María Scicolone, la hermana de Sofía Loren que escandalizó a una nación

El día de su boda, María Scicolone tenía 23 años, era bonita y aspiraba a ser una artista tan reputada como su hermana, Sofía Loren. Fue el 3 de marzo de 1962 y la diva, de solo 27 años, ya tenía en su poder el Oscar por su papel en Dos mujeres.

Debía ser un día feliz para María, pero las imágenes del Archivio Luce —fondo histórico documental italiano— muestran a la novia entrando en el templo cabizbaja, como si quisiera desaparecer tras el pomposo velo. La boda era un escándalo: se casaba con Romano, un hombre 11 años mayor y el cuarto de los cinco hijos de Benito Mussolini, asesinado por los partisanos cuando intentaba huir a Suiza 17 años atrás.

Entre aquel día histórico y esa boda no había pasado suficiente tiempo para que se cerraran las heridas de la Segunda Guerra Mundial y del fascismo, pero la Loren, más curtida que su hermana ante los medios —su boda en 1957 con Carlo Ponti había sido anulada por estar aún casado con su primera esposa— entró en la basílica de Predappio, localidad de nacimiento de il Duce, como si pisara una alfombra roja. Bellísima y controlando las emociones, se acercó a su cuñado y le acarició la cara. Parecía que lo bendijera, pero en realidad no le gustaba. Como contó la periodista Silvana Giacobini en una biografía sobre la diva, sus reservas no eran por el apellido: “Le parecía un mujeriego, superficial y débil de carácter”. La protagonista de Matrimonio a la italiana tardó años en reconocerlo, pero sobre aquel enlace acabó diciendo: “Fue un circo”.

Con el tiempo, también María relató el desastre: “Él llegó tarde, fue el momento más embarazoso de mi vida. No supe qué hacer. Yo llevaba un vestido exagerado, no sabía cómo irme. Y sudaba, sudaba… Me sentía muy fea porque el dolor me puso muy fea”. Así empezaba la pequeña de las hijas de Romilda Villani suvida conyugal con un señor a quien conoció en los estudios de Cinecittà tras volver de acompañar a su hermana en una gira por Hollywood, en la que ella, cantante, presumió de haber cantado junto a Frank Sinatra y Lauren Bacall en una fiesta en casa de John Wayne. El matrimonio duró cuatro años marcados por las ausencias del marido, a quien además del trabajo —era pianista de jazz— lo alejaban de casa sus amantes. “Los hombres de mi familia han sido hombres ausentes”, declaró la hija mayor del aludido, Alessandra Mussolini. Con esa frase, la sobrina favorita de Sofía recordaba a sus abuelas, pues si Romilda luchó para que el padre de sus hijas las reconociera, la mujer de Benito, Rachele Guidi, asumió desde el inicio que él se dedicara a la patria y a las más de 600 queridas que le atribuyen distintos historiadores. María, que tras Alessandra tuvo a Elisabetta —notaria y alejada de focos y polémicas—, también hizo la vista gorda. Una anécdota lo confirma: ella, que llevaba el pelo rubio y largo, se tiñó de morena el día que vio un cabello largo y oscuro en la ropa de su esposo. “Si volvía a ver un pelo negro, podría ser mío y tendría el corazón en paz”. Pero no fue así, pues Romano empezó a convivir con la rubísima actriz Clara Puccini estando aún casado con María. Con ella compartió vida hasta su muerte, en 2006, y tuvo a Rachele (1974), su tercera hija. Loque sí hizo María fue sacar algún partido de su familia política escribiendo A tavola con il Duce —En la mesa con el Duce—, con recetas de su suegra —a quien le dedicó esas páginas— y anécdotas de los Mussolini, incluido el dictador, aunque nunca conoció a su suegro. En 1971 Romano la dejó: “Pensé que me moría, acabé en el hospital”, contó en sus memorias La mia casa è piena di specchi —Mi casa está llena de espejos—, que tuvo una versión televisiva donde Loren interpretó a la madre de ambas. La separación legal llegó en 1976, cuando se aprobó el divorcio en Italia, pero aquel ingreso hospitalario fue bueno para ella: conoció a Abdoul Majid Tamiz, cardiólogo iraní con quien aún vive y que le dio, esta vez sí, paz a su corazón.

MUSSOLINI IS BACK: Del fascismo a Berlusconi

Sofía Loren nunca habla de política, pero su sobrina favorita, Alessandra Mussolini, fue diputada de Alleanza Nazionale hasta que su formación se fusionó con la Forza Italia de Silvio Berlusconi. Como servidora pública, demostró su talante y su talento para la polémica. “Mejor ser fascista que maricón”, le gritó a un candidato transexual en un debate. Alessandra, que fue modelo en su juventud, se dedica ahora al show business —ha participado en el equivalente italiano de Mira quién baila— y es quien ha contado a la prensa más detalles de su familia. “Cuando mi padre me presentó a mi hermanastra, fue una traición”, contó sobre Rachele, la hija que tuvo Romano con Clara Puccini. Con ella se enfrentó en las municipales de 2006, pero ninguna logró colar el apellido Mussolini en el Ayuntamiento de Roma.


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