María Luisa Segoviano, hablamos con la magistrada que ha hecho historia en el Tribunal Supremo: "Ya es hora de que las mujeres despeguemos"

“Señores magistrados”. El letrero, en una bella caligrafía que no desentona con los frescos del techo, está pintado sobre las majestuosas puertas que dan acceso a la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Justo enfrente, junto a las ventanas desde las que se ve el patio de los naranjos del palacio de las Salesas, la magistrada María Luisa Segoviano dedica a la fotógrafa unos minutos de un agitado día de contacto con los medios de comunicación. Segoviano (Valladolid, 1950) es una de las mujeres (16 de 80 magistrados, en la actualidad) que han dejado anticuado ese letrero. Ella, además, se ha convertido esta semana en la primera mujer que preside una de las salas del alto tribunal, en su caso la Cuarta, de lo Social.

Ya es hora de que las mujeres despeguemos”.

Llegó al Supremo hace 14 años, tras una dilatada carrera vinculada a la jurisdicción laboral que inició en 1974. Primero fue secretaria de Magistratura de Trabajo. Luego ingresó en la judicatura y estuvo en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Bilbao. Fueron años difíciles: “La situación era dura; había una actividad de ETA muy dolorosa y la sociedad estaba muy crispada. Se notaba en el día a día”. Después, pasó por el Juzgado de lo Social de Valladolid y fue presidenta de sala en el Tribunal Superior de Castilla y León. Hasta que en 2006 entró en el Supremo.

Activa, independiente y preocupada por la igualdad, muchas de las sentencias que ha firmado en estos años han ido encaminadas a defenderla. Como la que exigía un canon reforzado de justificación para despedir a una mujer embarazada y con reducción de jornada por cuidado de niños y que provocó la reforma legislativa de 2019. O la que recientemente reconoce una relación laboral entre los riders y las plataformas para las que trabajan como repartidores.

Mujerhoy. Su padre fue juez y parece que la judicatura le viene de familia. ¿Nunca se planteó dedicarse a otra cosa?

María Luisa Segoviano. No, siempre me gustó, no me plantee que pudiera hacer otra cosa. Yo había asistido a algunos juicios y me resultaba muy interesante. Creo que estaba casi predestinada.

Su madre fue también una pionera, estudió Derecho.

En aquella época muy pocas mujeres estudiaban, en su clase había solo tres mujeres. Hoy tendría 100 años y siempre nos educó a sus hijas en el estudio y en la voluntad de trabajar, porque decía que una sola es independiente cuando lo es económicamente.

¿Qué es lo mejor y lo peor de su trabajo?

Lo mejor es que resuelves cuestiones que afectan a la vida de las personas, que influyen en sus condiciones de trabajo, de ocio, de seguridad… Lo peor es que, a veces, hay cuestiones procesales que impiden resolver un asunto como te gustaría. Y eso causa frustración.

¿De qué se siente más satisfecha en su carrera?

Cuando logras sacar adelante una sentencia que resuelve algo con lo que te sientes muy identificada. Somos un tribunal colegiado, cinco personas a votar, y cuando logras transmitir tu convencimiento resulta verdaderamente satisfactorio.

Haciendo balance, ¿en algún momento se planteó que llegaría a presidir una sala del Supremo, que sería la primera mujer en hacerlo?

Jamás se me pasó por la imaginación, ni en mis mejores sueños. Porque esto es una carrera de fondo y, como todo en la vida, tienes que estar en el momento preciso y en el lugar adecuado. Haber llegado al Tribunal Supremo, cumplir los requisitos que se exigen para presidir una sala y que te elijan son bastantes factores [Risas].

¿Siente que es un momento decisivo para las mujeres?

Creo que realmente es la hora de que las mujeres despeguemos, que no solo rompamos el techo de cristal sino también ese suelo pegajoso que nos tenía atadas y nos impedía desarrollarnos, aspirar. Porque en ocasiones no se aspira a ocupar determinados puestos. Se ha empezado a abrir camino y hay que seguir por él.

¿Por qué hay todavía tan pocas en la cúpula judicial, si el 53,9% de los jueces y magistrados son mujeres?

Hay varias cuestiones. Una, porque hemos accedido a la carrera en época relativamente reciente: hasta 1966 la ley prohibía a las mujeres ser jueces. La primera magistrada del Supremo fue designada en 2002, precisamente en la Sala Cuarta, que tiene composición paritaria. Además, para acceder a determinados puestos, se exigen méritos y es posible que muchas magistradas presenten objetivamente menos, porque precisan dedicación suplementaria. Y hay compañeras que tienen cierto miedo a competir porque piensan que no van a ser designadas, aunque lo cierto es que cada vez somos más las que nos decidimos.

No va a tardar la designación en el Supremo de un presidente… o una presidenta”.

¿Qué les dice a las que vienen detrás de usted?

A mis alumnas de Procesal siempre las animaba a no desperdiciar su capital de conocimientos y aptitudes, a que buscaran un trabajo acorde con su formación. Y a mis compañeras magistradas les digo que hay que tener ambición, aspiraciones, y tratar de cumplirlas.

¿Se siente, en cierta medida, un referente?

[Sonríe]. Bueno, no sé, quizá eso es excesivo. Pero por lo menos puede servir de acicate a otras mujeres para intentar conseguir lo que desean.

Este año, en la apertura del año judicial, pudimos ver por primera vez a dos mujeres, a usted y a Susana Polo.

