Royal Albert Hall: 150 años como sinónimo del glamour inglés

Pocos edificios son tan emblemáticos. Pocos condensan tan bien la historia de la sociedad inglesa como lo hace el Royal Albert Hall, que ayer cumplió 150 años. Por él ha pasado toda la realeza inglesa y buena parte de los royals más destacados de todo el mundo. Sin embargo, y pese a su ubicación en una de las zonas más caras de Londres (en South Kensington, entre Hyde Park y el Victoria & Albert Museum) no fue un recinto concebido para la élite, sino todo lo contrario. La idea partió del príncipe Alberto, marido de la reina Victoria, después de la Exposición Universal de Londres en 1851 (de la que también fue artífice). Quería crear “un espacio igualitario, donde la gente de clase baja pudiese aprender de artes, política, ciencia o historia”, explica en una entrevista con la agencia EFE el director ejecutivo del Royal Albert Hall, Craig Hassall. Pero el príncipe murió en 1861, diez años antes de que se inaugurase el edificio.

El Royal Albert Hall forma parte de Albertópolis, acaso el conjunto arquitectónico más representativo del Londres victoriano. Un lugar en South Kensington en el que se concentran buena parte de las instituciones museísticas y educativas con más renombre de Londres. Un barrio que respira ilustración. Pero no siempre fue así. Hasta mediados del siglo XIX no era más que un campo en donde se vendían frutas y hortalizas. Hasta que llegó la Exposición Universal de 1851 para cambiarlo todo. El boom inmobiliario comenzó a partir de la década siguiente. En él se levantan hoy tótems como el Victoria & Albert Museum, el museo de artes decorativas más grande del mundo.

El Royal Albert Hall (RAH), con su planta ovalada, es probablemente la silueta más identificativa de Albertópolis. En él ganó Massiel el Festival de Eurovisión de 1968 con el mítico La la la. En él han tocado Frank Sinatra, Bob Dylan, Elton John, Eric Clapton, Coldplay, Oasis, innumerables bandas de rock, orquestas de música clásica, óperas como Carmen o Madame Butterfly y, por supuesto, los Rolling Stones, sus satánicas majestades, que incluso llegaron a compartir velada con The Beatles en 1963, en una noche para la posteridad.

Pero para majestades, los royals que han estado ligados a su historia, desde el momento de su fundación pero también a lo largo de toda su historia. Los conciertos de Navidad a los que acudía de niña la actual reina Isabel II (entonces princesa) junto a su hermana, la princesa Margarita (asidua del RAH), y la Reina Madre. O los numerosos conciertos a los que acudió Diana Spencer, antes y después de convertirse en la princesa de Gales.

El RAH es ese edificio de Londres que ha conseguido congregar a la realeza y al pueblo, a los rockeros y a los devotos de Verdi, como estandarte de la música y del arte en su carácter más universal.




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