Mackenzie Bezos, la exmujer del fundador de Amazon que utiliza su gran fortuna para luchar contra la injusticia social

Cada persona tiene algo que puede ofrecer a los demás gracias a una infinita serie de influencias y golpes de suerte. Además de todas las cosas con las que me ha obsequiado la vida, tengo una cantidad desproporcionada de dinero para compartir. Mi acercamiento a la filantropía seguirá siendo considerado. Le dedicaré tiempo, esfuerzo y atención. Pero no pienso esperar. Y me emplearé a fondo hasta que la caja fuerte esté vacía”. En mayo de 2019, apenas un mes antes de finiquitar su multimillonario divorcio, MacKenzie Bezos confirmaba con estas palabras su intención de unirse al Giving Pledge, la iniciativa impulsada por Warren Buffett y Bill Gates por la que las mayores fortunas de Estados Unidos se comprometen a donar la mayor parte de su patrimonio.

La exmujer del fundador de Amazon Jeff Bezos, ya ha empezado a vaciar la caja. En enero, vendió 200.000 acciones de Amazon, valoradas, según Bloomberg, en 370 millones de dólares. Y en junio, anunció su primer proyecto en colaboración con Melinda Gates. Juntas impulsarán el Equality Can’t Wait Challenge [La igualdad no puede esperar], que busca apoyar el empoderamiento femenino financiando proyectos para “expandir el poder y la influencia femenina” en EE.UU. para 2030.

Además de todas las cosas con las que me ha obsequiado la vida, tengo una cantidad desproporcionada de dinero para compartir”.

Es solo el principio. Convertida en la segunda mujer más rica del mundo, con una fortuna de más de 61.000 millones de dólares, está preparada para ser una de las mayores filántropas de la historia. “Tiene experiencia, se lo toma en serio y se va a ocupar personalmente de que su labor se ejecute correctamente. Apoyará causas relacionadas con la justicia social, pero el foco estará más puesto en su actividad que en ella”, dice Kris Putnam-Wakerly, consultora en filantropía, asesora de grandes donantes norteamericanos y autora del libro Delusional altruism.

En realidad, siempre quiso ser novelista. De hecho, escribió su primer libro (The worm book) a los seis años, aunque el manuscrito de 142 páginas se perdió en una inundación. Después, estudió Literatura y Escritura Creativa en Princeton, donde fue pupila de la premio Nobel Toni Morrison. Cuando se mudó a Nueva York, el plan era escribir su primera novela mientras trabajaba como camarera o dependienta. Hasta que decidió buscar un empleo estable. Durante una entrevista en la firma de inversión D.E. Shaw, conoció a Jeff Bezos. Él era vicepresidente y ella aspiraba a un puesto de administrativa. Tras conseguir el trabajo y deslumbrada por el carisma y la “maravillosa risa” de Bezos, ella le invitó a comer. En un año, estaban casados.

Meses después, dejaron una vida acomodada en Nueva York para mudarse a Seattle, entonces meca de las puntocom. Bezos había tenido una idea de negocio: una tienda de libros on line. “Le dije a mi mujer que quería dejar mi trabajo y hacer aquella locura, aunque probablemente no funcionaría… MacKenzie me dijo que tenía que intentarlo”, explicó en 2010. En Seattle, ella fue contable de la empresa y ayudó a poner en pie la estructura de Amazon, mientras formaban una familia numerosa con tres hijos biológicos y una niña adoptada en China.

Y mientras Amazon se convertía en una de las empresas más importantes del mundo, ella cumplió su sueño y en 2005 publicó su primera novela: The testing of Luther Albright. Le costó 10 años escribirla. “El miedo y la vergüenza me hicieron terminarla. “Aspirante a escritora” no es un puesto de trabajo muy saludable para tu ego”, explicó en una ocasión. El esfuerzo tuvo recompensa: no fue un bestseller, pero recibió muy buenas críticas y un premio, el American Book Award de 2006. En 2013, publicó Traps, recibido con menor entusiasmo.

“Me tocó una especie de lotería y eso hace que mi vida sea maravillosa, pero no es eso lo que me define. Tuve unos padres fantásticos que creyeron en la educación y nunca dudaron que pudiera ser escritora, y tengo un marido al que amo. Eso es lo que me define”, contó MacKenzie en 2013 a Vogue. En la última década, solo ha concedido dos entrevistas: esa y otra en televisión. Aunque se ha dejado ver en alguna alfombra roja, su discreción es legendaria. Ella misma lo confesaba: “A Jeff le encanta conocer a gente, es muy social. Pero a mí las fiestas me ponen nerviosa”. En su cuenta de Twitter, en la que no sigue a nadie, hay un único tuit de mayo de 2019. “Agradecida de haber finalizado el proceso de disolver mi matrimonio con Jeff y deseando empezar una nueva etapa como amigos y co-educando a nuestros hijos”.

El acuerdo de divorcio le garantizó 19,7 millones de acciones de Amazon, valoradas en 36.000 millones de dólares.

