Tráfico de información, insultos, amenazas, golpes y un cuchillo en la terrorífica convivencia de Rocío Carrasco con su hija: “Esa cara de ángel se transformaba en un demonio”

Desde Telecinco ya se advertía de que nos enfrentábamos al episodio más trágico del documental ‘Rocío Carrasco. Contar la verdad para seguir viva’, y así ha sido. El relato de su convivencia con su hija Rocío Flores ha sido espeluznante, más terrorífico de lo que nos podíamos imaginar. El efecto del devastador relato de la hija de Rocío Jurado se ha multiplicado, si eso es posible, debido a las apariciones de Rocío Flores en el programa de Ana Rosa Quintana, desafiantes y faltas de empatía, según las expertas que se reunieron anoche alrededor de Carlota Corredera para tratar de contextualizar tanta violencia y tanto dolor. Ahora entendemos por qué Rocío Carrasco insistía tanto en recalcar que su hija es víctima, como ella misma, de su padre, Antonio David Flores.

Los actos de Rocío Flores, los que su madre quiso contar, porque 11 minutos del documental han sido eliminados por su violencia, son terribles. Terribles. Como la misma Carlota Corredera aclaró al comienzo del programa, nada sabremos de cuántas veces Rocío golpeó la cabeza de su madre contra la pared, de las múltiples lesiones o de las horas previas al ingreso en el hospital de Rocío Carrasco. El absoluto drama y la seriedad del tema tratado anoche hizo posible la mejor decisión que pudo tomar la productora del programa, además de eliminar la violencia extrema: no invitar a comentaristas más preocupados por el show televisivo que por servir a la causa que ‘Rocío Carrasco. Contar la verdad para seguir viva’ pone sobre la mesa.

La hija de Rocío Jurado comenzó esta nueva entrega del documental orquestado por Telecinco con una justificación: “De nada te sirve tener la verdad si no se te escucha”. Lo que siguió a continuación fue difícil de escuchar, pues la crudeza de los insultos de la hija hacia la madre es grande: desde «Eres una puta» hasta «Has querido meter a mi padre en la cárcel» o «Le has arruinado la vida a mi padre». El miedo de Rocío Carrasco, primero a Antonio David Flores y luego al mismo Antonio David Flores a través de su hija, fue creciendo hasta convertirse en terror. Cuando llegaba la fecha en la que le tocaban los quince días con niños, Rocío Carrasco sufría ataques de pánico, angustia, vómitos. “Me aterrorizaba cuando los niños venían a casa”, confesó.

«A mi hija le habían dicho que su hermano estaba enfermo por mi culpa«, relató Rocío Carrasco en este durísimo episodio de su documental. «En una ocasión en que me vio atendiendo al niño, mi hija empezó a gritarme mientras el niño trataba de meterse en medio, porque no podía ver que su hermana me faltara al respeto. ‘Ahora sí que te preocupas, pero el niño está enfermo por tu culpa, que me lo ha dicho mi padre’, me dijo. ‘Tú fumabas y bebías durante el embarazo porque no querías tener a mi hermano‘. Luego, cuando ella me veía llorando, me soltaba: ‘Ya me decía mi padre que te ibas a hacer la víctima e ibas a llorar’. El día a día lo vivía atemorizada».

La retahíla de increpaciones era continua. «Mi hija me decía de todo», reveló Rocío Carrasco. «Hija de puta, puta, zorra. Que nunca la había querido, que nunca la había atendido, que no la llevaba al médico, que no me preocupaba por sus estudios». Si la castigaba en su cuarto, Rocío Flores le contestaba: «Al cuarto se va a ir tu puta madre, que está enterrada». Una situación insoportable, que tenía a la hija de Rocío Jurado medicada con tranquilizantes. «Para entenderlo hay que vivirlo. No son así las 24 horas del día, existen momentos buenos. Intentaba aprovechar esos momentos porque nacía de mí atusarle el pelo, acariciarla, meterle el pelo detrás de la oreja… Ella me decía: no me toques«.

Esos breves momentos de conexión madre-hija eran peligrosos para la pequeña Rocío. «En el momento en que sucedían y ella veía que iba a ser capaz de mostrar algún sentimiento de cariño, reaccionaba con más agresividad todavía. No podía permitirse a sí misma tener ningún tipo de sentimiento bueno para conmigo, porque entones no iba a ser aceptada en la casa de su padre, que era lo que más quería. Ella tenía que ir siempre a aquella casa con información. Con algún tipo de dato. Con algún tipo de hecho». Una noche, Rocío Carrasco encontró a Rocío Flores recabando, efectivamente, información. «Escuché un ruido por la noche. Me levanté y encontré a mi hija en mi despacho haciendo fotos a documentos«. Para llevárselos a Antonio David Flores, claro.

Hubo anoche dos momentos especialmente dramáticos por los que Rocío Carrasco pasó de puntillas. En un momento del documental, desveló que su hija amenazaba con autolesionarse, no sabemos si por el sufrimiento psicológico que su hija sufría debido a la tensión y a la manipulación de Antonio David Flores o también para achacarle ese daño a su madre. Y casi al final, cuando narró lo que consideró necesario de la paliza por la que un juez condenaría a Rocío Flores, hizo referencia a un ataque con cuchillo. Eso no consta en su declaración judicial para proteger a su hija de unas consecuencias legales peores de las que sufrió.

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Una (@cf.rociocarrasco)

«En una ocasión, escucho que está pegándole voces al niño. Me acerco y empieza a increparme: ‘Que sepas que en septiembre a esta casa no me trae ni un juez ni tu padre ni tu madre que están bajo tierra, maltratadora. El niño comenzó a decirle: ‘A a mamá no, a mamá no’. La saqué del dormitorioa antes de que se encara de nuevo con el niño y empezó a decirme: ‘Venga pégame, Rocíito. No tienes huevos para pegarme‘. Y se me echaba encima. Hay un agresión que ella me hace con un cuchillo. En menores dije que había sido sin intención, porque no queria ser la culpable de que le cayeran más cosas».

«Una de las veces, ella está fumando dentro de la habitación», continúa el relato de Rocío Carrasco. «Entré y le reñí por fumar y por hacerlo en la habitación. Entonces, me mira fijamente, pega una calada al cigarro y lo apaga en el colchón. Y me dice: ‘La próxima vez quemo la casa contigo dentro’«. En un momento especialmente dramático, Rocío Carrasco habla de su hija, Rocío Flores, con pánico. «Porque era una belleza rubia con unos ojos azules maravillosos, guapísima. Y, de repente, esa cara de ángel se transformaba en un demonio».

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