Carolina de Mónaco: los pendientes más bonitos de la princesa

Carolina de Mónaco se ha ganado a pulso ser considerada uno de los mayores iconos de estilo de nuestra era. La princesa, hija mayor de Rainiero III de Mónaco y Grace Kelly, que sigue demostrando a sus 64 años que lleva la moda en las venas, ha transformado su estilo en numerosas ocasiones desde los años 70 hasta la actualidad sabiendo adaptar no únicamente las tendencias de cada década, sino siendo capaz de adelantarse a fórmulas, estilos o prendas que triunfarían años después. Sin ir más lejos, en el último año hemos presenciado el regreso de los bañadores favoritos de Carolina de Mónaco, también de las alpargatas más cómodas que lució la princesa e, incluso, la vuelta del pañuelo a la cabeza de la misma forma que lo lucía en su juventud.

Bucear en el archivo estilístico de Carolina de Mónaco siempre resulta inspirador. La combinación del glamour hollywoodiense heredado de su madre y de la monarquía monegasca de la royal lograron que se convirtiera en toda una musa para Karl Lagerfeld y en la mejor embajadora de la maison francesa, así como en todo un referente para otras firmas. Asimismo, Carolina siempre ha sido experta en el juego de contrastes entre sus estilismos casuales y los más formales, dominando a la perfección ambos campos. Sin embargo, algo tenían siempre en común y es que Carolina de Mónaco se declaró una completa adepta de los pendientes. Carolina parecía conocer todas las claves y es que, los pendientes ocuparon un lugar privilegiado en su exclusivo joyero, muy por encima de collares, anillos o tiaras.

La princesa hizo de diferentes pendientes (habitualmente maximalistas) la clave de sus estilismos de noche, demostrando que esta joya tiene la capacidad de transformar un look por completo y elevarlo. Repasamos los 15 pares de pendientes más destacados de Carolina de Mónaco que, a día de hoy, siguen siendo toda una inspiración en materia de joyas:

Unos de sus pendientes más atrevidos (pero también favorecedores) fueron los que lució en 1986, con forma de lunas y cayendo en cascada, que combinaban a la perfección con el vestido de apliques joya.

Con motivo de un evento de noche en Mónaco en 1989, la princesa Carolina optaba por unos pendientes de grandes aros de oro con diamantes, que combinaban a la perfección con la torera bordada, y a los que daba todo el protagonismo luciendo el pelo hacia atrás con efecto mojado.

Para el desfile de primavera verano 1985 de Chanel, Carolina de Mónaco optó por un look muy acorde con el ADN de la casa francesa, luciendo unos pendientes de perlas enmarcardos en un aro dorado, una estética que triunfó en los años 80.

Para la gala de la Cruz Roja de 1989 Carolina elegía un llamativo vestido turquesa que combinaría con unos pendientes a juego.

Los pendientes que combinan una estructura dorada y añaden una clásica perla son, probablemente, los favoritos de las que más saben de moda a día de hoy. Como no podía ser de otra manera, Carolina de Mónaco ya lució esta fórmula con unos pendientes que añadían una perla en forma de lágrima a una estructura muy arty de oro.

Los aros dorados son siempre un acierto. Carolina de Mónaco optaba por unos algo anchos y sin el cierre acabado, una opción mucho más elegante.

Una vez más, Carolina elegía pendientes a juego con un vestido rojo asimétrico que lucía con un recogido.

Carolina de Mónaco acudía a un desfile de Christian Dior en 1986 en Mónaco con unos pendientes bicolores en forma de lágrimas.

La princesa acudía al Baile de la Rosa de 1983 con unos pendientes en cascada con dos tiras de joyas a conjunto con el collar.

La mejor forma de elevar un vestido negro, tal y como hacía Carolina, pasa por añadir unos pendientes que aporten un toque de color.

La princesa lucía en 1983 unos pendientes algo más discretos con forma de corazón con el centro verde.

En 2004, Carolina de Mónaco sorprendía con unos pendientes y un collar de inspiración egipcia en oro.

Con motivo de la gala anual de la Cruz Roja, la princesa Carolina de Mónaco optaba por unos pendientes de brillantes con forma de flor a juego con un collar y un maquillaje en tonos lilas.

La princesa acudía a Versalles con unos pendientes largos en los que se combinaban varias formas y colores. Una joya capaz de protagonizar cualquier estilismo.

Para la visita de los príncipes de Gales en 1988, Carolina de Mónaco eligió unos pendientes de entramados de oro de bastante longitud, por lo que evitó llevar collar y prefirió darles todo el protagonismo.

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