La pareja había anunciado su separación de manera conjunta en enero de 2019. “Nos sentimos muy afortunados de habernos encontrado y muy agradecidos por todos los años que hemos estado casados”, dijeron en un comunicado, donde dejaron claro que llevaban un tiempo separados. Aunque medios como TMZ aseguraron que la relación del empresario con la periodista (y amiga del matrimonio) Lauren Sánchez empezó cuando ya vivían separados, el anuncio del divorcio llegó al tiempo que se destapaba el affaire. Pero la diplomacia con la que cerraron su unión también podría explicarse por lo mucho que había en juego. La fortuna de Bezos, que es el hombre más rico del mundo desde hace tres años, está estimada en casi 190.000 millones de dólares.

Sin acuerdo prematrimonial, a la escritora le podría haber correspondido la mitad del patrimonio de su ex. En cambio, ella decidió cederle el 75% de las acciones de Amazon que tenían en común y su derecho a voto en el consejo de administración. El acuerdo le garantizó 19,7 millones de acciones, valoradas entonces en 36.000 millones de dólares y que la convirtieron, automáticamente, en la vigesimosegunda mayor fortuna del planeta.

Solo un mes después de formalizar el divorcio, MacKenzie anunció que se sumaría al Giving Pledge. Su decisión fue aplaudida por su ex, aunque él no se ha unido a la iniciativa. El Giving Pledge no es un contrato vinculante, sino un “compromiso moral”, algo que despierta suspicacias y un gran escrutinio. “Hablamos de personas que tienen tanto dinero que la filantropía es su única opción. Además, donar la mitad de tu fortuna, cuando no para de crecer, es difícil de gestionar”, dice Putnam.

Melinda Gates o Priscilla Chan, esposa de Mark Zuckerberg, podrían ser sus referentes en la filantropía.

Ese también será su caso. “Lo primero, es tener claro qué causas quieres apoyar. Y no es fácil. Muchos empiezan financiando una variedad enorme de proyectos y es importante concentrarse en lo que les apasiona. Otra cosa fundamental es hablar con las organizaciones que gestionan esas ayudas y con las personas afectadas. Es esencial que sepan lo que ocurre sobre el terreno”, dice la experta.

Junto a su marido, MacKenzie ha financiado causas diferentes: desde la investigación contra el cáncer hasta becas universitarias para jóvenes indocumentados. La escritora también colabora desde hace años con Blue Meridian, que ayuda a familias que viven en la pobreza, y en 2014 fundó la ONG Bystander Revolution para luchar contra el bullying. Además, hace dos años ella y Jeff Bezos anunciaron la creación del fondo Day One Fund, dotado con 2.000 millones de dólares, para ayudar a personas sin hogar y fundar escuelas infantiles en barrios pobres. “No es una recién llegada a la filantropía. En este tipo de matrimonios es habitual que mientras él acapara la atención y triunfa con su empresa, ella se ocupe de pensar y ejecutar el trabajo filantrópico entre bambalinas”, explica Putnam.

Aunque hay muchas maneras de donar a organizaciones ya establecidas o colaborar con otras fundaciones, antes o después Bezos necesitará su propia organización. “Va a necesitar una infraestructura para apoyar su actividad y sus ideas, pero también para gestionar la comunicación. Cada vez le será más complicado mantenerse en un segundo plano”.

Tendrá varios referentes. “Melinda Gates, que tiene mucha experiencia, será su modelo a seguir, pero también puede tener otros ejemplos en Cari Tuna, mujer del fundador de Facebook Dustin Moskovitz, o Priscilla Chan, que haciendo muchas cosas a través de la Chan Zuckerberg Initiative”. Según Putnam, también podría estar dispuesta a entrar en el juego de las influencias políticas: “Ya lo ha hecho, cuando ella y su exmarido financiaron la campaña para aprobar el matrimonio igualitario en el estado de Washington. Además, en el actual escenario político, concentrarse en la igualdad de género y la justicia racial ya es una declaración política. Para propiciar un cambio real, los filántropos deben poner de manifiesto cuáles son las raíces de los grandes problemas. Y eso pasa por transitar ese área de influencia política”.

Sin embargo, puede que MacKenzie tenga más planes. Aunque, conociendo su alergia a los focos, probablemente solo los conoce ella. Según varios ejecutivos editoriales consultados por el New York Times, si escribiera unas memorias se convertirían en un bestseller… a la venta en Amazon. Porque en casa de los Bezos, todo queda en familia. Incluso después del divorcio más caro de la historia.

La otra señora Bezos

Anunciaron sus respectivas separaciones con 48 h. de diferencia. Unos días después, el National Enquirer destapaba la relación entre Jeff Bezos y la periodista Lauren Sánchez, tras seguirles durante meses y tener acceso a sus mensajes y fotos eróticas. Bezos acusó a la publicación de intento de extorsión. Y hasta la sombra de Donald Trump -amigo del editor del periódico y enemigo del fundador de Amazon– planeó sobre el culebrón. Desde entonces, la pareja se ha dejado ver por todo el mundo y se cree que podrían estar comprometidos. Sánchez estaba casada con un peso pesado de Hollywood, Patrick Whitesell, que gestiona las carreras de Ben Affleck o Dakota Johnson.

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