¿Cambiará el coronavirus nuestra forma de vestir? Esto es lo que dicen los expertos

Si nuestras vidas ya no van a ser como eran antes, nuestra forma de vestir tampoco. Dos meses en chándal y zapatillas nos tiene que pasar factura y, queramos o no, algo ha cambiado en nuestra relación con la ropa. Y con la forma de comprar. Pero ahora que empezamos a salir a la calle (y a intentar vestirnos como personas normales), nos preguntamos si volveremos a vestir como antes del coronavirus o algo se ha roto para siempre. “Llevábamos un tiempo quejándonos del actual ritmo frenético de los ciclos de moda. Esto ha sido la puntilla para levantar el pie del acelerador”, asegura Anitta Ruiz, asesora de imagen.

Todos los expertos coinciden en que, después de cada crisis, hay un giro en el sector. Un click. Un cambio en la forma de pensar. “Las crisis son un detonante para la necesidad de soñar y para la autodeterminación del individuo. De la misma manera que en el periodo de postguerra del siglo pasado los lápices labiales de color rojo y las medias de cristal fueron una leyenda de supervivencia, ahora la manera en que nos arreglaremos será importante”, asegura la diseñadora Ana Locking. ¿Pero hacia dónde irán los tiros? ¿Exceso o minimalismo? Anitta Ruiz opina que volveremos a la ‘austeridad’ que ha seguido a crisis anteriores. “Tras las de los 70 (OPEP) o los 90 (Colapso de la URSS) volvieron a triunfar los looks de colores básicos y tejidos naturales. Mientras que en los 70 se apostó por looks muy ‘pegados a la madre tierra’ (después de la vanguardia plasticosa de los 60) en los 90 volvimos al minimalismo después de unos excéntricos años 80”.

Lo que es evidente es que en esta nueva era postcoronavirus la ropa va a adquirir un valor emocional extra. Vamos a apegarnos a las prendas que nos hagan sentir bien. El diseñador Roberto Verino lo explica muy bien. “El consumidor buscará un componente emocional en sus prendas, que signifiquen algo más allá que un signo de estatus, que sean más que una pieza para verse bien, también querrán sentirse bien con ellas. Estamos hablando de prendas hechas con dedicación, cariño y respeto por el mundo. Prendas que nos cuentan cosas, que nos explican un proceso y que tienen detrás el trabajo de un oficio de moda que es patrimonio cultural. La moda cada vez es más libre, sin imponer más tendencia que el ser tú mismo y expresarte. Prendas que nos arropan en todos los sentidos y que nos definen por encima de todos como seres humanos.”

En esta misma línea opinan Mercedes y Elena Zubizarreta, cofundadoras de Zubi: “En Zubi siempre apostamos por ponernos a nosotras como baremo de marca. Esta época nos ha hecho buscar de nuevo en el armario prendas con las que no solo nos sintiéramos bien a nivel comodidad, sino que además nos levantaran el ánimo, o con las que tuviéramos una conexión especial. Esto es lo que buscamos nosotras y nos gustaría que nuestros clientes buscasen lo mismo, cosa que creemos que es así, la verdad”.

También el estilista José Herrera. “Somos más conscientes de la moda sostenible (más calidad y menos prendas) y por supuesto pensar en el planeta. El tiempo que hemos estado en casa nos ha hecho darnos cuenta tambien de que no necesitamos tantas cosas. Debemos apostar mas por el made in Spain y trabajar más con nuestras fabricas y nuestro producto nacional. En tiempos de crisis afloran muy buenas ideas y mucha creatividad”.

Pero hay un factor que va más allá de lo sentimental y que importa igual o más: el dinero. La realidad es que el presupuesto de la mayoría para gastar en moda es cada vez más escaso. Según Anitta Ruiz, “vamos a tardar en volver a consumir como lo hacíamos antes de la crisis. Primero por la recesión económica fuerte que viene y luego por el cambio de prioridades”. Algo en lo que concide Ana Locking. “Será un momento también en el que los clientes tendrán un dinero limitado y quiero creer que ello les llevará a comprar de manera mas responsable, con mas cuidado, en vez de comprar más barato. Las marcas de creador estamos mas comprometidas con el comercio justo, con la protección de los trabajadores y con el uso responsable de materiales mas ecológicos que las grandes corporaciones. Mi interés actual está más ligado a un consumo sensato de la moda cuya durabilidad sea a largo plazo, prendas atemporales, en las que la sofisticación siga estando presente”.

Gemma Cano, autora del blog ‘Shopping Philoosphy’ también hace referencia a la forma en la que compraremos en esta nueva normalidad que nos espera. “Los últimos meses nos han marcado a todos de alguna manera. En cuanto al mundo de la moda, de un día para otro, el clásico “¿Qué me pongo?” pasó a un segundo plano. Además de tener otras preocupaciones más acuciantes, de repente nuestros compromisos sociales se esfumaron. Sin embargo, con la “nueva normalidad”, podremos recuperar esa pasión y darnos un merecido premio después de estos meses de confinamiento. Ahora más que nunca valoraremos todo aquello que dábamos por sentado. Pero en general creo que seremos más comedidos, meditaremos con calma cada compra, buscaremos los mejores descuentos y no nos saldremos del presupuesto fijado, para estar preparados ante la crisis económica que nos espera.

¿Y las mascarillas? ¿Cambiarán las reglas del juego? Anitta Ruiz tiene claro que sí: “Durante varios meses las mascarillas van a estar presentes en nuestros estilismos, por lo que lo más probable es que rebajemos la carga de accesorios de nuestros looks. Es complicado llevar pendientes o collares con una mascarilla. Además ya estamos empezando a ver muchas personalizadas, lo que hará que esa sea la pieza central de nuestro outfit”. Según José Herrera “la mascarilla es el nuevo complemento de moda y los diseñadores empiezan a lanzar algunas súper originales e incluso a juego con bolsos”.

Entones, ¿cómo vestiremos depués de la crisis del coronavirus? “Todos somos conscientes de que este virus va a cambiar las normas y la forma que tenemos de ver las cosas a la hora de vestirnos y consumir”, asegura José Herrera. Ana Locking lo resume así: “Apuesto por un estilo emocionalmente inteligente, que se deleite en la sofisticación al tiempo que en la confortabilidad, sin hacernos anhelar comprar constantemente y en la necesidad incontenible de poseer”. El tiempo dirá si tiene o no razón.

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