Para mí fue emocionante, simbólico. Y creo que tiene que animar a otras mujeres, hacerles ver que no es imposible conseguirlo. Hay que tener ilusión, dedicar tiempo, trabajo duro y confiar en nuestra aptitud para desarrollar nuestra labor en idóneas condiciones.

¿Veremos pronto a una mujer en la presidencia del Tribunal Supremo?

Pues no sé lo que sucederá, tendremos que esperar [Sonríe]. Pero creo que no va a tardar mucho una resolución designando a un presidente… o a una presidenta. Veremos qué nos depara el futuro.

Dicen de usted que es generosa, valiente, independiente, feminista… ¿Qué piensa de esos adjetivos?

Me halaga, pero una no es objetiva. Siempre he intentado ponerme en el lugar de otro al analizar ciertas actividades, intentar empatizar, porque creo que es la mejor manera de resolver las cuestiones.

¿Y cómo se definiría entonces?

[Risas] Bueno… siempre he sido alegre, optimista y he procurado que las dificultades no me amarguen.

Es curioso que haya tenido que explicar que se considera feminista porque defiende la igualdad.

Es que con lo del feminismo siempre hay un punto de vista muy negativo, peyorativo, referido a personas irracionales, que atacan todo lo que hacen los hombres. En absoluto tengo esa posición. Yo defiendo la igualdad real. Y creo que hay que conseguirla.

Asegura que las decisiones que más le gustan son las que favorecen la igualdad. Y en su sala ha habido bastantes en ese sentido.

Sí, sí, ha habido muchas y en algunas he tenido la suerte de ser ponente. La Sala Cuarta puede estar muy orgullosa de su labor. Ha aplicado la perspectiva de género a la hora de enjuiciar y creo que es un paso adelante decisivo en la resolución de conflictos. Siempre se ha tratado, creo que con éxito, de llegar a la solución más acorde con la consecución de una igualdad real y efectiva. Habitualmente, son las mujeres quienes están en situación de desigualdad, pero hace poco hemos visto un asunto en el que los hombres eran discriminados.

Que sea una sala paritaria, ¿les hace tener especial sensibilidad en este sentido?

Creo que influye, no solo por el voto que podamos aportar las magistradas, sino porque va calando la consideración de que hay que conseguir la igualdad real y efectiva. La Sala Cuarta es un lugar privilegiado para aplicar normas en este sentido.

El vértigo aparecerá cuando los ERTES finalicen. Y quizá habrá una mayor incidencia en las trabajadoras”.

Uno de principales retos que tendrán que afrontar a partir de ahora serán las causas laborales vinculadas a la pandemia, como los ERTEs o los asuntos relacionados con el teletrabajo, que quizá afecten más a las mujeres.

Es cierto que las actividades más afectadas por los ERTEs, la hostelería y el turismo, cuentan con una mano de obra femenina muy importante. Los ERTEs todavía están vigentes, pero el vértigo aparecerá cuando finalicen: si la empresa va a poder seguir con su actividad, si no podrá hacerlo, el desempleo que eso va a generar… Quizá si habrá más incidencia en las trabajadoras.

Y en los casos relacionados con el teletrabajo, ¿se preservan por igual los derechos de todos los trabajadores?

En teoría, la norma se tiene que aplicar de la misma manera. El teletrabajo es un logro, pero tiene algún peligro. Y lo veo más para las trabajadoras, porque hay una innata tentación de ocuparte de la casa y los niños mientras teletrabajas. Un estudio de la Universidad de Alcalá de Henares, que apareció en un voto particular del Tribunal Constitucional, decía que hay más bajas de corta duración en las trabajadoras porque realizan una doble actividad: la profesional y el cuidado de la familia. Es cierto que los hombres se están corresponsabilizando en la asunción de cargas familiares, pero en ese camino no se ha llegado al final.

Usted defiende que la justicia debería ser más inteligible. ¿Debería ser también más empática, estar más cerca de la realidad?

Sí, sí, es un tema del que no nos hemos ocupado suficiente. No basta con hacer el trabajo bien, hay que hacerlo comprensible. Tenemos un lenguaje poco comprensible, poco cercano al ciudadano. Sin perder rigor, se puede intentar que las resoluciones sean más comprensibles. Que el destinatario no tenga que preguntar a su abogado por qué le dan la razón o se la quitan. Tienes que tener más empatía y acercamiento a la ciudadanía.

¿Qué piensa cuando, desde algunos sectores, se dice que la justicia está alejada del mundo real?

Creo que es cierto: no somos buenos comunicadores ni embajadores de la función que realizamos. Primero, porque hay una dificultad que aumenta cada día: el enorme número de asuntos, que hace muy difícil dar respuesta en un plazo razonable. La Sala Cuarta tiene 7.000 asuntos pendientes y somos 13 magistrados. Contamos con el apoyo de un fuerte gabinete técnico, los letrados de la Administración de Justicia, el Ministerio Fiscal, los funcionarios… pero es una carga ingente. Por muchas horas que dediquemos, nos desborda. Y habría que explicar que la justicia no dicta resoluciones irracionales, siempre las motiva.

La situación actual, en la que la judicatura aparece en los medios de comunicación casi a diario, ¿entorpece esa labor?

Creo que confunde. A veces la ciudadanía no tiene muy claro qué es realmente el poder judicial, la labor de jueces y tribunales, y qué es el órgano de gobierno de los jueces. No se termina de ver claro dónde acaba una cosa y empieza la otra y qué quiere decir el ruido que hay sobre la renovación del Consejo General del Poder Judicial.

¿Y qué opina respecto a esa renovación?

Sobre eso, prefiero no pronunciarme.

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