Quién es Dominic Cummings, el asesor ‘faltón’ de Boris Johnson acusado de saltarse el confinamiento

Boris Johnson ha perdido hoy a uno de sus principales aliados: los tabloides. El Mail preguntaba a sus lectores "en qué planeta viven" Johnson y los miembros de su Gobierno. El Mirror directamente llamaba al primer ministro "cobarde". La culpa la tiene el apoyo de Johnson a su principal asesor político, Dominc Cummings, acusado con bastantes pruebas de haberse saltado el confinamiento estando convaleciente del coronavirus, para irse a cientos de kilómetros de Londres. La crisis de esa acusación, publicada este fin de semana, desembocó en… un apoyo sin condiciones ("ni disculpas ni explicaciones", señalaba el Telegraph, la patria de tinta durante muchos años del Johnson columnista) por parte de Johnson, que hoy se ha vuelto en contra tanto del primer ministro como de su ministro de confianza, Michael Gove, descubridor de Cummings. Y que amenaza por hacer lo que la pandemia no ha conseguido por sí sola en el Reino Unido: abrir una brecha entre los diputados y el Gobierno tory. Al cierre de este artículo, Cummings tenía pendiente comparecer frente a los medios para hacer una declaración.

¿Quién es Cummings y por qué le cae mal a todo el mundo? (I)

"Mantened la distancia social". La provocación de Dominic Cummings a los periodistas que le rodeaban esta mañana (algunos le han contestado al grito de "hipócrita") ha sido el enésimo ejemplo de su personalidad rebelde, y su constante show político. El nombre le sonará famliar a los que vieran la película Brexit, protagonizada por un irreconocible Benedict Cumberbatch en el papel de Cummings. Y en la que se contaba cómo el excéntrico asesor se había convertido en el artífice de la campaña del sí al Brexit que pilló a todo el mundo –incluido el primer ministro de entonces, David Cameron– por sorpresa: "recupera el control". Su victoria era la de un niño terrible de la política, un outsider (no se le conoce carné político) en la época de los asesores glorificados. Un, dependiendo de cómo lo miremos, Iván Redondo o un Steve Bannon.

¿Qué ha pasado?

Cummings y su mujer, Mary Wakefield, rompieron la cuarentena para viajar desde Londres hasta Durham, donde está la granja del padre del asesor. Son 400 kilómetros de distancia, que hicieron con su hijo de cuatro años, y pese a que se sabía que Cummings podía estar enfermo de coronavirus. La periodista Wakefield contaba en The Spectactor lo mal que lo pasó su marido, el miedo a quedar incapacitados ambos y que nadie pudiese ocuparse de su hijo. Lo que no revelaba Wakefield y sí una investigación conjunta del Guardian y el Mirror, es que se habían saltado todas las normas de confinamiento para viajar hasta la granja de los abuelos en busca de ese apoyo para el niño. La policía tiene pruebas de su presencia en Durham, y en Downing Street se habían negado a informar a los medios de dónde estaba pasando Cummings el confinamiento.

La respuesta de Boris Johnson a estas informaciones ha sido que "ha hecho lo que habría hecho cualquier padre".

¿De dónde sale Cummings y por qué le cae mal a todo el mundo (II)?

"¿Por qué no mantenéis la distancia social?". La pregunta, en tono de provocación, no es el primer encontronazo que Cummings mantiene con los periodistas. Desde que Johnson llegase al poder, sus ruedas de prensa han sido tan delirantes y ariscas como cabría esperar. Y su relación con los tories tampoco es muy buena. Su cercanía al Gobierno empezó en 2007, como asesor del entonces ministro de Educación, Michael Gove. Y en sus tres años como escudero de Gove consiguió crearse unos cuántos enemigos. Incluído el propio primer ministro Cameron, que le llamó "psicópata profesional".

En su carrera como consultor se ha retirado en varias ocasiones, casi siempre a la granja de Durham (que su padre adquirió con el dinero que hizo como ingeniero de plataformas petrolíferas). Se retiró de los tories, se retiró de la consultoría financiera y, cada vez que ha vuelto, es porque siempre le han ido a buscar (La última vez lo hicieron los dos políticos tories que sí querían el brexit: Gove y Johnson, ya con la gran mayoría de este último en las urnas). Y siempre lo ha hecho con una condición: poder ser Cummings, con sus escasas filias (las ciencias y la tecnología) y sus numerosas fobias.

Cummings odia a los reporteros a pie de calle, a los burócratas, a casi todos los ministros que tuvo Cameron–a los que insultaba alegramente en público–, y el odio que tiene por todas estas figuras apenas es una fracción del odio que le tiene a Europa. Odiaba a Cameron, odió a Theresa May, odia a básicamente a todo el personal público que le ayuda en su principal tarea (entre otras cosas, sacar adelante el Brexit) y tampoco se está aferrando a ningún puesto dorado: odia la idea de trabajar dentro del Gobierno y su intención era permanecer lo justo en su puesto cercano a Johnson para conseguir sacar adelante su misión sagrada (arreglar el desaguisado que la campaña que él ganó había provocado, con la precipitada salida de Inglaterra de la Unión).

Su desprecio manifiesto a las instituciones se vio tras esa campaña: el Parlamento llamó a declarar a Cummings en su comisión de investigación sobre el Brexit (entre otras cosas porque Cummings se había saltado los límites de gasto con una contabilidad creativa y una de las campañas que mejor uso ha hecho de Internet en Reino Unido o en cualquier país), y el asesor decidió que tenía mejores cosas que hacer que contestar a las preguntas de los representantes de la voluntad del pueblo.

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