia que pasó del orgullo y la gloria al más absoluto anonimato

Cuando Miguel Blesa hizo el paseíllo de entrada a la basílica de San Lorenzo de El Escorial para acudir a la boda de Ana Aznar con Alejandro Agag era presidente del Monte de Piedad, entidad creada para atender las necesidades financieras de las familias con menos recursos. De caridad el invitado sabía algo, pues su madre había sido delegada de Manos Unidas en Jaén y colaboradora en diversas causas sociales. Era, además, una devota cristiana, como el padre, también de nombre Miguel, que fue presidente del Sindicato Vertical durante la dictadura franquista en Linares, localidad donde nació el banquero en 1947 y se crio junto a sus cuatro hermanos. Los Blesa eran una familia de postín, como la de María Jesús Portela, su primera mujer y del mismo pueblo.

Con ella hizo Blesa la caminata de aquella ceremonia en El Escorial. Ambos iban impecables para acudir a un evento al que asistió incluo el rey Juan Carlos I con la reina Sofía. Era septiembre de 2002 y la boda se convirtió en el escaparate del revival de derechas de la cultura del pelotazo y la beutiful people que trajeron los socialistas en los ochenta. Y los Blesa estaban allí, sonrientes y bronceados, y gracias a su amistad con el entonces presidente José María Aznar, con opciones a un papel, no sólo en las páginas salmón, sino también en las rosas.

Cuatro años después de esa imagen festiva y veraniega, Blesa compraba una mansión en Mashta Island, una de las franjas de tierra más cotizadas de Miami, donde tenía de vecinos a Brad Pitt, Jennifer López o la mismísma Cher. La casa – de más de 1.500 metros cuadrados, con cinco baños, una enorme piscina y un muelle con cinco amarres– costó más de 10 millones de dólares y la compró con fondos de Caja Madrid. Cuando el juez Elpidio Silva lo llamó para que diera explicaciones del agujero de más de 22.000 millones que tenía la entidad y le preguntó por la casa, Blesa explicó que lo había adquirido para organizar fiestas y reuniones relacionadas con el trabajo, a pesar de que su empresa, por ser una caja y no un banco, ni perseguía obtener dividendos ni se podía permitir dispendios de ese tipo.

Todo eso ocurría en 2013, el mismo año en que Portela desapareció de su vida para siempre para darle paso a Gema Gámez, una empleada de Caja Madrid 27 años más joven que Blesa con quien se celebró una boda en Las Jarillas a la que no acudió la hija del banquero, María Jesús Blesa Portela. Con su ausencia, la joven dejaba clara cuál era la relación que tenía con la nueva pareja de su padre, que salía con Gámez desde 2009. Lo que sí tuvieron que compartir fue el funeral de Blesa después de que se suicidara en la finca cordobesa de Puerta del Toro hace tres años.

Entre la hija y la viuda no hubo contacto ni tampoco roces por la herencia, pues las dos renunciaron a la misma para no hacer frente al posible pago de indemnizaciones a las víctimas de los tres juicios que Blesa dejó pendientes cuando murió: la ratificación de la condena de las tarjetas black, los sobresueldos de Caja Madrid y el caso de las preferentes de Bankia. Ahora se acaba de conocer la sentencia de la salida a bolsa de dicha entidad, que se ha saldado con la absolución de los 34 procesados, entre los que está Rodrigo Rato.

De ‘Cus’, como se conoce a la hija en la intimidad, sólo se sabe que sigue casada con Miguel Vallterra, abogado de la cadena de supermercados Carrefour y primo hermano del diputado de Vox Iván Espinosa de los Monteros. Ni rastro de Portela, que ya abandonó la escena pública cuando su marido inició una nueva vida junto a su nueva pareja. La viuda también siguió el mismo camino: aunque a ella le tocó una etapa de la vida de Blesa mucho más discreta y no posó ni acudió a actos públicos multitudinarios como el de la boda Aznar-Agag, una vez falleció su marido, se borró del mapa público del todo.

Ni siquiera vive en la casa a la que el matrimonio se mudó en El Plantío (Madrid), pues fue embargada. En ella, Gámez y Blesa practicaron un lujo más acorde con la situación judicial del exbanquero: no hacían ostentación, pero según se pudo saber por uno de las investigaciones judiciales realizadas a Blesa, a esa casa de más de 800 metros cuadrados llegaban tarrinas de caviar a 1.200 euros la unidad. Los viajes los hacían como dos anónimos pero en hoteles y transportes de alto standing: por la Costa Azul, Turquía y por supuesto Miami, además de acudir a múltiples cacerías, deporte que practicaban juntos.

Una familia marcada

Ese silencio también llegó a Linares, donde los Blesa pasaron de ser una familia cristiana, bien vista y ejemplar a resguardarse en casa. Los hermanos de Blesa, –María Dolores, Juan Manuel, María del Carmen y Ramón– nunca aparecieron en ningún medio ni hicieron ostentación de la carrera fulgurante del segundo de los chicos Blesa, pero se mostraron orgullosos de los logros del segundo de sus hermanos cuando algún periodista o en el propio pueblo les preguntaban. Tras la caída en desgracia, aumentaron el celo, sobre todo porque tras conocerse el escándalo de ls preferentes no era raro que algunos vecinos fectados por la estafa los abuchearan por la calle.

Pero no sólo las mujeres o los hermanos de Blesa han desaparecido de la escena pública, también su propio nombre ha quedado borrado de la tierra donde una vez creció y estudió y a la que, siendo ya un banquero con buena posición, ayudó con distintos préstamos y donaciones. Un ejemplo es el parque de Santa Margarita, que Blesa ayudó a remodelar con una aportación hecha desde Caja Madrid, y que ya no luce la placa de agradecimiento al banquero muerto. Tampoco el centro ocupacional para personas con discapacidad que se construyó gracias a una subvención de Caja Madrid luce ya el nombre de Miguel Blesa, que sólo consta en los sumarios de los juicios que aún tiene pendientes y en el panteón del cementerio de la Virgen de Linarejos, donde descansan sus cenizas junto a sus padres.

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