La verdadera jugada maestra de ‘Gambito de dama’ es su vestuario: guiños al tablero de ajedrez, homenajes a Courrèges y referencias a Prada

Gabriele Binder es la mujer detrás de los exquisitos estilismos de la serie más comentada del momento: Gambito de dama. La producción de Netflix ha batido récords dentro de la propia plataforma y ha conseguido más de 62 millones de espectadores en los 28 días posteriores a su lanzamiento, convirtiéndose en la miniserie guionizada más vista de la compañía en su historia. Las razones son múltiples, al margen de las circunstancias actuales que han hecho que las plataformas de streaming hayan experimentado un gran auge: la trama, el carisma de la actriz principal, Anya Taylor-Joy, que interpreta de forma sobresaliente a la maestra del ajedrez Beth Harmon, pero también su vestuario.

Artífice del vestuario de icónicas películas como La pasión de Darkly Noon (1996), la cinta de Angelina Jolie En tierra de Sangre y Miel (2011) o La sombra del pasado (2018), Binder ha conseguido con su último trabajo el que quizás sea el mayor éxito de su carrera hasta el momento.

Para concebir el guardarropa de la virtuosa del tablero, la figurinista Gabriele Binder tomó como base el libro que inspira la serie, la novela homónima escrita por Walter Tevis en 1983. Pero también echó la vista atrás para conseguir conectar sus creaciones con el mundo del ajedrez y además reflejar las diferentes cuestiones en las que profundiza la serie: las adicciones, la obsesión, el feminismo o la propia identidad. Así, Binder ha convertido a una niña con vestuario y uniforme de orfanato en una mujer de éxito gracias a su ropa, que refleja a la perfección la evolución personal de Beth Harmon.

Si los looks de su infancia están marcados por uniformes que dejan claro que Beth es una niña de orfanato, al salir de este cuando aún es una niña, el imaginario de su ropa demuestra que no es consciente de lo que lleva hasta que las burlas no comienzan. Tal y como apunta la cuenta de Instagram Diet Prada, esa estética recuerda en gran medida a los cánones de Prada, su reinterpretación de los años sesenta y . la idea de situar en el centro de todo a la mujer y su empoderamiento, sin dejar de lado la feminidad. En el universo de Miuccia, las combinaciones de colores son diferentes a lo establecido, como los primeros estilismos post-orfanato de Beth.

La transición de Beth de niña a mujer de éxito sucede de forma gradual y queda reflejada por medio de sus cambios estilísticos. Los uniformes de su infancia siguen presentes durante toda la miniserie en forma de faldas tableadas y diseños estampados. Con la sobriedad y la elegancia de los estilismos creados para la protagonista, Binder quiere comunicar que Beth es una mujer que merece ser tomada en serio.

En un brillante gesto de dirección de vestuario, su obsesión por el ajedrez se extrapola a elecciones de prendas de cuadros de todo tipo como guiño al tablero de juego. Siempre intentando emular lo que sucede dentro del personaje, inundó de cuadrículas el guardarropa. Ese tipo de estampado, según explica, refleja el matiz del juego en sí mismo gracias a sus contrastes, una sensación que no se podría conseguir con un estampado floral, por ejemplo. Unas veces más sutil que otras y en ocasiones representando el tablero con la dualidad blanco-negro en los conjuntos.

El influyente diseñador de los sesenta André Courrèges y sus creaciones parisinas que influenciaron el estilo de toda una década también juegan un papel muy importante a la hora de definir el vestuario de la serie. Para Binder, sus siluetas rectas y elegantes casan idóneamente con la personalidad de Beth. Courrèges sirve para demostrar la valía de Beth, su paso de niña a mujer consciente y elegante y para, de alguna forma, aportarle el respeto y la importancia que merece en un mundo de hombres.

Además de estas referencias a los tableros y a Courrèges, se entremezcla el estilo de actrices icónicas de los cincuenta y sesenta como Jean Seberg y Edie Sedgwick; la primera para inspirarse en la imagen de la ‘forastera’ y la segunda como el perfecto ejemplo neoyorquino. Es mediante el vestuario de otros personajes, como el de Benny Watts, interpretado por Thomas Brodie-Sangster, como también queda reflejado el movimiento de contracultura que invadió Estados Unidos en los sesenta, sin llegar a ser hippie.

La imagen de la obsesión de Beth con el ajedrez y su recurrencia en sus deliberadas elecciones estilísticas se redobla en la batalla final en Moscú, a la que Beth llega con un abrigo vintage firmado, según cree el equipo de expertos de la serie, por el mismo Courrèges en los sesenta. Elegante y atemporal, pero con toques especiales que marcan la diferencia y denotan sofisticación y poder.

Las referencias y alusiones al tablero de juego toman otra forma que cambia de forma drástica al final, con el último estilismo teñido de blanco por completo: “La idea, por supuesto, es transmitir que ya es la reina del tablero de ajedrez y que ese tablero en sí mismo es el mundo”, explicaba Gabriele Binder en la citada entrevista. La dualidad entre la mujer de éxito y la niña de orfanato se puede ver hasta las últimas escenas, cuando el vestido de la última partida coincide en color con los de su infancia (el gris es el color de su hogar, según Binder).


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