Collares de cuentas, amuletos, pendientes de aro y broches fantasía: doña Sofía, una reina fan de la bisutería y las joyas no ‘royals’

La reina Sofía le confesó a Pilar Urbano que, aunque las usó en su juventud, llegó un momento en el que renunció a llevar pieles. En otra de las conversaciones que mantuvieron en Zarzuela durante la elaboración de los libros La reina(Plaza&Janés) y La reina muy de cerca (Planeta) la periodista tuvo ocasión de conocer numerosos detalles acerca de los gustos personales de la consorte, como su particular pasión por lo que ella misma denomina "las pulseritas de piedras duras". De hecho, las prefiere a las joyas reales. "Si las ha llevado, ha sido, naturalmente, por protocolo", relata Urbano en este reportaje. "Me contó que las diademas hay que ponérselas cuando hay que ponérselas. ‘Pero si no yo ’ y me enseñaba el brazo lleno de pulseras con piedrecitas. ‘Baratijas’, me decía”.

En efecto, la imagen de doña Sofía en actos de día -o durante su veraneo en Palma de Mallorca- con las muñecas profusamente adornadas con pulseras de cuentas y varias medallas es habitual. Tanto como la de la madre del rey Felipe con alguna de las tiaras de la familia real española.


Esas "pulseritas de piedras duras" tienen lógicamente un significado especial para ella, pero no solo sentimental. Doña Sofía es muy aficionada a las que lleva el denominado Ojo Turco, un amuleto contra el mal de ojo originario de Grecia y Turquía. La reina madre posee multitud de pulseras y colgantes con este talismán en el que también confía su hermana, Irene de Grecia.

Supersticiones aparte, lo cierto es que doña Sofía tiene un gusto muy particular en lo que a joyas se refiere. Igual que su peinado se ha mantenido invariable en las últimas décadas, o que gracias entre otros a Valentino su aspecto en traje de gala ha sido sencillamente imponente, parece que la reina se ha servido de sus alhajas personales –que incluyen vistosos broches de fantasía adquiridos en diferentes ediciones de Nuevo Futuro– o su querida Cruz de Calatrava –de la joyera mallorquina Isabel Guarch– para construir su estilo personal, más relajado cuando el protocolo es también más laxo. Así, no es extraño encontrar imágenes de la década de los ochenta en las que doña Sofía luce llamativos pendientes de aro, en consonancia con las tendencias de moda de la época.

En los últimos tiempos, alejada de actos que le obliguen a desempolvar las tiaras o La Peregrina, doña Sofía puede pues dedicarse a atesorar y lucir sus piezas favoritas. Esas "baratijas" que muestra con tanto orgullo. Le traen recuerdos… Y le protegen de las malas energías.

Fuente: Leer Artículo Completo